Un acercamiento a la identidad de la cooperación. La cooperación lingüística como clave para la soberanía cultural

La gestión de las identidades populares y el aporte que ésta puede hacer en la construcción de una sociedad más justa apenas ha sido recogida en el núcleo de los planteamientos políticos de los últimos siglos. Hablamos de las identidades de pueblos pequeños, minorizados, dominados y sin vocación imperial; el avivar esas identidades no se ha considerado históricamente elemento esencial de las reivindicaciones teóricas de una sociedad libre e igualitaria. Desde los paradigmas transformadores se ha dejado de lado la defensa de las culturas y modos de vida originarios, se ha relegado a la periferia de las luchas por un mundo mejor e incluso se ha visto como un obstáculo para su consecución. En unas ocasiones, se ha practicado la asimilación de naciones en nombre del paternalismo blanco, en otras como pura demostración de poder; tanto en un caso como en el otro, esta asimilación se ha dado a la sombra de una inflexible jerarquización identitaria que ha ido apropiándose del imaginario colectivo.

Pero la propia historia nos muestra la presencia del problema identitario en la raíz de la mayoría de los conflictos y en la evolución de los modelos de sociedad. El establecimiento de una cultura hegemónica estrechamente ligada a los Estados ha chocado, durante los últimos dos siglos, con sólidas formas de organización social e increíbles resiliencias lingüísticas. Son muchas las comunidades lingüísticas que, contra todo pronóstico, sobreviven. Estas culturas originarias son expertas en resistir durante largo tiempo en contextos desfavorables. Para todas ellas el reto es aprovechar cada ocasión para superar las deficiencias del siglo XXI.

Paula Cabildo.

Paula Cabildo.

De hecho, las características de nuestra civilización han acelerado la minorización de las lenguas ya minorizadas. El futuro de las lenguas de alcance reducido y de las culturas minoritarias está en duda, ya que éstas se encuentran casi ahogadas por los valores y las prácticas culturales que ha extendido la globalización neoliberal.

Junto con el diagnóstico de gravedad de la situación es evidente que la destrucción de las identidades de los pueblos está en la base de la pobreza estructural. El camino de la discriminación y de la marginación comienza con el desarraigo de las culturas originarias.

Uno de los principales objetivos de la cooperación del futuro (ya en marcha) es aclarar este embrollo dialéctico. En primer lugar, para deconstruir la jerarquización identitaria que hemos comentado es necesaria una labor de concienciación y sensibilización de la sociedad. Invertir en la revitalización de las lenguas originarias es el mejor antídoto de que disponemos para enfrentar la homogeneización del pensamiento y de la identidad. Una de las debilidades de este siglo XXI es, precisamente, la necesidad de fuentes de inspiración y epistemologías novedosas y las lenguas originarias son un depósito de valores, conceptualizaciones y proyecciones simbólicas casi inexploradas, en gran medida, gracias a que se han mantenido fuera de las estructuras del Estado.

La defensa de la diversidad se encuentra en el reverso del pensamiento único. Pero más allá de una simple declaración de intenciones o de un ostentoso pero vacío titular, la diversidad cultural ya está aquí y debemos reflexionar sobre si es suficiente para la convivencia el respeto de las diferentes expresiones culturales o si es responsabilidad de todos y todas la promoción y la supervivencia de éstas.

En nuestro país, en Euskal Herria, se superponen dos planos en el cuidado de la diversidad cultural; por un lado, la posibilidad de desarrollar la adhesión y la expresión cultural de todas las comunidades que llegan a nuestro pueblo; y por el otro, la revitalización de nuestra propia cultura secular. Son dos líneas de trabajo, con muchas intersecciones y aristas, que deben unirse en una sola estrategia.

Bajo el nombre Euskalgintza, agrupamos a los organismos que, surgidos de la articulación de la sociedad, se preocupan por el futuro del euskera. El mérito de estos organismos es, en gran medida, haber socializado e institucionalizado la necesidad de revitalizar nuestra lengua. Estos organismos han abierto, valientemente, nuevas vías para poder ganar y recuperar espacios para el euskera. Y es a estos organismos a quien se les hace el llamado directo para trabajar ese nuevo huerto lingüístico que se nos presenta desde la diversidad cultural, sin contraponer la defensa de la semilla local y la presencia de plantas adventicias pero conociendo las características de la tierra y teniendo en cuenta que el propio euskera es un modelo de persistencia.

Una de las posibilidades que nos brinda la globalización es el recorrer instantáneamente el camino de lo local a lo global y de lo global a lo local. Acceder a la producción cultural mundial y a la información a través de nuestro propio filtro como pueblo y mostrarle al mundo la manera en que hacemos pueblo son la ida y la vuelta de este viaje. El flujo de conocimiento se ha facilitado, los canales para intercambiar experiencias se han multiplicado. Es necesario reflejar en esos medios el activismo de las culturas dominadas y de alcance reducido. Y ese activismo debe guiar el carácter de los futuros proyectos de cooperación.

La justicia social necesita la aportación de las minorías, también de las minorías lingüísticas. Es esencial la convivencia entre las muchas dimensiones que van a revolucionar la igualdad tramposa entre los grandes. Y a la cooperación que quiere vincularse a ese objetivo le es imprescindible beber de las identidades originarias y centrar el trabajo para generar las condiciones que permitan la vida en las lenguas originarias. Y, al servicio de estos objetivos, hay que poner, lo antes posible, los medios para esa renovada cooperación que es tan local como universal. Igualmente, es importante fortalecer el discurso ya que, mientras no había ninguna estrategia amplia de revitalización de las culturas originarias, la densidad de las culturas del mundo y la intensidad de conocimientos ha ido desapareciendo demasiado rápido.

La reivindicación de la cooperación lingüística desde los pueblos vascos: razonamientos para promocionar la cooperación lingüística

La cooperación lingüística está basada en el intercambio de experiencias entre pueblos que participan en procesos de revitalización cultural. La soberanía cultural de una comunidad, es decir, la capacidad para tender puentes desde parámetros propios, entre las creaciones del pasado y del futuro, es la mejor garantía para la satisfacción y el desarrollo integral de las y los conciudadanos y para el control sostenible de los parámetros socioeconómicos.

Paula Cabildo.

Paula Cabildo.

Analicemos, pues, la urgencia de la cooperación cultural. Pero a fin de aterrizar y con la esperanza de que la ilustración de ejemplos reales sea de ayuda, hagamos este ejercicio desde la atalaya del euskera. Así, tratemos de responder breve y concretamente al por qué y el para qué de la cooperación lingüística.

En primer lugar, la pérdida de lenguas es un fenómeno extendido y profundo en el mundo actual. Por diversas razones (la distancia lingüística con el castellano, el tamaño de la comunidad, lo sufrido por las bases durante la dictadura, el trabajo de las organizaciones, las estrategias desarrolladas, etc.) el proceso de revitalización que ha seguido el euskera en las últimas décadas es especialmente pertinente para cualquier lengua que quiera revitalizarse en el mundo. Podría hacerse un trabajo muy positivo en ese área.

En este sentido, la cooperación lingüística tiene la posibilidad de ser una línea importante de la cooperación vasca. Si desarrollamos esta posibilidad, tenemos la oportunidad de tener una notable presencia en el mapa de la cooperación mundial.

Además, debemos considerar que tenemos instituciones públicas y organizaciones sociales con capacidad para llevar a cabo esa cooperación lingüística con calidad. Por lo tanto, disponemos de una base sólida para, en caso de trabajar esta vía como es debido en el futuro, materializar una cooperación lingüística a un nivel sin precedentes.

Así pues, en caso de emprender este camino oportunamente, pueden lograrse varios objetivos: 1) hacer un trabajo de gran impacto transformador en la revitalización lingüística, 2) que Euskal Herria cumpla una función significativa en el mapa de la cooperación mundial y 3) generar una motivación añadida a la comunidad vasca, alimentada por las funciones que podemos tener a nivel global.

Los principios de la nueva vía

Una vez reconocida la necesidad y el valor de ésta, podríamos comenzar a definir las bases de la cooperación lingüística. Y sigamos, sin alejarnos de las coordenadas de la concreción, uniendo este planteamiento de valor general a la realidad de Euskal Herria.

  • Las estrategias globales y las vías de desarrollo sectoriales llevadas a cabo por el euskera durante los últimos 50 años podrían ser un recurso inspirador y práctico para las lenguas originarias del mundo, especialmente para aquellas con mayor masa crítica y mayor posibilidad de revitalización.
  • Como el objetivo es compartir de manera eficaz esta experiencia acumulada en torno al euskera, la actividad de esta vía de cooperación debe encaminarse, principalmente, a la formación y al asesoramiento.
  • Esta clase de cooperación conecta dos ámbitos (la comunidad vasca y otras comunidades) y se trata de una cooperación bidireccional. Además del efecto positivo y transformador que tiene sobreotras comunidades de hablantes del mundo, también puede tener un efecto inspirador y motivador sobre la comunidad vasca.
  • En esta cooperación, las entidades públicas, las organizaciones sociales surgidas expresamente para este tema y los expertos y expertas deben trabajar juntos en una estrategia unificada.
  • La revitalización de la lengua es un proceso largo y lento. La cooperación lingüística debe seguir el camino de una cooperación de largo plazo.

Áreas de influencia

La demanda de aquello que la cooperación lingüística vasca pudiera ofrecer puede venir de todos los continentes. Esto es lo que hemos observado en las experiencias que hemos conocido hasta ahora y es lo que nos muestra, también, el panorama lingüístico mundial. Aun así, es conveniente limitar el área de influencia para poder trabajar con mayor eficiencia.

Parece lógico que entre las lenguas originarias minorizadas se elijan las más grandes y las más capacitadas para dar pasos hacia la revitalización. Es una elección hecha con dolor, ya que en este área de trabajo surge una empatía natural hacia las lenguas más pequeñas y marginadas. Sin embargo, las lenguas que mejor pueden aprovechar la experiencia de revitalización del euskera son aquellas más grandes (las que más se acerquen al número de hablantes del euskera) y más capacitadas (las que están más cerca de desarrollar estrategias similares a la nuestra).

En cualquier caso, para trabajar con lenguas minorizadas son imprescindibles la demanda de la comunidad y un cierto grado de implicación de ésta. Aún si son pequeñas, deben tener prioridad aquellas comunidades con cierto grado de movilización y que ofrecen las condiciones básicas para el éxito.

En lo relativo a los continentes, la comunidad vasca tenemos razones históricas para sentirnos cercanos a las comunidades de hablantes latinoamericanas. Por un lado, porque el tener en común el castellano facilita mucho el trabajo. Por otro, porque el vínculo histórico (y la deuda) con esos países son bastante grandes. No hay que olvidar, a pesar de todo, la presencia de las comunidades de hablantes de África, Asia, Europa y Oceanía. Abrirse a ellas puede enriquecer la cooperación lingüística vasca.

Cruzando las dos variables mencionadas, parece bastante razonable apostar por las lenguas originarias más grandes (en el sentido de tamaño y de capacitación) de América Latina. Dentro de éstas, se aprecian dos áreas geográficas: por un lado los Andes, y en este polo, dado lo recorrido hasta ahora, Ecuador y Colombia podrían ser países prioritarios. A otro nivel, Bolivia, Perú y Chile también tienen un gran potencial; y por otro lado, América Central, y más específicamente México y Guatemala.

Aun así, limitarse a estas prioridades puede quitarle algunas potencialidades a la cooperación lingüística vasca. Parece de sentido común no cerrar la puerta del todo a otros países y continentes. La estrategia de la cooperación lingüística vasca debería diferenciar dos campos: uno prioritario conformado por las lenguas originarias mayores de los Andes y América Central, al que se destinarán la mayoría de las fuerzas de la cooperación lingüística vasca, creando programas de largo plazo y construyendo puentes; y un segundo campo de apertura conformado por comunidades que no cumplan con uno de los dos criterios fijados (lenguas grandes y de América Latina) pero que aun así tengan elementos interesantes para la cooperación lingüística. En este campo se desarrollarán labores de formación y asesoramiento de menor intensidad.

De lo pequeño a lo grande. Globalidad local

No creemos que sea un trabajo difícil adaptar a la realidad de otros pueblos el modelo de cooperación lingüística propuesto para Euskal Herria, ya que la revitalización de las culturas originarias debe ser regida por los mismos principios. La ecología lingüística y la diversidad cultural promovida desde la igualdad entre comunidades de hablantes son prácticas imprescindibles para sociedades construidas desde la justicia social. El trabajo para revertir la minorización sufrida en los conflictos lingüísticos y el activismo confluyen tanto con las dinámicas de enraizamiento de la igualdad de género como con la educación para la gestión sostenible del medio ambiente.

Paula Cabildo.

Paula Cabildo.

Por ejemplo, la lucha para ganar espacios para la lengua de una comunidad es una oportunidad para el empoderamiento de las mujeres, ya que las mujeres suelen jugar roles esenciales en la transmisión cultural y en la conservación de la lengua. De igual manera, las estrategias para garantizar la gestión sostenible del medio ambiente pueden desarrollarse junto con la revitalización de la lengua, ya que es en la lengua donde se condensa más profundamente el conocimiento de los equilibrios ecológicos que las comunidades han acumulado durante siglos: cuidar de la abundancia de la lengua nos acerca a identificar el valor del medio ambiente. El esfuerzo para crear una sociedad más justa también es un esfuerzo integral tejido por diversas dimensiones en el mismo sentido.

Por ese lado, hay que promover también las aportaciones de organizaciones y miembros de las comunidades lingüísticas hegemónicas. En los procesos de recuperación de lenguas minorizadas hay que conjugar conocimientos de diversas áreas y hay que alimentarse de las aportaciones de los expertos y expertas en diferentes materias; hay que movilizar diversas áreas de conocimiento, sociolingüística, sociología, antropología, lingüística, psicología, pedagogía, etc., para que la revitalización cultural se convierta en una línea transversal de las comunidades lingüísticas. Compartir estos conocimientos puede ser una de las características del flujo de la cooperación internacional.

Sin caer en la soberbia, hay que reivindicar en voz alta que la apuesta por la revitalización lingüística es una elección é(sté)tica justa, que contribuirá a modelos de sociedad construidos con justicia y que es adecuada para que cada cual canalice su potencial creador. Si no reaccionamos con rapidez, durante este siglo, de las 6.000 lenguas de hoy en día, el 90 por ciento se va a desangrar sin hablantes.

La pérdida masiva de nuestras lenguas y culturas es una tragedia social, cultural y científica, que afecta a los pueblos de las lenguas en peligro, pero también al resto de la humanidad, ya que es en las lenguas donde está contenido el conocimiento y la perspectiva del mundo, y la diversidad lingüística es el testigo más representativo de la capacidad comunicativa y de la adaptación ecológica del ser humano.

Las investigaciones financiadas por el Gobierno Vasco para UNESCO que se publicaron en el año 2005 confirmaron estas sospechas: los datos sobre 800 lenguas demostraron, claramente, que sólo el 54 por ciento de la población joven hablaba entre ellos su lengua originaria, mientras que entre la población adulta la cifra es del 80 por ciento.

A pesar de los datos, hay que confirmar que en la mayoría de las comunidades hay grupos para el desarrollo integral de la lengua que trabajan para garantizar la transmisión cultural.

¿Por qué se esfuerzan estas comunidades que viven en la pobreza, en la marginación, lejos de la equidad y sin garantía de los derechos humanos en luchar por la revitalización de su lengua y su cultura en vez de enfrentarse a esos otros problemas cotidianos?

Porque son conscientes de que para revertir la pobreza y la marginación que sufren deben responder como pueblo, con toda su sabiduría ancestral, con su cultura y con su idioma. Solo si consiguen ser lo que son o ser respetados por lo que son conseguirán superar los siglos de marginación que les destruyen sus recursos básicos.

Saben que necesitan su cultura y lengua milenarias para lograr un desarrollo sostenible y equitativo. Sin lengua y cultura originarias los pueblos olvidarían su esencia y estarían en peligro de odiarse a si mismos y de caer en la marginación. Por eso reivindican dignidad y desarrollo humano como pueblo, y la lengua y la cultura son los elementos centrales.

En Euskal Herria conocemos bien la importancia de la lengua y la cultura originaria para hacer pueblo. Además, hemos creado medios y estrategias bastante efectivas para nuestra revitalización lingüística y cultural. El compartir nuestra experiencia y nuestros conocimientos para ayudar a otros pueblos que nos lo pidan debería ser un objetivo prioritario de la cooperación al desarrollo. No estamos hablando de exportar un modelo, sino de un ejercicio de solidaridad, queremos abrir esa ventana del horizonte que nos dice que “sí, se puede”.

El sentido nos dice que ya es tiempo de visibilizar la aportación que los pueblos pequeños le hacen al ancho mundo, que para humanizar la globalización el conocimiento, la lengua y la cultura local son el filtro. Las culturas originarias son fuentes muy ricas de inspiración en la construcción de la cosmovisión de la modernidad. Ahí están, por ejemplo, las epistemologías del Sur, otros códigos narrativos y, finalmente, atalayas especiales para mirar al mundo. La cooperación lingüística es, con sus valores y su imaginario, una herramienta para la transformación social.

Artículo original en euskera disponible en: http://www.revistapueblos.org/?p=20827&lang=eu


Txema Abarrategi Garaigordobil es coordinador de Garabide.

Artículo publicado en el nº70 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2016.

La Asociación Garabide Kultur Elkarte se constituye en 2005 con el fin de desarrollar un nuevo modelo de cooperación, más allá del paradigma asistencialista. Desde entonces ha realizado intercambios culturales con diferentes comunidades lingüísticas, sobre todo de América Central y del Sur, asentando las bases de procesos de revitalización cultural y lingüísticas en torno a dichas comunidades.

Tales procesos de reforzamiento identitatio requieren de flujos de conocimiento de largo recorrido, es decir, estrategias de normalización cultural a medio y largo plazo. Este es el marco de acción de Garabide con los Mapuches, Aimaras, Quichuas, Nasas, Kaqchikeles, Mayas Yucatecos, Nahuatls, Kurdos y otros pueblos.

En otoño del 2016 Garabide llevará a cabo la tercera edición del curso “Experto en estrategias de revitalización lingüística, reuniendo a representantes de comunidades lingüísticas y pueblos originarios inmersos en procesos de recuperación cultural.


Print Friendly

Un pensamiento sobre “Un acercamiento a la identidad de la cooperación. La cooperación lingüística como clave para la soberanía cultural”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *