Carlos Velandia, ex guerrillero del ELN e investigador y formador en contrucción de paz: “Estoy seguro de que la sociedad civil europea no desea una paz de vencedores y vencidos, o una ‘pax romana’, para Colombia”

Carlos Arturo Velandia, quizás todavía más conocido con su nombre de combate en el ELN, Felipe Torres, fue miembro de la dirección nacional del Ejército de Liberación Nacional y vocero político en diálogos de paz con los gobiernos de Ernesto Samper Pizano y Andrés Pastrana Arango, así como en los dos primeros años del primer mandato de Álvaro Uribe Vélez. Preso durante diez años, tras cumplir la pena se exilió siete años y dedicó este tiempo a formarse sobre sobre conflictos y paces en el mundo[1] . En 2014 publicó el libro ‘La paz es ahora, ¡carajo!’, donde a título personal, como en esta entrevista, reflexiona acerca del conflicto armado colombiano y el actual proceso de paz[2] .
Carlos Velandia.

Carlos Arturo Velandia.

– Días previos a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el pasado mes de junio, el ELN y el gobierno hacen público un comunicado donde informan del inicio de una fase exploratoria de conversaciones. ¿Significaba un apoyo implícito a la reelección tras el triunfo en primera vuelta del candidato más conservador y contrario al proceso de paz con la insurgencia?

– Creo que ese comunicado fue emitido para llenar un vacío de información, porque a esa fecha solo se sabía que existían unos contactos exploratorios que no habían producido ningún resultado. A pesar de esto, el comunicado ayudó a crear un ambiente positivo y de esperanza en el final de la guerra.

– ¿Hay voluntad negociadora por parte del gobierno colombiano para llegar a un acuerdo de paz?

– Es evidente el riesgo político del Gobierno, sólo explicado por una gran voluntad de paz, la cual se equipara y corresponde con la voluntad de la guerrilla de las FARC-EP. Esta voluntad ha sido demostrada en actos concretos de paz, como la liberación de prisioneros de guerra, abandono del secuestro como práctica, tres treguas unilaterales temporales, tener a la mayor parte de su fila de cuadros de conducción estratégica en la mesa de diálogos, haber aceptado una agenda limitada y los acuerdos parciales logrados en los tres primeros puntos de la agenda.

– ¿Cómo es la relación actual con las FARC-EP?

– Inmejorable. Los tiempos de pugnacidad y confrontación en algunos territorios, principalmente Arauca y Sur del País, han quedado atrás. Ahora se les ve muy coordinados en los territorios comunes y las declaraciones y comunicados conjuntos son frecuentes. Esto denota una cercanía política e ideológica que me permite pensar que las FARC-EP y el ELN estarán juntos en la paz, por si se da, o juntos en la guerra, por si les toca.

– Han sido varios los gobiernos latinoamericanos que se han ofrecido como anfitriones y mediadores en un eventual diálogo entre el gobierno y el ELN. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, reveló que fue su país quien acogió durante dos semanas las primeras reuniones. ¿Se formalizará Ecuador como sede de los diálogos?

– Ha trascendido que también se han realizado encuentros en Venezuela y Brasil. También los ofrecimientos de otros jefes de Estado, como el presidente José Mujica, de Uruguay. Creo que las partes terminarán por escoger el país y lugar que les permita que las mesas de diálogo con FARC-EP y con ELN puedan estar coordinadas, sincronizadas, y que se dé una interacción dirigida a lograr un acuerdo único general de final al conflicto armado interno. Esto sugiere que las mesas tengan una relativa cercanía geográfica.

– ¿Qué papel se espera que jueguen otros países, tanto latinoamericanos como europeos, en esos posibles diálogos?

– Este proceso de paz ha concitado el interés y respaldo de organismos multilaterales tales como la OEA y la ONU; de procesos de integración como la UE, UNASUR, CELAC, ALBA-TCP, SICA; de pactos económicos como MERCOSUR, CARECOM, BRICS, y de potencias como Estados Unidos, Rusia o China, de tal modo que podría afirmar que la paz en Colombia hace parte de la agenda del mundo entero. La paz en Colombia es la paz en la región y contribuirá a la sostenibilidad democrática, al desarrollo soberano e integracionista de los países y a que los países dediquen sus esfuerzos a construir el bienestar y la justicia social para sus pueblos.

– La Mesa de La Habana ya ha abordado temas como la política de desarrollo agrario, la participación política, el fin de conflicto, las drogas ilícitas y el narcotráfico. ¿Cuáles son los puntos esenciales del proceso negociador?

– Han abordado recientemente el punto sobre víctimas. Siendo los mencionados en su pregunta muy importantes, sin lugar a dudas el punto de víctimas es fundamental, porque se ha constituido en el eje neural de cualquier tipo de solución. Podemos imaginar agendas con diversos temas, pero no es posible pensar una agenda sin el punto de víctimas. Llegar a un acuerdo sobre víctimas, de manera satisfactoria para las partes, para el país, pero por sobre todo para las mismas víctimas, es crucial para la reconciliación nacional y para la paz duradera. De no ser así la paz será frágil y a la vuelta de unos pocos años podríamos estar asistiendo al surgimiento de fenómenos de violencia política y el regreso a la guerra.

– En cuanto al reconocimiento a las víctimas atendiendo a la verdad, la justicia y la reparación, un tema especialmente sensible para la reconciliación del país, ¿qué virtudes y límites ven en el Marco Jurídico para la Paz aprobado por el Congreso en 2012 y ratificado por la Corte Constitucional en el mes de julio?

– Las dos organizaciones insurgentes, FARC-EP y ELN, han expresado que no reconocen ese “marco legal”. Primero, porque una ley de paz debe ser un resultado del acuerdo político logrado entre las partes del conflicto armado que ponga fin a la guerra; segundo, porque es una construcción de una de las partes, con la pretende condicionar a las otras; tercero, porque se constituye en una camisa de fuerza, que restringe el espectro de las soluciones, y cuarto, porque responde al interés del gobierno y de los intereses que de los partidos políticos, poderes económicos y clases sociales que representa. Es un tema difícil de resolver, pero me temo que se terminará en que las insurgencias admitan estudiar el marco jurídico para la paz y el gobierno acepte introducir reformas a dicho Marco Legal propuestas por las insurgencias.

– ¿Cómo cree que el ELN abordará temas como el minero energético, que siempre ha estado en sus propuestas de paz? ¿Cuál sería una propuesta para el capital trasnacional, puesto que la riqueza natural de Colombia hace el país tan apetecible para las multinacionales?

– El desarrollo minero-energético es un conflicto en sí mismo, más que un tema de agenda. Por eso es que el ELN históricamente ha reclamado al respecto y construido propuestas dirigidas al país y a los gobiernos de turno, propuestas que han sido desoídas. Hoy por hoy, el extractivismo se ha convertido en la “joya de la corona” del modelo económico que impulsa el gobierno, lo cual explica la renuencia de éste a discutir al respecto tanto con la insurgencia como con la sociedad. El gobierno cree que abrir espacios de discusión sobre minería e hidrocarburos ahuyenta la inversión internacional y envía un mensaje de inseguridad jurídica para los capitales. Sin embargo, creo que sí es posible que temas del desarrollo minero energético se pueden tratar con el ELN y con la sociedad, particularmente con las comunidades que habitan los territorios, donde ocurre la explotación minera y el desarrollo energético del país.

– ¿Qué valoración tiene de la propuesta de las FARC para la democratización de los medios de comunicación como condición para la solución política del conflicto?

– La propuesta va dirigida a profundizar la democracia en Colombia, a romper la hegemonía de las corporaciones comunicacionales, a resistir frente a la unanimidad que se le ha querido imponer a los pueblos, a ampliar el espectro de usuarios de los medios de comunicación y a hacer realidad las libertades y derechos que consagra la Constitución Nacional. Además es una necesidad que tienen y tendrán las nuevas realidades políticas y sociales, que existen y que se crearán como desarrollo de la paz, de expresarse con libertad y participar del debate político y de la confrontación de ideas, en mejores condiciones, hacia condiciones de igualdad de acceso a medios de comunicación y generación de opinión.

– Partidos y organizaciones sociales europeas han dado su respaldo al inicio de conversaciones entre el ELN y el gobierno. ¿Cómo cree usted que el ELN valora el apoyo ofrecido desde las organizaciones de la izquierda europea para esta nueva fase de diálogos, a fin de que puedan concluir en una paz duradera? ¿Qué papel juegan los movimientos sociales en el proceso de negociación?

– No me cabe la menor duda en que las insurgencias valoran altamente el respaldo de la comunidad internacional, y de manera especial el de las sociedades y pueblos de todas las latitudes del mundo. Ya lo decía anteriormente: la paz de Colombia hace parte también del proceso de la paz mundial. Tampoco tengo duda de que el gobierno valora y aprecia todos estos apoyos, que se constituyen en un cerco a la guerra, en una sana y legítima presión a las partes para que se mantengan en la mesa y produzcan los acuerdos de una paz justa. Estoy seguro de que la sociedad civil europea no desea una paz de vencedores y vencidos, o una pax romana, para Colombia. Desean una paz que ponga punto final a la guerra fratricida y a la construcción de la justicia social, este es el sentido de una paz justa.

– El 20 de julio, con motivo de la toma de posesión al cargo de las y los nuevos congresistas, el ELN y las FARC hacían un llamamiento conjunto a tener en cuenta las causas sistémicas que han llevado a que este conflicto social, político y armado esté cumpliendo 50 años. ¿Cree que la clase política dominante estará de acuerdo en firmar ese tratado de paz, que transcienda en política de Estado?

– En el parlamento colombiano el Gobierno cuenta con mayorías constituidas en un bloque llamado la Unidad Nacional, que apoyan la paz como programa bandera del presidente Juan Manuel Santos, pero también podría contar con el apoyo de la bancada parlamentaria de izquierda, de la de los indígenas y las negritudes, de modo que eventualmente tendrá mayorías para la paz. También tiene un lugar importante en el Congreso el partido de extrema derecha, llamado Centro Democrático, liderado por el hoy senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez, caracterizado opositor de los diálogos de paz y quien representa los intereses de latifundistas, ganaderos, agroempresarios, líderes políticos locales y regionales, poderes políticos con asiento en territorios donde se expresa con violencia el latifundismo armado. Si bien está en posición minoritaria, representa una parte importante del país que no puede ser subestimada y menos desconocida. Una paz sólida y duradera requiere el mayor consenso nacional y social, la mayor participación y soporte político posible; por lo que me he atrevido a recomendar y proponer que el presidente Juan Manuel Santos abra una vía para el diálogo político con estos sectores adversos a la paz, que invite al senador Álvaro Uribe Vélez a un diálogo franco y sincero, que permita a estos dos líderes y a los poderes que representan mirarse en perspectiva de un país sin guerra y sobre esta base convenir y convertir la paz en el propósito de toda la nación.

– En otros países latinoamericanos se firmaron Acuerdos de Paz y los elementos estructurales que llevaron a la guerra quedaron en el papel y nunca se aplicaron. ¿Podría llegar a pasar lo mismo en Colombia?

– Esas experiencias son referentes a tener en cuenta. Existen temores al respecto, pero no pueden frenar las decisiones ni disminuir la voluntad política, debe motivar a las partes a mutuamente ofrecer seguridades y garantías de cumplimiento. Las insurgencias se inclinan por que los acuerdos de paz tengan un valor de mandato constitucional, lo que implica que habría que incorporarlos al articulado de la Constitución. Además, habría de discutirse el mecanismo que haga posible tal propuesta, que podría ser mediante reforma constitucional del actual Parlamento, que adolece de legitimidad, porque no refleja la totalidad del espectro político nacional, o podría ser a través de una Asamblea Nacional Constituyente, que se ocupe de hacer de la paz un Tratado y de una nueva Constitución, el contrato social más incluyente, más participativo y más representativo en más de 200 años de vida republicana.

– Del mismo modo, en otros procesos latinoamericanos, antiguas guerrillas se transformaron primero en partidos de masas y después en máquinas electorales. ¿Puede pasarle eso al ELN?

– Es prematuro avizorar el devenir político del ELN y las FARC-EP. Lo que sí es claro es que tras la firma de los acuerdos de punto final a la guerra, y tras la dejación de armas, las organizaciones insurgentes iniciarán la transformación de sus estructuras militares, y de guerra, en estructuras para la acción política y organizativa de la sociedad. Creo que las FARC-EP y el ELN potencialmente podrán, en corto y mediano plazo, ser gobierno en algo más de cien municipios, lo que representaría el diez por ciento de los entes territoriales del tamaño de municipio. Esto los hará partícipes de una cuota de poder importante, por cuanto el municipio es presupuesto, sociedad y territorio. Además, territorio son recursos. Cuando uno mira los municipios donde históricamente han estado las insurgencias, y donde potencialmente podrían ser poder, salta a la vista que sumadas unas áreas con otras, podrían equivaler alrededor del veinte por ciento del territorio nacional, amplio territorio rico y pleno de recursos naturales. En suma, creo que las ex insurgencias se articularán con movimientos políticos ya existentes, y así potenciarán sus posibilidades políticas, entre ellas las electorales.

– ¿Cómo ve los procesos de integración latinoamericana como el ALBA o UNASUR?

– La integración es el signo de estos tiempos para los pueblos de Nuestramérica o la Abya Yala, el nombre originario de nuestro continente antes de la invasión, conquista y saqueo por parte de las potencias europeas de los siglos XIV y siguientes. Estos procesos trascienden con una nueva filosofía, porque están motivados por la necesidad de superar las asimetrías entre desarrollos, promover la complementariedad basada en la solidaridad y fraternidad. También están cimentados en hacer de la región, desde el Río Bravo hasta el Cabo de Hornos en Tierra del Fuego, una zona de paz, en la que los países y sus pueblos puedan crecer y desarrollarse en condiciones de bienestar y buen vivir. Además, convertirse en potencia, lo que les permitiría relacionarse con el mundo en condiciones más igualitarias y competitivas. Por lo anterior, la paz en Colombia contribuirá de manera formidable al propósito de la integración.


Pueblos-Revista de Información y Debate. 2014.


NOTAS:

  1. Carlos Velandia estudió un año en el Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada y seis en la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autónoma de Barcelona.
  2. Publicado por la Fundación FICA. Ha publicado también los libros: Felipe Torres: la palabra sin rejas (ITM, 2004) y Costos y efectos de la guerra en Colombia (Asamblea Permanente de la Sociedad Civil Para la Paz, 2011). Es autor de numerosos artículos en libros y revistas especializadas, y miembro del consejo consultivo de Geneva Call (www.genevacall.org). Recientemente recibió un título Honoris Causa en Administración Empresarial con énfasis en Educación. Actualmente desarrolla una amplia campaña pedagógica sobre la paz y el proceso actual como la mejor oportunidad que tiene Colombia para superar la guerra de manera definitiva. Imparte conferencias en universidades, colegios de bachillerato, sindicatos y foros sobre el tema.

 

 

 

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2 pensamientos sobre “Carlos Velandia, ex guerrillero del ELN e investigador y formador en contrucción de paz: “Estoy seguro de que la sociedad civil europea no desea una paz de vencedores y vencidos, o una ‘pax romana’, para Colombia””

  1. Excelente entrevista que denota que Carlos Arturo Velandia está compenetrado políticamente para asumir los retos de un post conflicto que puede convertir a Colombia en una nación respetable en el concierto internacional

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