(Cast) Tierra y reforma agraria: Propuestas desde el Sindicato de Obreros del Campo- Sindicato Andaluz de Trabajadores y Trabajadoras

Andalucía ha sufrido históricamente una injusta distribución de la tierra derivada del modo en que se configuró la Andalucía moderna. La ocupación y la guerra de conquista, así como el reparto de tierras por derecho de conquista dieron lugar a un modo desigual de propiedad que conocemos como latifundismo y que se da fundamentalmente en la zona del valle del Guadalquivir. Desde las primeras décadas del siglo XIX, las reformas liberales y especialmente tras las desamortizaciones (procesos de privatización de tierras sobre todo comunales y propiedades eclesiásticas) las primeras manifestaciones del malestar rural por la penetración del capitalismo agrario en el campo tuvieron que ver con la expropiación de tierras comunales y con la privatización de tierras que hasta entonces eran propiedad de los ayuntamientos. Durante todo el siglo XIX y hasta el primer tercio del XX Andalucía vivió una serie de episodios de movilización social, especialmente tras la revolución gloriosa (1868-1874) y durante el trienio bolchevique (1917-1920), en los cuales el eje fundamental de la movilización fue el reparto de la tierra, es decir la distribución del trabajo y de la riqueza. En ese sentido con la proclamación de la II República una de las cuestiones prioritarias para los Gobiernos fue una legislación en política agraria que modernizara la agricultura andaluza y española y que mejorara la desigual distribución de la tierra.

(Cast) Reflexiones sobre el acaparamiento de tierras en África: de la fiebre al análisis pormenorizado

La narrativa sobre el acaparamiento de tierras es una tendencia clara desde el 2008. No obstante, esta dinámica se puso en marcha por la liberalización del mercado de tierras en la década de los 90, y se desencadenó aún más por la aceleración de la crisis global del capitalismo al comienzo del nuevo milenio: crisis ligadas a la alimentación, la economía, las finanzas, las cuestiones medioambientales, la energía o la política. Y las posibles respuestas a estas crisis tienen en común el hecho de que todas ellas dependen de los recursos de la tierra, una realidad que ha fomentado una fiebre mundial por la pachamama. Sobre todo, en África.

(Cast) El desafío en la interpretación e implementación de las directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y el bosque en América Latina

Desde el 2009, los movimientos para la soberanía alimentaria han logrado tener una influencia notable sobre la política internacional gracias a que han ampliado su participación en los espacios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En particular, las directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de tierras, pesca y bosques[1] o “Directrices de Tenencia” (DT) forman un acuerdo histórico a nivel internacional sobre cómo se deben gestionar los derechos de tenencia y acceso a la tierra, la pesca y los bosques. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) las DT tienen el propósito de ofrecer un esquema y buenas prácticas que puedan ser empleadas por los Estados en sus procesos legislativos y en la definición de sus formas de administración[2].

(Cast) Políticas agrarias, movimientos sociales e investigación militante

Los debates políticos y la investigación académica sobre el mundo agrario han sido un tema central en las ciencias sociales durante el siglo pasado. Muchos estudios clásicos de política agraria se han centrado en comprender qué campesinado tenía más probabilidades de participar en políticas y revoluciones radicales para cambiar sus condiciones. Con el auge del neoliberalismo en los 80, el final de la guerra fría y el colapso de los experimentos socialistas, diferentes tipos de movimientos agrarios empezaron a emerger a lo largo del mundo.

(Cast) El impulso de las mujeres rurales de Cuscatlán-Cabañas en el fortalecimiento de la soberanía alimentaria y el feminismo salvadoreño

En 1930, Prudencia Ayala, una mujer de origen indígena y escasos recursos económicos, representando la reivindicación de las mujeres por sus derechos políticos y sociales, se propuso para ser candidata a la Presidencia de la República de El Salvador, a pesar de que la legislación no reconocía el derecho al sufragio femenino. Su solicitud fue rechazada pero sembró el debate e impulsó el movimiento femenino por el derecho al sufragio. En la Constitución de 1950 se reconocieron legalmente los derechos de las mujeres en El Salvador. Hoy, las mujeres siguen luchando por participar en la toma de decisiones sociales y políticas. En este artículo explicamos cómo el trabajo de las mujeres rurales de la microrregión de Cuscatlán-Cabañas contribuye a las luchas feministas y a la soberanía alimentaria.