DANIEL AHMED: “El islam queer es un islam de lucha, de disidencia frente a los discursos LGBTQI+fóbicos propios de las lecturas más misóginas y patriarcales del islam”

Daniel Ahmed es licenciado en periodismo, educador social y activista en el ámbito de la islamofobia y la diversidad sexual y de género en el islam. Actualmente, se encuentra realizando una investigación doctoral sobre activismo queer musulmán en la Europa Contemporánea en la UAM (Universidad Autónoma de Madrid). Asimismo, forma parte de la red Nasij. Lo conocimos en la XI Jornadas de Estrategias Positivas de Desarrollo “Resistencias al Modelo Dominante desde la Diversidad Sexual y de Género” organizadas por el Ayuntamiento de Bilbao y la Agencia Vasca de Cooperación.
Fotografía realizada por Beatriz Plaza, colaboradora de Pueblos.

Fotografía realizada por Beatriz Plaza, colaboradora de Pueblos, durante la entrevista.

Nasiji surge a través de la necesidad de cruzar la diversidad sexual y de género y la religiosidad/espiritualidad. ¿Cómo surgió esa necesidad? ¿Cómo es el proceso en la toma de conciencia individual para convertirlo en un deseo colectivo?

La necesidad de una iniciativa como Nasij está vinculada directamente a la propia existencia de personas musulmanas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ii. Parece que cuando hablamos de diversidad sexual y de género y espiritualidad hacemos referencia a categorías diferenciadas. Nasij es un punto de encuentro para las personas en las que se cruzan estos dos ejes: la espiritualidad (musulmana en este caso) y una orientación sexual o identidad de género no normativa.

El paso de la necesidad individual a la formación de una iniciativa colectiva nace de la urgencia de hacer frente a las dificultades específicas a las que nos enfrentamos las personas musulmanas queer. En primer lugar, una clara hostilidad hacia todo lo que tenga que ver con el islam. En segundo lugar, una tendencia secularista, más o menos beligerante, dentro de los movimientos sociales (especialmente dentro de los colectivos LGBTIQ+) que en muchas ocasiones acaba plasmándose en una actitud profundamente teofóbica. Por último, también encontramos dentro de las propias comunidades musulmanas un cierto rechazo a hablar sobre diversidad sexual y de género.

¿Quiénes formáis parte o participáis en este proyecto?

Tal y como lo entendemos desde Nasij, lo importante no es tanto el tener una identidad religiosa, orientación sexual o identidad de género específica, sino el entender más bien que estas identidades, estos ejes, son compatibles. Dentro del colectivo Nasij hay personas musulmanas y queer y personas que no lo son. Lo importante es que todas estamos interesadas en desarticular los prejuicios y los estereotipos que hay en relación al islam, con el objetivo de dar una visión mucho mas inclusiva de dicha tradición espiritual. Somos personas conscientes de que la imagen que se transmite desde los medios de comunicación no se ajusta a la visión que las personas musulmanas (o las personas que han tenido un contacto estrecho con el islam) tenemos de nuestra propia tradición espiritual.

Las jornadas en las que has participado en Bilbao tratan de reflexionar sobre la diversidad sexual y de género en las políticas de cooperación al desarrollo. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Yo creo que habría que empezar por redefinir qué entendemos por desarrollo. Tal y como se entiende desde Nasij, no puede haber desarrollo sin diversidad. El desarrollo que no tiene en cuenta que las personas somos ampliamente diversas, ya sea en lo relativo a nuestra orientación sexual o identidad de genero, a las lenguas que hablamos, a nuestras pautas culturales o a las creencias que tenemos, no puede llamarse desarrollo.

Fotografía realizada por Beatriz Plaza, colaboradora de Pueblos.

Fotografía realizada por Beatriz Plaza, colaboradora de Pueblos, durante la entrevista.

Reivindicáis la superación de interpretaciones retrogradas y conservadoras de El Corán, realizadas en su mayoría por hombres desde una perspectiva misógina y patriarcal. ¿Cuál es vuestra interpretación?

Desde Nasij, desde el propio movimiento musulmán queer, así como desde otros movimientos afines como el feminismo islámico, creemos que de lo que se trata es precisamente de reinterpretar los textos o, mejor dicho, interpretarlos por primera vez ya que, hasta el momento, las únicas interpretaciones que nos han llegado han sido realizadas por hombres pertenecientes a una época y cultura muy específica. Por ello, podemos hablar de la primera interpretación realizada por sujetos invisibilizados hasta el momento: mujeres y personas diversas a nivel de identidad de género u orientación sexual. Este ejercicio de interpretación no sólo se ciñe a El Corán, también se analizan los hádices (los dichos y hechos del profeta), o la jurisprudencia clásica desarrollada durante la Edad Media.

De dicho análisis concluimos, de manera inequívoca, que no existe ningún versículo en El Corán que condene explícitamente la homosexualidad. La condena de las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo en el islam (así como en el judaísmo y el cristianismo) surge de una interpretación tendenciosa y sesgada de la historia de Sodoma y Gomorra. Cuando analizamos dicha historia desde una perspectiva mas amplia, comparándola con los textos de otras religiones, atendiendo a los hechos históricos y las investigaciones que han sido registradas sobre la historia y su autenticidad, nos damos cuenta de que las interpretaciones ortodoxas se han centrado en los aspectos relacionados con la sexualidad, confundiendo la violación con una orientación sexual ligada a una identidad y basada en el consenso y respeto mutuo como es la homosexualidad. La homosexualidad no está condenada en El Corán.

A pesar de ello, desde “occidente” se utilizan algunas lecturas sobre El Corán para construir discursos islamófobos…

Se utilizan porque la jurisprudencia clásica sí que interpretó que lo que se penalizaba eran las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y, en base a ello, se elaboró un código punitivo contra dichas prácticas. Cuando desde ese “occidente” se oyen voces que afirman que el islam es homofóbico por naturaleza, lo que se está asumiendo son los mismos argumentos conservadores, misóginos y patriarcales propios de las interpretaciones clásicas medievales.

tomas como referencia el período de la Edad Media, no obstante, en la actualidad desde “occidente” se siguen utilizando argumentos islamófobos para justificar ciertas actitudes y prácticas homofóbicas….

Es cierto que nos encontramos en un momento en el que las legislaciones de algunos de los países de mayoría musulmana criminalizan de forma tácita este tipo de relaciones, pero también habría que tener en cuenta cuál ha sido el papel de la herencia colonial en dicha legislación. Es interesante observar como, si bien no podemos negar una criminalización de determinadas prácticas homosexuales en la jurisprudencia clásica, la vivencia de dichas prácticas era, de alguna manera, mucho más laxa, estaba tolerada siempre y cuando no se realizara en el espacio publico. Existe toda una literatura homoerótica procedente de la época clásica de la civilización arabo islámica que sustenta dicha idea. La llegada de la colonización no sólo llevó toda la imposición de un sistema económico y político, sino también cultural. Las leyes de condena de la homosexualidad de una Europa sumida en una rígida moral victoriana fueron también exportadas e implementadas.

Fotografía realizada por Beatriz Plaza, colaboradora de Pueblos.

Fotografía realizada por Beatriz Plaza, colaboradora de Pueblos, durante la entrevista.

Indicas que existen ciertos países de mayoría musulmana que penalizan las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo, pero hay otros países con otras mayorías religiosas que también las penalizan.

Según datos de ILGA (Asociación internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans e Intersexuales), en la actualidad hay 75 países que criminalizan las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo, no la orientación sexual o la identidad de género. De esos 75, hay 26 países que son de mayoría musulmana. 8 de ellos contemplan la pena de muerte aunque es sólo es implementada en excepcionales circunstancias en 5 de ellos (Arabia Saudí, Irán, Sudan, Yemen y Mauritania). El resto de países, 49 en total, son países de mayoría cristiana, hinduista, budista o bahai y, a excepción de Rusia, raramente son mencionados. En este sentido sería interesante plantear algunas cuestiones: ¿es el islam la categoría definitoria detrás de estas leyes? ¿la población musulmana de esos países comulga con dichas leyes?¿es el islam el que criminaliza dichas prácticas o determinadas leyes, dictaminadas por determinados gobiernos amparándose en determinadas tradiciones espirituales o religiosas?¿esta situación de hostilidad vs la homosexualidad siempre ha sido así o ha evolucionado a lo largo de la historia?

La “crisis” de la población refugiada que está llegando al Este de Europa está alimentando discursos islamófobos y el auge de partidos de ultraderecha. Estos discursos suelen instrumentalizar los derechos de las personas LGBTIQ+ para criminalizar a las personas musulmanas, a través de estrategias como el homonacionalismo o el pinkwhasing. ¿En qué consisten dichas estrategias?

Estamos asistiendo a una hostilidad creciente hacia todo lo que tenga que ver con el islam y las formas en las que se está plasmando esta hostilidad tienen una clara orientación hacia el género, entendido éste de una manera mucho más amplia, incluyendo a todas aquellas personas que no se ajustan al binarismo hombre-mujer heteronormativo..

El término pinkwashing se utiliza normalmente para referirse al lavado de imagen del Estado de Israel en relación a la violación sistemática de los Derechos Humanos de la población palestina. En este caso, el estado de Israel se proyecta como un territorio gay friendly, de manera que el colectivo LGBTIQ+ pueda identificarse con el estado de Israel y acabar apoyando determinadas políticas islamófobas. En este sentido, no sólo se obvia que dicho “paraíso” es reservado sólo a determinadas personas atendiendo a criterios racistas, xenófobos y excluyentes (en función de la clase, la etnia o la pertenencia nacional), sino también la opresión ejercida por dichas políticas sobre la población LGBTIQ+ palestina.

El homonacionalismo hace referencia a las políticas feministas y pro derechos de las personas LGBTIQ+ que son instrumentalizadas desde posiciones conservadoras para apoyar posturas (y políticas) racistas, xenófobas y nacionalistas. La publicación de “guías de conducta” para refugiados como la puesta en marcha por el Ministerio del Interior de Austria este mismo año, son un claro ejemplo de dicha estrategia. En ella, no sólo se presupone una superioridad nacional respecto a las personas refugiadas percibidas y representadas como ignorantes, intolerantes, incívicas y LGBTIQ+ fóbicas, sino que reduce a estas personas a un par de ejes (“musulmaneidad” y heterosexualidad) obviando que algunas de ellas también pueden ser no musulmanas y/o pertenecientes al colectivo LGBTIQ+.

Además, estos discursos obvian que en Europa también ha habido población musulmana a lo largo de la historia.

Dicho discurso parte de la presunción de una identidad europea de origen greco-judío-cristiano donde el islam (entendido como una alteridad oriental y exógena) no tiene cabida. Más allá de las evidencias históricas que ponen en duda tales presunciones, dicha idea obvia que gran parte de la población musulmana residente en Europa en la actualidad está formada por ciudadanos europeos por derecho: descendientes de personas musulmanas migradas, personas musulmanas migrantes nacionalizadas, ciudadanos y ciudadanas europeos convertidos al islam y sus descendientes, musulmanes de los Balcanes, Ceuta y Melilla…

¿Qué papel juegan los medios de comunicación de masas en la legitimación del Islam como LGTBIQ+fóbico?

El tema de los medios de comunicación es un tema complicado y ante el cual caben dos posturas: o nos callamos y no entramos en su juego o nos valemos de ellos para transmitir una información más fidedigna. En el primero de los casos, si guardamos silencio, lo que hacemos es darles espacio para que sean ellos los que construyan nuestra propia imagen. En el segundo de los casos, corremos el riesgo de ver cómo se tergiversan los discursos, las apariciones y las entrevistas.

Desde Nasij somos muy conscientes y críticas sobre el papel que juegan los medios en la transmisión del discurso islamófobo (y de otros muchos discursos) pero no tenemos ninguna línea de actuación específica que vaya en esta dirección más allá de promover públicamente una visión de un islam inclusivo y queer. Es interesante constatar que este tipo de visiones no interesan y los medios nunca se hacen eco de ellas. Vende mucho más una imagen de un islam violento y de muerte.

Para finalizar me gustaría preguntarte sobre el cómo: entiendo que Nasij es un movimiento nuevo pero con intención de formar parte de una red transnacional queer musulmán. ¿Qué aportaciones hace el islam queer? ¿Qué pretende transformar?

Desde Nasij entendemos el concepto queer como un término paraguas que va más allá de las siglas LGTBIQ+, ya que incluye a personas que igual no se identifican con tales siglas, pero sí con nuestra lucha. Lo queer hace referencia a lo disidente, lo que se sale de la normatividad. Es como un juego de palabras. Cuando añadimos la idea de lo queer al islam, lo que queremos resaltar es que hablamos de un islam de lucha, de disidencia frente a los discursos LGBTQI+fóbicos propios de las lecturas más misóginas y patriarcales del islam, como a los discursos hegemónicos europeos en torno al secularismo, la islamofobia y la diversidad sexual y de género.


i Nasij: https://www.facebook.com/Nasij-1487428971539744/

ii LGTBIQ+ son las siglas que designan a los colectivos; lésbico, gay, transexual, bisexual, intersexual, queer, incluyendo a través del + cualquier otra identidad que se quede en el medio de todas ellas.


Eneko Calle García es colaborador de Paz con Dignidad y de Pueblos – Revista de Información y Debate.


 

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