KomunikARI: un proceso para el debate y la reflexión sobre el poder de los medios y la democratización de la comunicación

Desde hace unos años enfrentamos una crisis global, con manifestaciones diversas, pero con un origen claro en el actual modelo económico de producción capitalista, en el modelo político neoliberal y en el proyecto social heteropatriarcal. Este conjunto de lógicas entrelazadas han configurado un sistema que, lejos de ofrecer soluciones a los problemas globales, ha profundizado la pobreza, la exclusión y la inequidad.

El capitalismo se nutre, alimenta y refuerza del sistema heteropatriarcal, que se asienta en la división sexual del trabajo en la familia y la sociedad, e invisibiliza el aporte social fundamental del trabajo reproductivo, valorando exclusivamente el trabajo “productivo” en la esfera pública. Esta fuerza laboral (mayoritariamente masculina) se entiende como carente de responsabilidades ni necesidades de cuidados, entendiendo que éstas deben ser resueltas en el ámbito privado de los hogares (mayoritariamente femenino).

La comunicación tampoco ha pasado desapercibida en esta crisis
global. Los medios públicos cierran, los medios privados comerciales concentran las frecuencias de radio y televisión del espacio audiovisual y el tercer sector sigue siendo marginal y criminalizado. Por su parte, el periodismo y sus profesionales son líderes en precariedad y desregulación de sus funciones, tan esenciales para la democracia la garantía de los derechos que de ella se derivan.

La globalización y maduración del modelo capitalista ha degradado por completo la función de los medios de comunicación que se caracteriza por la privatización y mercantilización de la información, creando grandes conglomerados de comunicación y la concentración de los medios que están en constante disputa por las cuotas de público y de publicidad. Unos medios de comunicación que están al servicio y en manos del capital, de grandes accionistas como bancos y multinacionales, y que constituyen hoy una nueva forma de imperialismo, pues en un mundo globalizado desempeñan un papel fundamental en la construcción de la comunidad y de sus valores. Numerosos expertos reconocen la incidencia de los medios de comunicación para la unificación y la uniformidad a nivel ideológico, cultural y social.

El diseño de ese imaginario colectivo es uno de los principales argumentos del documental “Mujeres Brasileñas: Del icono mediático a la realidad”[1]. Aunque las mujeres brasileñas representan más del 50% de la fuerza de trabajo del país y solo el 47% se define como blanca, es éste último modelo de mujer blanca, delgada, joven y heterosexual el que predomina en los grandes medios del país, unos medios que son controlados por seis familias y una élite blanca, masculina, machista y con una visión europeizada del mundo.

Entrevista realizada en Ttan Ttakun Irrati a a Jabier Salutregi, exdirector de Egin, sobre el derecho a la comunicación. Fotografía: Javier González.

Entrevista realizada en Ttan Ttakun Irrati a a Jabier Salutregi, exdirector de Egin, sobre el derecho a la comunicación. Fotografía: Javier González.

Al mismo tiempo, pertenecemos, a la legión de personas que año a año engrosamos las listas de la ciudadanía digitalizada, a una generación atomizada y alienada tendente a sustituir la participación por una ilusión de comunicación, táctil e interactiva[2].

La comunicación como derecho humano

Desde Pueblos – Paz con Dignidad contemplamos la comunicación como derecho humano, como cuestión fundamental para el empoderamiento de las mujeres, como campo de batalla para las luchas de poder a distintos niveles, como termómetro para valorar la salud de una sociedad (y el grado de democracia) y como herramienta fundamental para la transformación social. Por eso, pensamos que es necesaria una reflexión crítica sobre el poder de los medios en la configuración de nuestro imaginario colectivo, como sociedad como individuos; en el reflejo de nuestra idiosincrasia y en el respeto mutuo a nuestro y otros ecosistemas sociales, políticos y económicos.

Y es que en el Estado español sabemos, gracias a un estudio de Pascual Serrano[3], que buena parte de la información que vemos, oímos y leemos pertenece al BBVA, a Repsol, al grupo Planeta, a la Caixa, al Banco Santander o a Telefónica. Son grandes corporaciones multinacionales y agencias de publicidad las que controlan la información que nos llega`[4].

Tal y como dice Daniel Hernández[5], “crear una nueva comunicación es formar para el diseño, producción, circulación y consumo crítico de nuevos mensajes, para la construcción de una nueva estética, una nueva poética, una nueva narrativa, una nueva imaginación. Si la comunicación es la vida misma, entonces cambiar la vida es cambiar la comunicación”. Es visibilizar y garantizar la participación ciudadana en la gestión y producción de nuevas formas y contenidos de comunicación para la construcción de una sociedad democrática y protagónica. Dar voz a la diversidad de sujetos que conformamos la sociedad.

Esa es la esencia del trabajo que venimos desarrollando en Euskal Herria. Una apuesta por acompañar los procesos organizativos de las radios libres con el objetivo de fortalecer sus capacidades comunicativas y su referencialidad en el tejido social vasco como espacios participativos. Y es que la imposibilidad de participar en el espacio audiovisual a través de medios propios y de visibilizar otras voces en los medios públicos, unido al proceso de criminalización y deslegitimación que ha sufrido la ciudadanía a través de los grandes medios, sobre todo colectivos vulnerables como las personas LGTTBIQ, migrantes y mujeres, ha llevado a los movimientos y organizaciones sociales a dirigir la mirada hacia la comunicación, su ejercicio como herramienta fundamental de contrapoder y su uso para visibilizar otras voces y alternativas marginadas del debate público en esa gran plaza que, creemos, es la comunicación.

Partimos de que los medios de comunicación están en deuda con la diversidad sexual. Si bien es cierto que el tema está “relativamente” presente en la agenda de los medios, su cobertura aún carece de un enfoque basado en derechos humanos. En este sentido, los principales medios de comunicación (televisiones, prensa escrita y radios) tienen una cobertura generalizada cargada de burla, ridiculización y patologización.

Por otro lado, como decíamos al inicio de este artículo, aunque las mujeres son quienes más han sufrido y sufren las consecuencias de este mundo protagonizado por la pobreza, la exclusión y la desigualdad, se les sigue negando la visibilidad en la sociedad de la comunicación, tanto desde el punto de vista de los contenidos (pocas noticias reflejan verdaderamente la situación de las mujeres, sin “utilizar” esta información para otros fines) como desde el punto de vista de la participación (la figura de la mujer periodista es muy reciente). Tan sólo en las dos últimas décadas, a través del movimiento feminista, se empieza a reconocer a las
mujeres como creadoras de cultura.

Por ello, la comunicación feminista debe ser uno de los pilares que guíe una posible hoja de ruta por la democratización de la comunicación vasca. Es un enfoque que radica en el papel de los medios como agentes de socialización, como fuente de representaciones de la sociedad que validan ciertas conductas asociadas a estereotipos y roles de género establecidos[6]. El acceso de la mujer a los medios de comunicación en la sociedad actual se convierte así en lugar obligatorio de paso hacia una sociedad más justa y más participativa.

Los pueblos originarios y sus culturas, como la lengua, también han sido invisibilizados en las agendas de los grandes medios. Como generadores del imaginario colectivo y estereotipo del “otro” (hoy migrante o refugiado), también en cuanto a los pueblos originarios, esa imagen siempre ha sido negativa, caricaturizada como objeto, salvaje, antidesarrollista, minoritario, sumiso.

Democratizando la comunicación

Desde esa visión plural, diversa e inclusiva, nace el proceso Izan zaitez KomuniKARI. Un proceso para el debate y reflexión que pretende analizar el poder de los medios de comunicación, así como identificar una hoja de ruta para la democratización del modelo comunicativo vasco. Un modelo que, según Ramón Zallo[7], no se corresponde a la realidad social de nuestro país, Euskal Herria; no son el espejo de la realidad social, sino más bien tienen una función adoctrinante de la vida pública.

KomunikARI es la persona que comunica, así como la persona que tiene la capacidad de comunicar y, al mismo tiempo, de actuar. Un proceso articulado por Pueblos – Paz con Dignidad, que vincula a diversos agentes sociales, universidad, medios de comunicación alternativos, movimientos sociales y ONGD, y que para el próximo año pretende:

  1. Abrir espacios y formas de participación a sujetos y colectivos de identidades invisibilizadas (mujeres, LGTTBIQ, migrantes y pueblos originarios) en medios alternativos ya existentes.
  2. Revisar quiénes hablan y sobre qué en nuestros medios y mensajes. Ver si en el afán de representar a otros y otras no estamos hablando en su lugar sin darles la posibilidad real de que ellos mismos se expresen.
  3. Revisar cómo se habla en nuestros medios, el lenguaje que utilizamos en nuestros esfuerzos de comunicación. Poniendo especial atención en el uso de lenguaje no sexista y racista.
  4. Generar un discurso que reivindique los derechos de las mujeres, personas LGTTBIQ y migrantes, y pueblos originarios a través de la comunicación. Para ello será necesario usar un lenguaje inclusivo, fortalecer la identidad y redefinir una agenda orientada a visibilizar a la diversidad como sujeto de derechos, crear nuevas representaciones donde la diversidad sea incluida y no excluida.
  5. Recordar que comunicación no es sólo medios. Los múltiples espacios en que circula la comunicación, desde el ámbito público al privado, son tanto o más importantes que los medios para democratizar la comunicación.

Promover un nuevo modelo comunicativo vasco no es misión imposible. Nuestro espejo, aquel en el que nos hemos mirado la izquierda europea, ha sido América Latina. Allí, los gobiernos de Ecuador, Bolivia, Venezuela y Argentina, entre otros, han desarrollado medidas para el control de las multinacionales a través de expropiaciones, nacionalizaciones e impuestos, tocando así también la propiedad de los grandes medios de comunicación. En Bolivia, donde el sector privado controla el 90% de la radiodifusión, se aprobó una Ley de Telecomunicaciones que entrará en vigor en 2017 y que otorgó un 34% del espectro electromagnético a organizaciones sociales e indígenas. En Ecuador se estableció por primera vez en el mundo la incompatibilidad del sector bancario con la propiedad de los medios de comunicación. En Argentina, la Ley de medios acaba con el privilegio de la explotación de licencias derivadas de la legislación de la dictadura, garantiza la pluralidad, limita la concentración y reserva por primera vez licencias y espacios radioeléctricos a grupos sin ánimo de lucro, como las cooperativas. Y en Venezuela desde 2002 se han habilitado casi 200 medios comunitarios, de los cuales 167 son radios y 28 televisiones; en cuanto a los medios impresos y digitales, se editan 164 medios impresos y están activos 117 medios digitales, todos ellos con apoyo del Gobierno y sin ningún control político sobre ellos, son de hecho, autogestionados por comunidades vecinales o profesionales.

Lamentablemente, ese espejo hoy está en peligro de hacerse pedazos. La ultraderecha y oligarquía de esos países, junto a la injerencia ya conocida de los EEUU en su patio trasero, está poniendo en riesgo los avances que se han dado en justicia social en esos países latinoamericanos. Ahora el reto es construir nuestra propia hoja de ruta para democratizar nuestro sistema comunicativo vasco.


Eneko Calle García es colaborador de Paz con Dignidad y de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº71 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2016.


NOTAS:

  1.  “Mujeres Brasileñas: Del icono mediático a la realidad”. Guión y dirección: Laura daudén, Andrea Gago Menor y Alba Onrubia García. Producción: Revista Pueblos – Paz con Dignidad (2014). https://vimeo.com/95101963
  2.  “ELLA” Realización: CURRUSCU. Producción: Revista Pueblos, Paz con Dignidad. https://vimeo.com/109258771
  3.  Serrano, P. (2012): Traficantes de la información. Editorial Akal.
  4. “Una mosca en una botella de Coca-Cola”. Dirección: Javier Couso Permuy. Producción: Producciones Con Mano Izquierda (CMI) y Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL – Paz con Dignidad).
  5. Daniel Hernández. Economista y Doctor en Ciencia Política. Docente investigador de la Universidad Central de Venezuela.
  6. Oihana Etxebarrieta, miembro de Bilgune Feminista y Antxeta Irratia. https://vimeo.com/183849039
  7. Ramon Zallo. Licenciado en Derecho y en Economía. Doctor en Ciencias de la Información. Catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universidad del País Vasco (UPV). Especializado en materias de estructura, economía y políticas audiovisuales, culturales y comunicativas.

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