Migrar a tierra de nadie

Los consecutivos informes de ACNUR sobre desplazamientos de población provocados por las guerras, los conflictos y la persecución demuestran un imparable ascenso de personas que huyen de sus hogares. El último de ellos arroja la terrorífica cifra de 65,3 millones de personas refugiadas y desplazadas, casi seis millones más que doce meses antes. En el último lustro, más de 4 millones de sirios y sirias han abandonado su país a territorios limítrofes como Egipto, Irak, Jordania, Líbano y Turquía, sin olvidar las más de 6,6 millones de personas desplazadas internamente. Pero no es el único pueblo con un éxodo masivo de habitantes: Afganistán, Irak, Pakistán, Eritrea, Somalia, Sudán, Malí, Nigeria... La lista es larga.

Grecia principalmente, y después Italia, son los países europeos que están recibiendo la mayor parte de las personas refugiadas que, procedentes de Asia, deciden atravesar el Egeo y buscar un futuro mejor en la “Europa de los Derechos Humanos”. La misma cuyos Estados, como parte de la ONU, firmaron la Convención de Ginebra de 1951, pero el pasado marzo selló un acuerdo con Turquía que incumple lo anterior.

El único paisaje que ven son vallas, un corredor de cemento por donde se pasea la policía, y las montañas que les separan del siguiente país de tránsito: Bulgaria.
El único paisaje que ven son vallas, un corredor de cemento por donde se pasea la policía, y las montañas que les separan del siguiente país de tránsito: Bulgaria.
Una treintena de policías helenos esperan parapetados tras los escudos la llegada de las y los manifestantes del campamento “No Borders” al centro de detención de Paranesti.
Una treintena de policías helenos esperan parapetados tras los escudos la llegada de las y los manifestantes del campamento “No Borders” al centro de detención de Paranesti.
Vista general del campamento de refugiados de Diavata, abierto en febrero en una antigua base militar a poco más de diez kilómetros de Tesalónica.
Unos 300 hombres están encerrados en el centro de detención de Paranesti, ubicado a 20 kilómetros de la frontera búlgara. La mayoría son de Bangladesh y Pakistán, pero también hay migrantes de Marruecos y Argelia.
Unos 300 hombres están encerrados en el centro de detención de Paranesti, ubicado a 20 kilómetros de la frontera búlgara. La mayoría son de Bangladesh y Pakistán, pero también hay migrantes de Marruecos y Argelia.
Para acceder al centro hay que recorrer una pendiente de 200 metros con paredes de metal y concertinas de cuatro o cinco metros y atravesar varios portones enrejados.
Para acceder al centro hay que recorrer una pendiente de 200 metros con paredes de metal y concertinas de cuatro o cinco metros y atravesar varios portones enrejados.

Unas pocas decenas de miles de solicitantes de asilo han sido reasentadas, mientras la mayoría espera la resolución o siquiera poder tramitar su petición. El país heleno cuenta con 48 campos de refugiados repartidos por su territorio, además de seis centros de detención y deportación, similares a los CIE estatales, donde están encarceladas las personas que no tendrán ese derecho porque no se les reconoce: afganas, bangladesíes, marroquíes, argelinas…

Ni unas ni otras saben nada de su futuro. Solo les queda esperar. Y desesperar. Los asentamientos griegos son una sucesión de tiendas de campaña o habitáculos prefabricados de PVC instalados en solares áridos con apenas sombra, donde las temperaturas alcanzan casi los cuarenta grados en verano. El agua corriente es limitada y la electricidad brilla por su ausencia salvo en algunos puntos del campamento. Por su parte, los centros de detención son prisiones distribuidas por módulos, que a su vez distinguen nacionalidades. Las personas encerradas no saben por qué están allí, cuánto permanecerán ni que lo más probable es que sean deportadas.

Las edades varían entre los 18 y los 35 años. Están divididos por bloques de escasos 50 metros sin conexión entre ellos. Llevan allí meses, algunos hasta once, aunque el máximo legal es medio año.
Las edades varían entre los 18 y los 35 años. Están divididos por bloques de escasos 50 metros sin conexión entre ellos. Llevan allí meses, algunos hasta once, aunque el máximo legal es medio año.
Unas mil personas de todo el mundo se reunieron en Tesalónica para denunciar las políticas migratorias de la Unión Europea, incluida la existencia de los centros de detención.
Única zona de sombra del campamento, cuyo acceso está restringido a las organizaciones de voluntariado, y que cuenta con una clínica y un Baby Hammam.
Única zona de sombra del campamento, cuyo acceso está restringido a las organizaciones de voluntariado, y que cuenta con una clínica y un Baby Hammam.
Unos 2.400 niños y niñas viven en el campamento Diavata que, aunque nació con carácter temporal, ha abierto una escuela a mediados de septiembre.
Unos 2.400 niños y niñas viven en el campamento Diavata que, aunque nació con carácter temporal, ha abierto una escuela a mediados de septiembre.
La manifestación reivindica que ‘Nadie es ilegal’ frente a la policía que impide la visita a Xanthi, centro de detención a 150 kilómetros de Turquía.
La manifestación reivindica que ‘Nadie es ilegal’ frente a la policía que impide la visita a Xanthi, centro de detención a 150 kilómetros de Turquía.

Virginia Enebral es periodista, arquitecta, fotógrafa y militante feminista de la plataforma “Ongi Etorri Errefuxiatuak’, que denuncia las políticas migratorias de la Unión Europea. También ha trabajado temas como el asilo por motivos de género o el papel de las asociaciones de mujeres palestinas.

Artículo publicado en el nº71 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2016.


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