El Reportaje. Memoria de Argentina

Aparece en escena el viejo militar (Federico Luppi) esposado y custodiado por un joven policía (Juanjo Andreu). Una vez encerrado en la sala y liberado de los grilletes, ordena diligentemente sus papeles, coloca en protocolaria posición castrense su gorra de plato, se ajusta los puños y entalla con soltura la chaqueta del viejo traje de general. Recuperado el añejo orgullo, levanta la vista hacia la periodista interlocutora (Susana Hornos) con la que se va a confesar y la saluda con formalidad. A pesar del oprobio carcelario y su senectud, el personaje lo ocupa todo, y como una estremecedora pesadilla volvemos a ver, altiva y real, la terrorífica silueta de aquellos oficiales de la Junta Militar que instauraron el miedo y la represión como única forma de gobierno y destruyeron a picana y fuego casi una generación entera de jóvenes argentinos entre 1976 y 1983.

La obra de teatro El Reportaje, escrita por Santiago Varela y dirigida por Hugo Urquijo, desgrana a través de una entrevista al viejo ex general la estrategia de desactivación y censura durante los años de la dictadura de todos los movimientos artísticos y culturales del país; y en especial se centra en el hecho ocurrido en julio de 1981 en el Teatro Picadero de Buenos Aires, que fue pasto de las llamas, a manos de los militares, la misma noche que Frank Sinatra actuaba en la capital. En este teatro, un nutrido grupo de autores, técnicos, actores, escenógrafos, literatos y directores programaron, con no pocos problemas, una serie de 21 obras de teatro de media hora cada una a razón de tres obras al día y durante todos los días de la semana. Este ciclo, llamado Teatro Abierto, fue vilmente aniquilado, pero con el tiempo se ha convertido en uno de los iconos para la memoria de la resistencia cultural durante la dictadura argentina.

A pesar de sus leves tropiezos de memoria, de su natural debilidad física, de la condescendencia de su interlocutura y de sus pequeñas confesiones de fracaso y cotidianeidad, las afirmaciones que va desgranando el militar, magistralmente interpretado por Luppi, y su presencia física, guardan intactas el aura del terror. El aplomo de sus convicciones asesinas y la perfección de su semántica sobre la supuesta filfa de la democracia y el sufragio, el inevitable “proceso de reorganización nacional”, la cultura “bien entendida”, o el honor de la patria y los antipatriotas, nos van mostrando a lo largo de la representación un particular y arentdiano ensayo sobre la banalidad del mal. La regresión al pasado resulta heladora por la cercanía de aquellos años y por la vigente conexión que engarza tanto con las miserias políticas del presente como con la humillación de los procesos de amparo e impunidad que supusieron cosas como las leyes de obediencia debida, la de punto final o la sangrante retahíla de indultos.

Por suerte, la cultura argentina en general y el mundo del teatro, la literatura y el cine en particular, reaccionaron pronto a la barbarie y no han dejado de hacerlo. Cabe reseñar la obra teatral de Benedetti Pedro y el capitán (1979) o las películas Tiempo de revancha (A. Aristarain, 1981, protagonizada por Luppi) o La noche de los lápices (H. Oliveira, 1985), entre otras. Pero a pesar de la reacción y la necesaria sobreactividad cultural, las decadentes figuras de aquellos militares y su seca y contundente palabrería no dejan de recordarnos que aquellos tiempos todavía no han muerto, que no deben de ser olvidados y que no dejan de aparecer continuos resortes y elementos inductores que, quizá, y con una velocidad pasmosa, nos puedan devolver al miedo y la impunidad.

Acaba la locución del militar, se hace negro en la sala y se me viene a la cabeza aquel himno que se cantaba en las escuelas argentinas, “La Aurora”, y con el que cierra la magistral película Garaje Olimpo (Bechis, 1999) en el momento en que María, la joven y torturada maestra protagonista, va a ser arrojada desde un avión al Río de la Plata.

Este artículo es una pequeña adenda de homenaje a ese grupo de entusiastas artistas del Teatro Abierto, al que rinde un perfecto tributo esta imprescindible y pequeña gran obra de teatro que es El Reportaje.


José Alberto Andrés Lacasta forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº65 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2015.


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