Los hilos mediáticos del África al sur del Sáhara

Quién controla a los medios de comunicación es una cuestión que pasa desapercibida. Y no es casual. La respuesta atenta directamente contra las estructuras de poder que están reforzadas por los agentes publicitarios que, a su vez, sostienen las radios, televisiones, periódicos y el propio internet. La apariencia de un abanico amplio de opciones para informarnos nubla una realidad que ataca directamente a la democratización de los contenidos y al ejercicio de la propia profesión que desde hace tiempo ha sustituido sin ningún escrúpulo la máxima de informar por la de vender. Antes, esta variable estaba de alguna forma encubierta, pero el capitalismo monopolista no tiene espacio para distracciones.

El ecosistema actual de medios del continente africano es vibrante. En algunas ciudades donde hace apenas una década (antes de la ola de liberalizaciones de los años noventa) había aproximadamente tres o cuatro periódicos y una radio (la del gobierno), hoy cientos de empresas compiten por hacerse un hueco. La población consumidora africana está más conectada por la accesibilidad de teléfonos móvil desde los que llamar, chatear, tuitear o incluso pagar. Aunque el acceso sea asimétrico.

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Paula Cabildo.

Dos ejemplos: actualmente hay unos doscientos periódicos en la República Democrática del Congo (RDC). Algo parecido sucede en Nairobi, capital de Kenia, en la que cientos de personas dedicadas a la venta ambulante moldean el paisaje urbano con periódicos bajo el brazo en varias lenguas: inglés, suajili, kikuyo, luo o árabe. Al mismo tiempo, el continente ha visto cómo hombres (sobre todo, hombres) lideran grandes conglomerados mediáticos que controlan la mayor parte del contenido que se genera. Algunos de estos ejemplos serían el sudafricano Koos Bekker, el tanzano Reginald Mengi o el nigeriano Raymond Dokpesi.

Una relación complicada: África y los medios

La prensa, tal y como la conocemos en Occidente, surgió en el continente africano de la mano del colonialismo. En parte como soporte para mantener informadas a las pequeñas élites económicas de las colonias y ofrecer un espacio donde anunciarse; en parte como un mecanismo más, utilizado por las metrópolis, para “educar” en los valores occidentales. Sobre todo, el desarrollo del cine colonial y misionero en las décadas de los 20, 30 y 40 presentan un claro ejemplo de cómo la colonización utilizó las herramientas comunicativas para respaldar su misión “civilizadora”.

La noción de la construcción del Estado en África ha estado ligada a los medios desde su inicio y se produjo en diferentes niveles. En primer lugar, a raíz de las independencias en la década de los años 60, el pensamiento político africano empezó a preocuparse por la construcción de los Estados-nación y la consolidación del poder político. Su manifestación abierta fue la nacionalización de los medios de comunicación (prácticamente en un 80 por ciento eran propiedad de las élites coloniales), convirtiéndolos, de hecho, en portavoces de los nuevos Estados. En esta primera fase, los medios de comunicación fueron vistos como instrumentos para forjar y mantener una identidad nacional unificada y soñada.

En consonancia con este énfasis histórico sobre la construcción nacional, varios presidentes africanos vieron en los medios de comunicación posibles vehículos para sus ideologías políticas de la unidad nacional.

Por ejemplo, el presidente Jomo Kenyatta (Kenia) instaba a la prensa a que “buscase la unión, en lugar del aislamiento”. De esta manera, en función de las ideologías, el relato varió según el país: podemos encontrar el discurso de la “Personalidad africana” en la Ghana del presidente Kwame Nkrumah; el movimiento de la “Negritud” en el Senegal de Leopold Senghor; la unidad nacional o “Harambee” en Kenia; el “Ujamaa” (o unión) en Tanzania, de la mano del padre del socialismo africano, Julius Nyerere; la narrativa del “Humanismo” en Zambia, respaldada por su primer presidente Kenneth Kaunda; o el “Chimurenga” (lucha revolucionaria) en el Zimbabue de Robert Mugabe.

En segundo lugar, en el plano internacional, las ideologías postcolonialistas de construcción de la nación debían coincidir con las convocatorias de un Nuevo Orden de la Información y la Comunicación (NOMIC). Curiosamente, en 1985, Edward W. Said, en su reconsideración del orientalismo[1], se refería al debate sobre el NOMIC en términos de la producción irregular de los conocimientos y de los medios de comunicación para protegerse contra el nativismo, la intervención divina, el regionalismo, y las cortinas de humo ideológicas.

En tercer lugar, en la era de la globalización actual, las preocupaciones de los medios africanos se centran en cómo el Estado postcolonial puede volver a legitimarse ante los ojos de la gente. ¿Por qué? Pues porque la globalización desafía la noción del Estado-nación como unidad geográficamente acotada, haciéndola permeable a las influencias globales de la liberalización económica, la privatización, la comercialización y la internacionalización.

En esta nueva configuración, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y una serie de organizaciones internacionales determinan y dictan la política fundamental. Son, en muchos aspectos, las nuevas administraciones coloniales. Y en este caso, los medios de comunicación se convierten en un peón en la política del poder, siendo desplegados al servicio de las élites estatales y tratando de conquistar los corazones y las mentes de la ciudadanía.

Algunos de los problemas más críticos y difíciles que impiden el desarrollo de los medios, ya sean heredados del pasado o de los marcos políticos actuales, son de carácter económico. Kenia, Nigeria y Sudáfrica se encuentran entre los pocos ejemplos de entornos en los que las grandes empresas de negocio están detrás de las empresas mediáticas.

Paula Cabildo.

Paula Cabildo.

Es importante observar también que el nuevo ecosistema político/legal ha favorecido la entrada de medios de comunicación extranjeros. Pero de alguna forma no son nuevos. Muchos de los medios dominantes disponibles y accesibles para las grandes audiencias africanas tienen vínculos accionariales con las antiguas metrópolis y, cuando no, la voz de sus principales agencias son referencia obligada para seguir la actualidad: la BBC (Inglaterra), Radio France International (Francia), Voice of America (Estados Unidos) o la Deutsche Welle (Alemania).

Países enmarcados dentro de las economías más pujantes del mundo también tienen un protagonismo cada vez más considerable en África, como muestran los ejemplos de China y su nuevo canal de televisión CCTV-Africa, o Turquía, con EbruTV. Un caso interesante también a tener en cuenta es el de AlJazeera, que en los países anglófonos está alcanzando cuotas elevadas de seguimiento.

No es previsible esperar que los medios de propiedad privada africana tengan el alcance de los grandes grupos internacionales que ya están consolidados en el continente. Sin embargo, tampoco parece que ésta sea la dinámica, especialmente por las condiciones económicas. Más bien es pertinente preguntarse dos cuestiones: por un lado, si la industria de los medios en África no se presentará como otro nuevo Dorado para el intento de control socioeconómico y, en segundo lugar, cuáles son las prácticas comunicativas-empresariales que estarían ejerciendo estos medios “nacionales”.

El impacto de la globalización mediática en África

A pesar del relativo aislamiento en los flujos de información (hay quien puede pensar que se trata de marginación), el continente africano se encuentra desde hace una década en la cúspide de los procesos comunicativos. Entre otras cuestiones, la globalización ha permitido que las imágenes y programas de la industria cultural dominante sean efectivos para captar seguidores con lenguajes heterogéneos y con diferentes culturas. De hecho, África está inundada por el contenido de los medios de comunicación de masas y, con él, la filosofía, valores y diferentes visiones del mundo, sobre todo de los Estados Unidos.

La explicación es sorprendentemente simple: no hay numerosas fuentes de noticias en el mundo y el ejemplo del panorama en Estados Unidos puede resolver algunas dudas. Cinco grandes corporaciones controlan el 90 por ciento de los medios de comunicación y conectan a estos cinco conglomerados con las élites de la clase política y económica: Tim Warner, Disney, News Corporation, Bertelsmann y Viacom. Sus ramificaciones llegan a Europa, América Latina, Asia y África.

Sin embargo, aunque estos breves ejemplos dan una impresión de un África asaltada por los medios de comunicación del Norte y sus valores afines, el intercambio cultural aquí no es uniforme y unidireccional. Las y los africanos son mucho más que receptores pasivos de mensajes. A pesar de la casi abrumadora exposición a la programación occidental y a que los controles gubernamentales africanos sobre sus medios de comunicación tienen su base en modelos coercitivos del colonialismo europeo, los mass media africanos participan activamente en la hegemonía cultural que acompaña a la globalización.

Conglomerados mediáticos africanos

Los conglomerados mediáticos mundiales cosechan una cultura global que puede ser empaquetada, publicitada y vendida como nueva al estilizar los distintos productos que ofertan: noticias, películas, vídeos, canciones, discos, revistas y sus accesorios culturales sinérgicos, desde ropa a alimentos y artículos de cuidado personal. El éxito de la animación y el propio modelo de la publicidad promovida por los medios de comunicación transnacionales indica el liderazgo hegemónico del capital global, ya que millones de personas se sienten atraídas por la levitación y el dulce olor del placer de comprar.

Los medios de comunicación globales y sus anunciantes buscan continuamente nuevos productos y nuevos mercados, apropiándose de ellos y estimulándolos, pero siempre dentro de un marco modificado de composición. Sin embargo, tanto la diversidad de experiencias culturales como sus prácticas y manifestaciones artísticas quedan fuera de los límites de los grandes conglomerados mediáticos. ¿Y qué estrategia utilizan? La absorción y compra, o las alianzas estratégicas comerciales en aquellos sectores donde no tienen influencia. Y en el continente hay varias empresas, que aunque con inversión de capital local, siguen esta estructura mundial. A continuación cuatro ejemplos.

  • Naspers (Sudáfrica)

Puede que sorprenda saber que la multinacional más grande de Sudáfrica no se dedica a la extracción de recursos minerales como diamantes, oro o plata. Tampoco procesa aceite ni produce cerveza. Al contrario, es una empresa de medios. Y el sudafricano Koos Bekker, de 62 años y posiblemente el magnate con más influencia mediática en África, está lejos de jubilarse. Bekker es el director general y el mayor accionista individual de Naspers, un conglomerado que, entre otras empresas, controla 23 revistas (incluyendo las más leídas de la “prensa rosa” You, Drum y True Love), siete periódicos y el gigante de la televisión de pago DSTV. El origen del nombre de Naspers proviene de la lengua afrikans, Nasionale Pers (Prensa Nacional) y, desde que cambiara su nombre oficialmente en 1998, se ha erigido en una multinacional que ofrece servicios en más de 130 países.

Lo interesante es que sus orígenes estuvieron ligados a la dirigencia del Apartheid. Han tenido que pasar 100 años desde la fundación de Nasionale Pers (julio de 2015) para que uno e sus directivos pidiera oficialmente disculpas por su papel clave durante el racismo institucionalizado de Sudáfrica.

Además, Nasper tiene aspiraciones intercontinentales como lo demuestran su editorial Abril, de gran influencia en Brasil, sus empresas en Europa del Este o sus dos estandartes del antiguo bloque comunista: por un lado, Tencent, una empresa china cuyas subsidiarias proveen servicios de internet y telefonía móvil; por otro, tiene acciones en el holding ruso DST, propietario del portal de Internet Mail.ru.

  • Nation Media Group (Kenia)

Nation Media Group (NMG) tiene una historia de poco más de 50 años y actualmente es uno de los mayores conglomerados mediáticos en el continente y el más grande de África del Este. El fundador, Karim Aga Khan, se graduó en Harvard en 1960 con una licenciatura en Historia Islámica, justo dos años después de convertirse en imán de los chiitas ismaelíes como Aga Khan IV. Así, se convirtió en el imán número 49. Fue precisamente en 1960 cuando Aga Khan IV sembró la semilla del NMG.

Este grupo con sede en Nairobi, fundado tres años antes de la independencia de Kenia, nació en un momento en el que la prensa estaba controlada por la colonia, por lo que su objetivo fue proporcionar noticias independientes a través de los periódicos Taifa Leo (en kisuajili) y Nation (en inglés). Actualmente tiene presencia en televisiones, radios y periódicos en Kenia, Tanzania, Uganda y Ruanda.

El máximo accionista del NMG es el Fondo Aga Khan para el Desarrollo Económico (AKFED), un organismo internacional que a su vez forma parte de la Red de Desarrollo Aga Khan (AKDN), con sede en Ginebra. Esta estructura tiene varias agencias que trabajarían en sectores tremendamente diversificados como el medio ambiente, la salud, la educación, la cultura o las microfinanzas. Como se puede apreciar, encontrar informaciones comprometidas sobre el AKDN, que trabaja en 30 países de África, Asia y Oriente Medio, puede ser una cuestión complicada.

  • IPP Media Group (Tanzania)

Reginald Mengi es una de las personas más influyentes de Tanzania. IPP Media Group, fundado a mediados de 1980, es propietaria de diez periódicos nacionales, dos de las estaciones de televisión más populares de África Oriental y una decena de estaciones de radio.

Al mismo tiempo es dueño de Bonite Bottlers, el único embotellador de productos de Coca-Cola en la región norte de Tanzania y de la marca de agua embotellada Kilimanjaro, la más vendida en el país. IPP Resources es propietaria de minas de oro, uranio, cobre, cromo y carbón, lo que explica a la perfección la dinámica capitalista en la que sectores alejados de los medios de comunicación penetran en ellos y adquieren su control.

  • Daar Communications PLC (Nigeria)

Es el conglomerado mediático más importante de Nigeria, la primera economía del continente. Constituido en 1988, fue pionero con el establecimiento de la emisora de radio Raypower y con el lanzamiento de la primera televisión por satélite de África, en 1996, Africa Independent Television (AIT).

En 2003 lanzó su señal en los Estados Unidos y ahora se recibe en México, el Caribe y en toda Europa gracias al satélite Hotbird. Detrás de la rama comunicativa se encuentra Raymond Dokpesi, presidente también de Daar Investment Holding, un consorcio de bancos liderados por el Union Bank Plc, de capital mayoritariamente inglés.

Breves apuntes finales

Los ejemplos mencionados ilustran cómo la globalización de los medios en el continente africano se encuentra en un momento de dinamismo creciente y cómo sus prácticas están conectadas con los procesos globales capitalistas. Sin embargo, el acceso a las tecnologías de la información en África continúa siendo asimétrico.

Muy a menudo hay una suposición implícita de que los cambios que está experimentando el sector mediático en Europa o Estados Unidos (en términos de crisis) tienen su reflejo en el resto del mundo. Pero, en la gran mayoría de países al sur del Sáhara, la industria mediática es vibrante. El estudio de la estructura de la información y de la industria de los medios en África podría beneficiarse del actual dinamismo del continente, a menudo descuidado en los debates contemporáneos.


Sebastián Ruiz es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate. Actualmente reside en Nairobi (Kenia).

Artículo publicado en el nº67 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2015.


NOTAS:

  1. Edición revisada (1985) de la obra de Edward W. Said
    Orientalism, de 1977.


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