Nuestros cuerpos son horizontes enredados en la frontera

El neoliberalismo económico ha colocado a las mujeres, adolescentes y niñas migrantes y refugiadas en nichos laborales específicos vinculados a su cuerpo, sobre todo a la industria de los cuidados y al mercado sexual.

La demanda de estos servicios baratos desde Europa es posible gracias a la “cosificación” del ser humano, que transita como una mercancía más en muchas de las fronteras del mundo, entre ellas la del Sur, la del Mediterráneo. Por otro lado, la situación de violencia que genera la desigualdad y la pobreza es tan grande, que en algunas zonas de origen de las mujeres, adolescentes y niñas migrantes y refugiadas, el cuerpo de ellas se convierte en una oportunidad de éxito en el proyecto migratorio y por ende de desarrollo para la familia y la comunidad.

Ofrecer el cuerpo de las mujeres, sobre todo de las más vulnerables en un mercado transnacional, definido por los flujos migratorios y sus controles, es una realidad invisibilizada pero cada vez más presente en nuestras fronteras.

Cada vez más adolescentes y niñas de Douala (Camerún) inician el trayecto migratorio. Fotografía: Helena Maleno Garzón.

Cada vez más adolescentes y niñas de Douala (Camerún) inician el trayecto migratorio. Fotografía: Helena Maleno Garzón.

Mary no consigue expresar cuánto tiempo pasó en su camino hacia Europa, pero sí tiene momentos grabados como si fuesen cicatrices. Dice que muchas veces se siente enferma y sobre todo que tiene ese dolor constante por todo el cuerpo, que ningún medicamento ha logrado aliviar.

Nuestra frontera Sur lleva más de una década siendo redefinida a través de la militarización y el control, como un espacio donde no se aplican las leyes, ni convenciones internacionales y donde el discurso de seguridad se ha establecido como un imperativo.

De las discusiones sobre la migración como “problema”, las políticas han pasado a definir la frontera como un espacio de conflicto, y como en las “guerras” todo es posible, este discurso ha permitido la existencia de una zona de excepción para los marcos legales que garantizan los derechos humanos.

En estos contextos de militarización, el sistema de dominación patriarcal, ya sea a través de las comunidades migrantes, en las sociedades de tránsito y acogida, en las redes de trata o en las propias fuerzas de seguridad y control, se refuerza, haciendo más profundas las desigualdades de género. Y así se llega a la violación sexual sistemática que como componente endémico de todos los conflictos, también es usado en la frontera como un arma más.

Que otros usen el cuerpo de las mujeres, niñas y adolescentes, es vendido por pasadores, maridos, tratantes, autoridades, como una eficaz estrategia migratoria. Que otros usen el cuerpo de las mujeres, niñas y adolescentes, es visto por muchas de ellas como un sacrificio necesario para el triunfo del proyecto migratorio, y para el desarrollo posterior de un proyecto colectivo, que incluye a la familia, la comunidad y a las generaciones venideras.

Mary vivía en una zona rural. No ha estudiado porque es la mayor de  cinco hermanos, no sabe leer, ni escribir, ni contar. Su concepto del tiempo se diluye porque no conoce los días de la semana, ni los meses. Mary, por el contrario, está hypersexualizada, y ha aprendido que si otros usan su cuerpo, ella tiene muchas más oportunidades de sobrevivir.

Odiaba su vida en África, sobre todo los abusos de su padrastro. Finalmente un día le anunciaron un matrimonio con un señor del pueblo de al lado, de cincuenta años. Mary tenía once en aquel momento.

La casa más bonita de su pueblo, construida en ladrillo, pertenece a Mammy Joey, que vive en Francia. Mammy ayuda a las chicas a viajar a Europa a través de su primo, Mary quería que su suerte cambiase y poder viajar también.

Las mujeres, niñas y adolescentes migrantes y refugiadas son empujadas sobre todo por la pobreza, los conflictos bélicos, y la búsqueda de un acceso a derechos fundamentales, y huyen de una desigualdad de género institucionalizada. La desigualdad en sus países de origen, representada por la violencia intrafamiliar y sociopolítica, ha marcado sus vidas y sus decisiones migratorias.

Muchas de ellas fueron madres antes de salir de su país, incluso tuvieron sus hijos siendo niñas o adolescentes, sufrieron violencia sexual, a muchas otras se les practicó la ablación genital.

Mary consiguió salir de su pueblo, el primo de Mammy Joey le dio una “oportunidad” a ella y a otras cinco niñas más. El primo le contó que Mammy Joey también comenzó como ellas, que otra Mammy la hizo viajar, y que por eso había prosperado.

El camino fue muy difícil para Mary, sólo con 12 años, el primo la violó a ella y a las otras. Les explicó que era la forma de sobrevivir y las enseñó a practicar el sexo oral. A partir de ese momento Mary entendió que su cuerpo y el de todas las mujeres de ese camino servía para no morir. En el desierto daba igual la nacionalidad, incluso en Argelia Mary vio cómo se compraban también niñas y mujeres blancas. Sus compañeras le contaron que las chicas venían de Siria, donde había una guerra terrible. Mary tenía mucha pena por ellas porque escuchaba cosas horribles sobre las guerras.

La cronología de muchas mujeres, niñas y adolescentes durante el tránsito migratorio no se escenifica a través del tiempo o del espacio, sino de relatos que nos presentan vulneraciones de derechos humanos. Muchos de estos discursos se construyen en tercera persona, a través del cuerpo de otras mujeres, como una estrategia de resiliencia.

Transportadas en rutas utilizadas por el tráfico de drogas y el armamento, sus cuerpos son una tercera mercancía. Las situaciones de inseguridad de estos tránsitos, incluso con presencia de conflictos bélicos, hacen que las mujeres no tengan posibilidad de denunciar la violencia en los sistemas legales de los países. Ellas son consideradas en primer lugar como “clandestinas”, “putas”, “negras”, “pobres” y se las expulsa del sistema de acceso a derechos.

A ellas no se les permite existir salvo en esa construcción paralela donde transitan las personas migrantes. Por ello, esa violencia institucional tiene en las víctimas un peso igual o incluso mayor que otras violencias, como aquellas que se suceden dentro de las comunidades migrantes, las de los pasadores, o incluso las de las redes de trata.

En las narraciones de ellas tiene más dolor la violación de un soldado, o una devolución en caliente, porque significa la invisibilidad ante aquellos que deberían protegerlas. Las mujeres, niñas y adolescentes, hablan de amenazas, encierros, insultos, secuestros, pero también de palizas, latigazos o castigos. Sobre todo explican una terrible y sistemática violencia sexual ejercida por todos los hombres, sea cual fuere su procedencia o posición dentro de la sociedad. Desde los compañeros migrantes hasta los militares que controlan las fronteras, el uso de la violación es un instrumento de poder ejercido contra mujeres, niñas y adolescentes. Violencias que en la mayoría de los casos se suceden con total impunidad.

Mary ha olvidado los nombres de los lugares por los que transcurrió su trayecto migratorio. Sólo algunos quedan en su memoria, no puede creer cuando ve un mapa lo lejos que está su casa, y la fuerza que ha tenido hasta llegar a su destino.

Recuerda perfectamente Tánger. Por las mañanas se vestía como una musulmana, se tapaba toda, y se iba a mendigar. Aún no estaba embarazada, así que una amiga le dejaba a uno de sus hijos. Allí volvió a encontrarse con las mujeres de esa guerra horrible que contaban, las sirias. También vivía cerca de otras chicas de Senegal y Camerún, tenían un bar clandestino donde vendían alcohol y las chicas hacían sexo con hombres a cambio de dinero. Mary estaba contenta en Tánger porque solo tenía sexo con un hombre que el primo de Mammy Joey le asignó. Era “bueno” con ella, y ella le llamaba “mi marido”.

A Mary no le gustaba tener marido, hubiese preferido ir al colegio, como una vecina congoleña pero se sentía más afortunada que ella, porque su amiga después del cole tenía también sexo con marroquíes. Esa era la forma que su madre había buscado para tener dinero para el viaje. Así que Mary se sintió afortunada en Tánger, mendigando y con su “marido”. Aunque lo que más le angustiaba eran las constantes redadas, y todas las veces que perdió todas sus pertenencias durante ellas.

Al borde de la frontera en los países mediterráneos, las mujeres, niñas y adolescentes migrantes y refugiadas sufren un amplio rechazo social, que se manifiesta en una gran discriminación y racismo, y un mínimo acceso a unos servicios sociales que son de ya por sí bastante débiles.

Las estrategias de supervivencia emprendidas por las mujeres, niñas y adolescentes ponen de relieve la cuestión del género y el cuerpo como un elemento necesario para poder culminar el proyecto migratorio en el contexto de la militarización.

Tener un husband, un boyfriend, quedarse embarazada, que decidan sobre la salud sexual y reproductiva de las mujeres, o moverse en grupo, son vistos como elementos que aportan violencia pero “garantizan” cierta protección ante la violencia de las instituciones y ayudan a la culminación del proyecto migratorio.

Mary tuvo dos experiencias que la marcaron en Tánger, en ellas Mary sintió que no podría continuar, pero segúnMary Dios es grande y está segura que él si que la quiere.

Una vez Mary estaba mendigando, un coche de las fuerzas auxiliares la detuvo, y la condujo hasta un bosque a lasafueras, la desnudaron, la violaron y le quitaron todo su dinero. Habló de ello con el Pastor de su iglesia, lo explicó durante los testimonios de la ceremoniadel domingo. Allí dio gracias a Dios porque no la hubiesen matado, y rezó junto a su comunidad. A Mary nunca se le pasó por la cabeza denunciar a unos militares en Marruecos.

La segunda vez que se sintió derrotada fue cuando intentó cruzar en paterahasta Tarifa. Mary tenía mucho miedo al agua, nunca había entrado al mar, contaban cosas terribles de Mammy Water, muchas personas se habíanvuelto locas en las pateras. Aquel día llamaron a la “Cruz Roja” porque la barca se hundía, el agua entraba. Pero la Cruz Roja no llegó, a pesar de llamarles y llamarles. Eso sí vieron el helicóptero.

Los marroquíes aparecieron cuando la barca se había volcado. Los cuerpos flotaban en el agua, a Mary la sujetaba su marido. Los marroquíes cogieron algunos cuerpos, los otros se los quedó Mammy Water.

Mujeres recién rescatadas por Salvamento Marítimo. Fotografía de Miguel Parcha.

Mujeres recién rescatadas por Salvamento Marítimo. Fotografía de Miguel Parcha.

Mary dice que España y Marruecos no son buenos, que han visto morir a mucha gente, que eso trae la mala suerte.

Las mujeres, niñas y adolescentes son conscientes de que su supervivencia depende de las estrategias ligadas al uso de su cuerpo, explotadas en actividades como la mendicidad y la prostitución. Que no cuentan con marcos jurídicos capaces de proteger sus derechos, y muchas de ellas identifican las capacidades de resiliencia con la fe, Dios se convierte en lo único que existe, que te mira como un igual.

Son sistemas incapaces de asumir la protección de los derechos de las mujeres, niñas y adolescentes, incluso cuando llegan a territorio europeo. Siguen siendo invisibilizadas en sus derechos, tratadas como inmigrantes irregulares.

Sólo se les permite existir en el mercado negro de la economía neoliberal, donde de nuevo sus cuerpos son una “mercancía”, y donde al menos pueden sobrevivir a través de ellos.

Mary está pagando su deuda, tenía doce años cuando salió de su país, y le cuesta saber cuánto tiempo ha pasado. Sigue siendo pequeña, pero en sus papeles del asilo tiene la edad que a dado Mammy Joey, veinte años. Mammy Joey le dice que parece muy pequeña, y que tiene que maquillarse más. Mary casi no tiene pechos, y unas caderas muy estrechas, a pesar de ello cada noche hace de cinco a diez servicios sexuales. No le gusta el sexo, sobre todo el oral, que en Libia practicó a punta de pistola. Ese fue su último trayecto antes de llegar a Europa, un gran barracón donde se hacinaban más de mil personas en la Costa de Libia. Entraron en un viejo barco, ella abajo en la bodega, hasta que les rescataron.


Helena Maleno Garzón. Investigadora especialista en migraciones y Trata de Seres Humanos, y activista del Colectivo Ca-minando Fronteras.

Artículo publicado en el nº69 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2016.


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