Juntas somos poderosas

El conato del Gobierno del Partido Popular para reformar la ley del aborto hasta convertirlo en delito ha unido a las mujeres bajo el lema 'Yo decido'. Nueve meses de lucha han reforzado al movimiento feminista, que ha logrado gran visibilidad y nuevos apoyos.
Lisboa. Fotografía: MAF.
Lisboa. Fotografía: MAF.

“No hemos encontrado el consenso suficiente para sacarlo adelante”. El pasado 23 de septiembre, el presidente Mariano Rajoy retiraba la reforma del aborto. El entrecomillado fue la explicación oficial del Gobierno, que dejaba en la cuneta la conocida como Ley Gallardón, en referencia a su impulsor. Con la iniciativa también se despidió del cargo Alberto Ruiz Gallardón, que abandonaba la política activa por la puerta trasera; con la cabeza gacha, sabedor de la victoria feminista; consciente de que la unidad había cambiado de bando.

La amenaza de una nueva legislación mucho más restrictiva que la vigente (la Ley orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, aprobada por el Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero) estuvo en el aire desde el inicio de la legislatura popular, allá por el lejano 2011. Pero no fue hasta el 20 de diciembre de 2013 cuando el Consejo de Ministros previo a las vacaciones navideñas aprobó el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección del Concebido y los Derechos de la Embarazada. La normativa pretendía convertir al aborto en un delito, eliminando incluso la malformación del feto como supuesto para abortar.

“Se ha reunificado el movimiento, algo que el Gobierno no esperaba”, apunta sin dudarlo Pilar Barrientos, feminista extremeña que en el año 87 fundó la Asociación de Mujeres Separadas, Divorciadas y Maltratadas. “Nos hemos movilizado y hemos tomado la palabra. Es uno de los hechos más importantes”, subraya por su parte otra histórica del movimiento, Justa Montero. La sensación se repite: “Muchas mujeres que estaban en la retaguardia y sin militancia activa han vuelto”, reconoce Tere Maldonado, de FeministAlde!

La batalla fue larga y duró, precisamente, lo que dura un embarazo. Nueve meses en los que los movimientos de mujeres orquestaron una gran respuesta que sumó adhesiones fuera de las fronteras del estado. Las manifestaciones en diferentes capitales europeas y ciudades latinoamericanas no sentaron bien en Moncloa, donde comprobaban atónitos cómo mermaba su imagen en el exterior: “El Gobierno siempre ha dado mucha importancia a la opinión pública en el extranjero. Que recibiéramos solidaridad desde todos los países ha sido un aliento”, indica Montero, de la Coordinadora Feminista.

“El movimiento tiene un capital acumulado muy fuerte y se orquestó una respuesta a través de los discursos y las movilizaciones. Teníamos un trabajo de base importante que ha sumado muchas adhesiones”, añade esta activista. Nueve meses de lucha en las calles, de argumentaciones, de creación de alianzas… de empoderamiento feminista. Analizado con distancia, todas las personas consultadas se enorgullecen del trabajo realizado, de la respuesta ofrecida y del fortalecimiento demostrado.

“Denunciamos la lamentable argumentación decimonónica que enfatiza como único derecho de la mujer el de la maternidad sin libre elección. Afirmamos, por el contrario, nuestro derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas y no de acuerdo a un prototipo de feminidad que discrimina a las mujeres. Denunciamos la arbitrariedad en el manejo y uso del concepto ‘derechos’ y que la aceptación de los derechos humanos de las mujeres es incompatible con su regulación en el código penal. Afirmamos que donde hay ‘derechos’ no hay ‘supuestos’ y que el ejercicio de un derecho no es punible”. Son algunos de los puntos del manifiesto al que se sumaron más de 400 asociaciones de mujeres de diversa índole y objetivos, de procedencia geográfica muy dispar. Todas se unieron por una causa común.

“El intento ha tenido el efecto de unión y empoderamiento”, añade desde Badajoz Barrientos. La búsqueda de acciones, la creación de redes de trabajo, las nuevas adhesiones y la argumentación de su postura son constantes que ha nutrido al feminismo. “Siempre que se toma parte de un debate público te cargas de argumentos y te activas intelectualmente”, aporta Maldonado desde Euskadi.

Un tren en la calle

El derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, uno de los pilares fundamentales de la lucha de las mujeres por la igualdad en todo el mundo, volvió a empujar a miles de mujeres a calles. Yo decido, gritaban todas juntas. “El feminismo siempre ha estado trabajando, pero cada una dentro de su parcela, de su comunidad o de su localidad. El Ministro nos unió contra lo que no queríamos ninguna”, apunta desde Gijón Begoña Piñero, portavoz de la Tertulia Feminista Les Comadres, nacida en 1986. La Ley Gallardón les empujó, junto a la asociación de Mujeres por la Igualdad de Barredos, en tren hacia Madrid.

Lo llamaron Tren de la Libertad. Y decenas de organizaciones se subieron al carro, que tuvo paradas en puntos tan distantes como Ecuador, Argentina, París, Edimburgo y Lisboa, y un largo etcétera que engloba todas las estaciones del Estado español. El dibujo de una locomotora y sus vagones violetas se ha convertido en la imagen de la lucha, concentrada el 1 de febrero en la capital, última parada del ferrocarril. Aquel día el clamor de miles de personas fue unánime: Gallardón, dimisión o nosotras parimos, nosotras decidimos fueron algunos de los gritos más repetidos.

Begoña calla unos segundos durante la entrevista y su silencio filtra emoción. “Lo viví de una manera pero cuando veo la película y lo que realmente ha supuesto….”, apunta con la voz entrecortada. Su iniciativa, su propuesta, su trabajo, y las decenas de miles de personas que se sumaron a él, dieron como resultado el documental Tren de la Libertad, rodado por mujeres de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (Cima), que se ha visionado en decenas de localidades y pueblos pequeños en los que el feminismo carecía hasta ahora de presencia.

Junto a las mujeres que lucharon hace años a favor del aborto, muchas jóvenes se han sumado a la lucha y han enriquecido a los colectivos con nuevas propuestas. “La pelea callejera es dura, pero hemos visto caras que hacía tiempo que no estaban y también otras nuevas”, confirma Tere Maldonado. La portavoz de la Tertulia Feminista Les Comadres añade que en las diversas manifestaciones, sobre todo la de aquel 1 de febrero, se ha visto a mucha gente que no tenía nada que ver con el feminismo, “pero que están cansadas de que el Gobierno les recorte los derechos civiles conquistados”.

Navalmoral de la Mata (Cáceres) Fotografía: MAM.
Navalmoral de la Mata (Cáceres) Fotografía: MAM.

Espacio en los medios

“Esto nos puso en el punto de mira”, señala Begoña Piñero desde la floristería que regenta. “El feminismo siempre ha sido un movimiento muy trabajador, pero parece que luce poco todo lo que hacemos. Ahora hemos entendido que juntas somos poderosas”, dice convencida. Lo cierto es que le costó encontrar el eco mediático de sus acciones pasadas para documentar la película, apenas un recorte del año 2010: “Sólo salían temas de mujeres por violaciones, asesinatos o malos tratos. Lo que no queda reflejado no consta para la historia. Por eso nos alegramos del documental, porque eso no nos lo va a poder quitar nadie”. 24 años necesitaron las feministas de Gijón para ser tenidas en cuenta en la prensa. Ahora son imparables.

La lucha feminista ha trascendido los otros medios para colarse también en los tradicionales, que han entendido que la voz de las mujeres y sus reivindicaciones deben tener cobertura y ser transmitidas a toda la sociedad. Incluso las revistas más frívolas, dedicadas a las cuestiones del corazón y los cánones de belleza, han comenzado a hablar de feminismo en el último año. “Todo esto nos ha reactivado, nos han lanzado un búmeran que al final les ha dado en el ojo”, ejemplifica Tere Maldonado.

 La división de la derecha

“Lo único que me da es asco”, ha subrayado recientemente el exministro de Justicia, al ser preguntado sobre la retirada de su reforma. Hasta el último momento, Alberto Ruiz Gallardón mantuvo que se trataba del anteproyecto “del Gobierno de España”, que impulsó “de acuerdo con la doctrina del Partido Popular”. Mientras el feminismo ha salido fortalecido, sus palabras esconden sin embargo la escisión que ha provocado el asunto en la derecha, especialmente en el seno del PP.

Primero simularon unidad interna, más tarde el propio presidente Mariano Rajoy pidió un perfil bajo para no agitar a la sociedad, después exigieron disciplina de voto, y finalmente, cuando la fuga de críticas ya era incontestable, relativizaron las discrepancias. Ni aun así. Las fisuras internas de la formación en el Gobierno han manado gota a gota a lo largo de todos estos meses.

El presidente de Extremadura, José Antonio Monago, fue uno de los “primeros espada” que más temprano rompió filas: “Nadie puede obligar a nadie a ser madre”, aseguró en su discurso institucional de fin de 2013. Por aquellas fechas, el presidente popular de Gipuzkoa, Borja Sémper, dijo no entender que “un estado se meta en la vida de las personas hasta el punto de imposibilitar la toma de decisiones sobre su propia vida”.

La discusión comenzaba a descontrolarse y Rajoy pidió expresamente a sus políticos evitar discordias públicas. Pero no le escuchó, no le entendió o sencillamente no le hizo caso su líder regional en Cantabria, Ignacio Diego, que apenas unas horas después tachó la propuesta de “mejorable”. Tampoco el barón del PP en Galicia, Alberto Núñez Feijoo, quien matizó ante los micrófonos unas ambiguas declaraciones anteriores: “No me gustaría que haya personas en España que crucen una frontera para realizar actos que en mi país no se admiten”.

Días después de la masiva llegada del Tren de la Libertad a Madrid, el PP acudió dubitativo al Congreso de los Diputados; debía debatir una proposición para derogar el anteproyecto. Salió reforzado tras una votación en bloque que dejaba lugar a muy pocas dudas… hasta que se le preguntó a la vicepresidenta primera del Congreso, Celia Villalobos. ¿Es real la unanimidad del PP? “Por supuesto que no”. Los meses siguientes prolongaron la falta de armonía de los conservadores y la agonía de la Ley Gallardón. “La actual coyuntura exige estar más cohesionados que nunca”, así justificó el Partido Popular su marcha atrás.

Tere Maldonado tiene claro que la decisión final del Ejecutivo presenta un matiz electoralista, “pero eso no se puede usar para matizar la victoria feminista, porque han visto que la opinión pública no comparte el retroceso en los derechos de las mujeres”. Ni lo compartían otros partidos de la derecha. Por ejemplo, en Cataluña, donde el grupo parlamentario de Convergència i Unió (CiU) ha solucionado las discordias dejando que sus siglas voten por separado: Convergència optó por dar libertad de voto, mientras que Unió se abstuvo.

 Querella criminal

El galimatías de la derecha lo enredan aún más dos frentes de presión muy diversos. Porque al de los más moderados se une la influencia que ejercen los sectores más duros, como el que representa el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, miembro supernumerario del Opus Dei y que se ha dejado ver encabezando manifestaciones de quienes se autodenominan provida. La Iglesia ha jugado también un papel divisorio, a través de obispos como el de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plà, quien comparó el Tren de la Libertad con los ferrocarriles de Auschwitz, el campo de concentración nazi en el que fueron asesinadas más de un millón de personas.

“Estamos en alerta porque los derechos hay que pelearlos cada día”, confirma Piñero, quien ha puesto, junto con sus compañeras de la Tertulia una querella criminal contra Reig Plà, financiada a través de una campaña de crodwfunding. Porque las feministas no se conforman, pero saborean su éxito: “Se ha demostrado que el movimiento ha sido capaz de responder a tiempo y de lanzar mensajes claros. Ha sido una victoria”, finaliza Justa Montero. Juntas siguen en alerta.


Mª Ángeles Fernández y J. Marcos son periodistas. www.desplazados.org.

Artículo publicado en el nº64 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2015.


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