Congreso #comunicambio: Los debates en torno a la comunicación y la solidaridad

En mayo se celebró en Castellón el Congreso Internacional Comunicación, Sociedad Civil y Cambio Social (#comunicambio), organizado por el Instituto Interuniversitario de Desarrollo Social y Paz (IUDESP) de la Universitat Jaume I. Este congreso es un punto de inflexión en los debates fundamentales que se presentan hoy sobre la comunicación y su papel en la construcción de una ciudadanía más crítica, y resultado de un proceso que empezó en 2006 con el I Foro Comunicación, Educación y Ciudadanía.
Comunicambio 2015

Fotografías de Pablo Zareceansky.

Fotografía de Pablo Zareceansky.Mucho ha cambiado el escenario desde que arrancara en Pamplona este primer foro, bajo el título “Otras relaciones entre medios de comunicación, movimientos sociales y nuevas tecnologías”. Nacía como un lugar de encuentro para identificar y compartir experiencias, generar propuestas. Ingenuamente pretendíamos comenzar a crear un círculo virtuoso donde dialogaran las prácticas comunicativas que venían haciendo las ONG y ONGD y la reflexión sistemática académica que andaba más o menos encerrada en la universidad. Ese evento tuvo continuidad un año después en un II Foro de Comunicación, Educación y Ciudadanía, en el que nos peguntábamos si era realmente posible pensar la ciudadanía en el siglo XXI y no hacerlo en términos de cultura digital. Después, ya en el 2010, Córdoba acogió el III Foro internacional de Educación, Comunicación y Ciudadanía bajo el epígrafe “Cultura hegemónica y diversidad cultural”; y en 2013 se articuló el IV Foro, esta vez como Foro Andaluz de Educación, Comunicación y Ciudadanía.

Por el camino se produjo una crisis económica que vapuleó duramente al sector de la cooperación internacional, y tuvo lugar la eclosión de las redes sociales y un 15M que agudizó la crisis de modelo y legitimidad de las ONG, aspectos que, por un lado, redujeron los recursos y dificultaron la coordinación y, por otro, multiplicaron las propuestas y debates. La red informal de investigadores, activistas y comunicadoras y comunicadores que se había generado en el ámbito estatal se rearticuló a través de Facebook y de la etiqueta #comunicambio.

Ahora, en 2015, el Congreso Internacional de Comunicación, Sociedad Civil y Cambio Social #comunicambio se ha presentado como quinta edición de los Foros, continuación de las cuatro ediciones del Congreso de Educación para el Desarrollo y culminación de 20 años de Máster en Estudios Internacionales de Paz, Conflictos y Desarrollo del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Social y Paz (IUDESP) y de la Cátedra UNESCO de Filosofía para la Paz[1].

Tanto por su planteamiento como por su desarrollo académico y logístico ha constituido una práctica avanzada de comunicación para el cambio social en sí mismo, donde los “teóricos” sobre comunicación han compartido espacios y debates con activistas de los movimientos sociales y las ONG, debates organizados en torno a los ejes de: epistemología y búsqueda de indicadores de la comunicación; discursos, representaciones y empoderamiento; periodismo y medios de comunicación; comunicación comercial y organizaciones; movilización social y emociones; ciberactivismo y movimientos sociales; educación y sociedad civil; y, por último, narrativas transmedia y activismo.

Fotografía de Pablo Zareceansky.

Fotografía de Pablo Zareceansky.

Fotografía: Eloísa Nos Aldás.

Fotografía: Eloísa Nos Aldás.

Escenario general y comunicativo

La puesta al día de las relaciones entre comunicación y cambio social nos ha descubierto que estamos ante un escenario general de transición donde la dimensión comunicativa ha adquirido un papel protagonista. Como afirma Víctor M. Marí Sáez[2], se nos presenta un escenario de cambio paradigmático, de “múltiples transiciones” concatenadas que afectan a los ámbitos político, comunicativo y tecnológico, pero dentro siempre de otros niveles contextuales de mayor alcance que también se están transformando.

Por un lado, la crisis estaría consumiendo los últimos rescoldos del mito moderno del progreso y la gente comenzaría a sentir al capitalismo financiero como una amenaza a la vida democrática y cotidiana de las mayorías sociales, y se abriría paso la necesidad sentida del cambio. Por otro, aumentan los desencuentros entre las personas, empeñadas en construirse como sujetos, y las instituciones, empecinadas también pero en resistir como prisiones tardomodernas. Por eso la exigencia de radicalidad democrática (la democracia como cultura de participación decisiva) se ha convertido ya en un fantasma que acecha a todas las instituciones.

A diferencia de lo que sucedía en el pasado, ahora resulta especialmente complejo separar con nitidez el escenario general del escenario comunicativo. Desde los movimientos y las redes sociales se vienen creando nuevos horizontes comunicativos y deliberativos, lo que abre una brecha creciente entre una ciudadanía que exige participación (optativa y decisiva, de abajo a arriba), y unas instituciones adheridas a una cultura (la del sistema) que le impide permitirla o activarla. Es decir, la crisis social se convierte así en institucional y, en gran parte, en comunicativa: es de modelo de sociedad, de modelo de instituciones y de modelo de comunicación.

Como plantea Thomas Tufte en su obra más reciente[3], lo que se cuestiona es, en definitiva, un nuevo tipo de agencia social de base radicalmente comunicativa: la reivindicación de la pluralidad, de la polifonía que surgiría como condición comunicativa. Hablaríamos entonces de un nuevo escenario comunicativo de raíz dialógica: la sociedad en la que las relaciones sociales se tejen en forma de red y que permite muchas voces diferentes deliberando juntas a la vez. La transformación social, por tanto, quedaría sobre todo en manos de los actores sociales.

Pero este escenario es dual, esquizofrénico. Tal y como señala Marí[4], un escenario de “múltiples transiciones” paralelas inaugura un período de transición inestable que nos obliga a personas e instituciones a comportarnos como “anfibios”: estamos determinadas a respirar en dos medios distintos si queremos sobrevivir. Por eso la comunicación se adueña de los procesos políticos. Es verdad que frente a la idealización académica de una esfera pública democrática hoy se abre paso la constatación empírica de su posibilidad a través del ejercicio ciudadano decisivo de la acción política, pero lo hace de forma ambivalente, mezclándose con las viejas formas de hacer política. Algo parecido le sucede al sistema mediático, el cual, como apunta Víctor Sampedro[5], permite por primera vez la creación de un periodismo de código libre, pero amenaza también con su cierre hacia un poderoso modelo de control autoritario.

Un panorama más rico
en las comunicaciones para la solidaridad

La pregunta es: en ese escenario, ¿en qué condiciones concretas se presenta eso que podríamos cobijar baja el paraguas impreciso de unas “comunicaciones para y hacia la solidaridad”? La respuesta: en un prometedor despunte de los viejos debates (con formas y vitalidad renovadas) y de nuevos debates de alcance esperanzador. Ahora disponemos de un rico y renovado abanico conceptual, revitalizado desde un sinfín de experiencias y prácticas comunicativas procedentes de las organizaciones y redes sociales. Y, por si fuera poco, ya podemos presumir de una articulación sistemática entre los campos de la reflexión e investigación y de las prácticas sociales comunicativas, como se ha puesto formalmente de manifiesto en #comunicambio.

Fotografía: Eloísa Nos Aldás.

Fotografía: Eloísa Nos Aldás.

En términos nominales, el antiguo campo de reflexión y práctica comunicativa de las “comunicaciones para el desarrollo” parece capaz de oxigenarse y actualizarse ampliando sus horizontes a través de otros planteamientos más amplios: “comunicaciones para la solidaridad”, “comunicaciones para la transformación o el cambio social”, “comunicaciones para la ciudadanía” y “comunicaciones para el empoderamiento”. Estamos ante un debate radical. La complejidad que introduce la interpretación de “comunicaciones para el desarrollo” (Chaparro)[6] y la especificidad que puede suponer en el trabajo de las ONG de Desarrollo tienen que ver con el cuestionamiento de la categoría misma de desarrollo frente a las Epistemologías del Sur[7], encarnadas en propuestas como las del buen vivir. No es un diálogo retórico para el consumo académico, sino que se materializa en decisiones prácticas y políticas: la Federación Catalana de ONG de Paz, Desarrollo y Derechos Humanos ha adoptado recientemente la denominación de Federación de Organizaciones para la Justicia Global.

Por otra parte, la investigación de la comunicación para la solidaridad desde criterios de eficacia tecno-mercantil, de una hegemonía apabullante durante mucho tiempo, hoy cede espacio a otras perspectivas, como las aportaciones cada día más sólidas y concretas de las investigaciones procedentes del “enfoque de eficacia cultural” (Nos Aldas)[8]. Aquí podrían distinguirse los esfuerzos dedicados a la búsqueda de indicadores comunicativos desde el acercamiento a la psicología centrado en las emociones que cobijan la actitud solidaria (Nos Aldas, Picazo, Farré, Iranzo, Seguí-Cosme); a las políticas de comunicación (Marí); a la opinión pública y las redes sociales (Sampedro); al análisis de las prácticas comunicativas de ONG y ONGD, con especial atención al uso de la cultura y las redes digitales (Santolino); o al análisis de los vínculos entre comunicación y educación (Erro, Burgui), entre otros.

Nuevas prácticas
y políticas comunicativas para nuevas ONG

Hoy se presenta ya como una realidad indiscutible que las prácticas, estrategias y políticas comunicativas de los movimientos sociales, las ONG y las ONGD son la manifestación más clara de sus maneras de entender el mundo. Estamos pues ante una elección cada vez más consciente. De hecho, podemos afirmar que cada organización social selecciona y decide la concepción comunicativa que la informa, atraviesa y retroalimenta. Tampoco parece cuestionable que esa decisión comunicativa (que es radicalmente política) está determinada por otra elección paralela: la de su estructura organizativa. Lo que por cierto rescata, entre otros, el debate en torno a las dependencias entre forma jurídica, comunicación deliberativa y participación decisiva.

Parece que las ONG y ONGD, como el resto de instituciones sociales, estén siendo empujadas por las nuevas dinámicas ciudadanas a ir abriéndose a la “indeterminación” democrática de la comunicación y de la transformación social. Tal vez se pierdan viejas “certezas”, pero se gana en creatividad, socialidad y futuro. Otra cuestión, nada superficial por cierto, es hasta qué punto los comunicadores y comunicadoras sociales vamos “orientándonos” dentro de esa indeterminación, para contribuir así a “orientar” esas comunicaciones y esos cambios institucionales. Y todo eso en la medida que nos corresponde aquí y ahora.


Javier Erro es profesor en la Universidad Pública de Navarra. Montse Santolino forma parte de LaFede.cat (Organitzacions per a la Justícia Global).

Artículo publicado en el nº66 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2015.


NOTAS:

  1. Ver: www.epd.uji.es, www.iudesp.uji.es/SedeUJI y  www.cufp.uji.es.
  2. Marí Sáez, V. (2014): “Comunicación y Tercer Sector audiovisual en la actual transición paradigmática”, en Chaparro, Manuel (Ed.), Medios de proximidad: participación social y políticas públicas, Luces de Gálibo, Girona/Málaga.
  3. Tufte, T. (2015): Comunicación para el cambio social, Icaria, Barcelona.
  4. Ver nota 2.
  5. Sampedro, V. (2014): El cuarto poder en red. Por un periodismo (de código) libre, Icaria, Barcelona. Ver: www.victorsampedro.com.
  6. Chaparro, M. (2015): Claves para repensar los medios y el mundo que habitamos, Ediciones Desde Abajo, Bogotá.
  7. De Sousa Santos, Boaventura (2014): Epistemologías del Sur, Akal, Madrid.
  8. Nos Aldas, E. (VV.AA.) (2014): “Evaluación e indicadores de eficacia cultural”, en Chaparro, Manuel (Ed.), Medios de proximidad: participación social y políticas públicas, Luces de Gálibo, Girona/Málaga.

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