Movimientos sociales, sostenibilidad y cooperación: claves desde la experiencia de Vía Campesina y Marcha Mundial de las Mujeres

Las ideas y reflexiones que presentamos en este artículo surgen de un proceso de investigación colectiva desarrollado por la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM), la Vía Campesina (LVC) y el Grupo de investigación Movimientos Sociales y Cooperación Crítica del Instituto Hegoa (UPV-EHU). Hace ya cerca de cuatro años comenzamos a reflexionar y construir conjuntamente una propuesta de agenda de cooperación internacional alternativa a la hegemónica que, desde el compromiso político y el apoyo a los procesos emancipadores, adoptase un enfoque de fortalecimiento de sujetos y alianzas con los movimientos sociales que construyen diferentes formas de superación de los sistemas de subordinación y opresión vigentes. Procesos necesarios y urgentes para la búsqueda de salidas alternativas a la crisis múltiple (política, laboral, de cuidados, financiera, climática, alimentaria, etc.) que afrontan nuestras sociedades (tanto en el Norte como en el Sur global).

p68_cuadrilla_12

 

Este proceso de investigación, todavía activo e inconcluso, recoge varias líneas de reflexión y trabajo. En este artículo presentaremos unas breves pinceladas sobre su planteamiento epistemológico y metodológico, abordando posteriormente la cuestión de la sostenibilidad de los movimientos sociales y el papel que ha jugado la cooperación internacional en la misma. Para ello tomaremos como referencia la experiencia y reflexión de organizaciones articuladas en la MMM de Brasil y Guatemala y en LVC de Honduras[1]. Para finalizar, presentaremos algunas claves identificadas durante este proceso que pretenden aportar al esfuerzo colectivo de repensar y (re)politizar la relación entre los movimientos sociales y la cooperación internacional desde una perspectiva más emancipadora y menos desarrollista.

En este proceso de investigación hemos considerado a los movimientos sociales como sujetos en un doble sentido: como sujetos de acción política (reconociendo su capacidad y potencialidad para poner en marcha procesos emancipadores) y como sujetos de estudio (reconociendo su capacidad para producir conocimiento teórico y práctico).

Uno de los principales retos asumidos ha sido la puesta en marcha de espacios y procesos de reflexión e investigación conjuntos y colaborativos entre la Universidad y los movimientos sociales. Desde el inicio de la investigación, hemos considerado a LVC y a la MMM como sujetos del proceso. La construcción de alianzas con estas organizaciones era fundamental por varios motivos: Uno, por tratarse de articulaciones de movimientos sociales en el ámbito internacional, que aglutinan a un número muy significativo de organizaciones y personas; dos, porque los análisis, discursos, agendas y estrategias que construyen son fruto de amplios y complejos procesos de elaboración colectiva y negociación interna entre la gran heterogeneidad de espacios que los conforman; y tres, porque conocen la cooperación internacional y tienen capacidad para hacer propuestas de cambios, desde los aspectos más políticos hasta los más técnicos.

Por ello, hemos tratado de generar estrategias para acercar y compartir roles de investigación; para poner en marcha un proceso donde la relación entre la academia, los movimientos sociales y la cooperación internacional rompa las relaciones asimétricas hegemónicas sujeto investigador/objeto investigado, organización donante del Norte/organización receptora del Sur. En definitiva, nuestro propósito ha sido y es generar conocimiento que responda a los intereses y las necesidades de todos los sujetos implicados y que sirva para luchar contra las diversas formas de dominación y discriminación que el modelo hegemónico genera, también, en el terreno de los saberes.

En la investigación a la que nos referimos en este texto han participado militantes de la Marcha Mundial de la Mujeres de Brasil y Guatemala y militantes de La Vía Campesina de Honduras y del País Vasco.

En las reflexiones conjuntas que se han llevado a cabo hemos abordado principalmente dos ejes temáticos:

  1. La identificación de los rasgos que definen el carácter emancipador de los movimientos sociales. Se debatió con las organizaciones mencionadas acerca de su concepción sobre los movimientos sociales, lo que supone su militancia en estas organizaciones y los elementos que identificaban como definidores del carácter emancipador de las mismas. Se buscaba así concretar, desde la experiencia y las prácticas específicas, los elementos que pueden fortalecer y/o debilitar el carácter emancipador de estos movimientos.
  2. El análisis sobre la sostenibilidad de estas organizaciones y el papel que la cooperación internacional ha tenido y podría tener en la misma. Como veremos a continuación, el concepto de sostenibilidad empleado está en consonancia con la relectura que se hace desde la economía feminista, donde éste se piensa de forma ampliada, cuestionando y desbordando el concepto mismo de sostenibilidad capitalista. Por otro lado, desde el principio del proceso se intentó “quitar del centro” del análisis la cooperación internacional, entendiendo que, si bien ésta ha podido jugar un papel más o menos importante en la permanencia de estos movimientos, no era la estrategia fundamental ni mucho menos la única, y desde esta perspectiva debía ser abordada.

La necesaria brevedad de este texto no nos permite detenernos en los elementos metodológicos y epistemológicos que han orientado la investigación, pero sí queremos destacar que en todo momento se ha tratado de dar igual importancia al qué (temas abordados) y al cómo (uso de herramientas que favorecieran la generación colectiva de conocimiento).[2]

Sostenibilidad de los movimientos sociales y papel de la cooperación internacional

A través de las sesiones de debate comprobamos que la sostenibilidad de las organizaciones es entendida de forma amplia, es decir, no sólo como algo que tiene relación con elementos económico/financieros (aunque evidentemente también tengan un peso importante), sino con todas aquellas cuestiones que pueden permitir a una organización continuar desarrollando sus agendas y luchas. Efectivamente, la sostenibilidad de un movimiento social requiere de una conjunción de elementos materiales, humanos, políticos, afectivos, relacionales, etc. Lo económico y el sostenimiento más material es algo central para la vida de las organizaciones, pero no puede entenderse separado de otras cuestiones, consideradas en muchas ocasiones de segundo orden, como la construcción de alianzas políticas con otras organizaciones, el cuidado de las relaciones interpersonales, la atención y manejo de los conflictos y asimetrías, los sentimientos de las personas que conforman la organización, la construcción de una identidad colectiva, la conciliación entre lo personal y lo político, o la formación y el fortalecimiento de una base militante comprometida y activa. Así entendida, la sostenibilidad nos remite a elementos que tienen que ver con las estructuras y el fortalecimiento organizativo, con el tipo de participación de las personas militantes, con las condiciones materiales de vida y con cómo el proyecto político-organizativo incorpora esto en sus propuestas (por ejemplo, la tierra y/o los derechos económicos de las mujeres), entre otras cuestiones.

La sostenibilidad, por tanto, no debe entenderse como algo que “está ahí afuera” o que sucede en ámbitos específicos encargados de la gestión de lo económico, sino que es parte intrínseca de la identidad y de la cultura de las propias organizaciones. Así, por ejemplo, la cuestión financiera y económica está necesariamente vinculada a lo político y por tanto alimenta diferentes debates: ¿Hasta qué punto el funcionamiento y la agenda del movimiento dependen de lo económico? ¿Cuáles deberían ser los límites a la hora de establecer con quién creamos alianzas para conseguir recursos? ¿Es necesario contar con personal liberado para que el movimiento funcione? Las respuestas que las organizaciones den a estas preguntas van a ir definiendo también la identidad de las mismas y su grado de autonomía política.

Si nos preguntamos por la importancia que la cooperación internacional ha tenido para estas organizaciones, y si la podemos considerar como una herramienta que ha sido de utilidad para el sostenimiento de sus agendas y luchas, nos encontramos ante respuestas complejas.

  • Al tratarse de articulaciones internacionales de movimientos sociales, existe una gran heterogeneidad de experiencias de cooperación, en función del nivel de organización que analicemos (no es lo mismo la relación mantenida por los secretariados internacionales que la que pueden mantener las coordinaciones regionales o cada organización local); o según el país o región (países tradicionalmente receptores de cooperación internacional u otros con menos vínculos).
  • En la mayoría de los casos, se trata de experiencias cuantitativamente bastante limitadas y concentradas, tanto en las organizaciones aliadas que han facilitado el acceso a los fondos de cooperación como en las entidades financieras.

A través de la información recogida podemos decir que ha existido una relación considerada como positiva con una parte de la cooperación internacional, sobre todo la representada a través de ONGD que han asumido como parte central de su acción el fortalecimiento de los movimientos sociales. Se destaca que a partir de estas relaciones se han podido impulsar procesos y fortalecer estructuras orgánicas que se valoran como muy importantes, aunque se evidencia que ha sido posible no tanto porque la agenda de cooperación facilite y promueva esto sino por la alianza y voluntad firme de las organizaciones implicadas.

Dicho esto y centrándonos en las cuestiones que han provocado un mayor desencuentro, podemos decir que existen diferentes niveles de cuestionamiento crítico hacia los objetivos, los actores y las herramientas de la cooperación hegemónica:

  • En relación con los objetivos. Se destaca la priorización (y en algunos casos imposición) de agendas tanto geográficas como temáticas muy cerradas y alejadas de las propias de los movimientos sociales, además de una creciente centralidad de los resultados concretos y a corto plazo, otorgando gran importancia a su vez al progreso económico, frente a otro tipo de propuestas más procesuales como podría ser la formación de capacidades, el empoderamiento y la potenciación de la organización de la sociedad civil.
  • Sobre los actores. Es destacable la omisión de los movimientos sociales como sujetos fundamentales para la cooperación, lo que contrasta con la prioridad otorgada a gobiernos, empresas y ONGD. Hay una tendencia creciente al enfrentamiento y disputa por los recursos entre estos agentes.
  • Las herramientas. Se evidencian las dificultades derivadas de un alto nivel de requisitos administrativos y técnicos, concretados como ejemplo en la necesidad de contar con personalidad jurídica para el acceso a la gran mayoría de fondos públicos y la centralidad otorgada a los proyectos, obligando en ocasiones a una profesionalización de las organizaciones.
  • En el plano más estratégico y político. Surge la necesidad de debatir en profundidad sobre el impacto que cierta cooperación ha podido jugar en la desmovilización de los movimientos sociales y de comunidades organizadas, por un lado, y en la generación de relaciones de dependencia y tendencia a la llamada “oenegización” de los movimientos, por otro. Todas estas ideas nos sitúan ante la necesidad de continuar con las reflexiones críticas y constructivas de alternativas.

Claves para la construcción de una agenda de cooperación internacional alternativa

¿Cuáles pueden ser algunas de las pistas de trabajo para el futuro? Desde nuestra experiencia hemos identificado las siguientes, siendo conscientes de que son sólo algunas y de que, más que propuestas concluidas y cerradas, pretenden ser pistas promotoras de debate y contribuir a futuras construcciones.

  • Asumir a los movimientos como sujetos de otra agenda de cooperación conlleva necesariamente reformular los objetivos y paraqués de la agenda actualmente hegemónica. Esto implica pensar en una cooperación centrada en fortalecer aquello que otorga identidad y convierte en emancipadores a los movimientos y asumir sus agendas y luchas como propias. Esta idea cuestiona también desde dónde se construye esta otra agenda de cooperación, resultando centrales las experiencias, el conocimiento acumulado, las realidades y las demandas de los movimientos sociales.
  • Apropiarse de la lógica de procesos frente a la inmediatez que rige la actual agenda. Los movimientos sociales son laboratorios de procesos de transformación social y realidades en construcción permanente que tienen impactos en el corto, medio y largo plazo. La cooperación debe transitar hacia estos ritmos y dinámicas, que no están enfrentadas a la planificación ni a la claridad y transparencia en la gestión de recursos, pero que sí cuestionan uno de los mantras fundamentales de la agenda hegemónica: la necesaria obtención de resultados cuantificables y medibles en el menor tiempo posible.
  • Se presentan reflexiones de carácter más interno en los propios movimientos sociales que consideramos tienen que ver fundamentalmente con: la sostenibilidad de las organizaciones y luchas; la generación de alternativas basadas en la autogestión y el papel que debe o puede tener la cooperación en todo esto; la relación de los movimientos sociales con la institucionalidad y lo público, en este caso con las políticas públicas de cooperación; la necesaria o no participación de los movimientos en la discusión sobre la cooperación internacional como política pública para poder disputar los contenidos de su agenda y recursos para desarrollar sus propuestas; el posicionamiento, en ocasiones diferenciado, ante la cooperación internacional de las organizaciones del Norte y del Sur global; y el necesario debate sobre si ésta (formulada desde otros parámetros) podría ser entendida como herramienta de solidaridad internacionalista.
  • Afrontar grandes retos que atañen a la relación entre movimientos sociales y ONGD; a cómo poder construir alianzas y saberes entre diferentes, desde relaciones de verdadera horizontalidad; a cómo pasar de dinámicas de acompañamiento a otras de compromiso y trabajo en torno a agendas comunes; a cómo vincular todo esto a una, en nuestra opinión, necesaria reflexión del sector de las organizaciones no gubernamentales, de sus propias prácticas y lógicas organizativas; a cómo romper con dinámicas, tiempos y ritmos, en muchas ocasiones antagónicos; y a cómo defender, ante la situación de desmantelamiento de lo público al que estamos asistiendo, la necesidad urgente de propuestas alternativas que nos acerquen hacia esos horizontes de emancipación y hacia esas otras vidas vivibles en construcción.

Quedan muchos debates y preguntas abiertas. Para abordarlas esperamos seguir fortaleciendo nuestra alianza con la Vía Campesina, la Marcha Mundial de las Mujeres y más organizaciones que quieran sumarse. En el camino, seguir robando espacios a esa cooperación privatizada que nos llega y avanzar hacia esa otra posible y necesaria.


Beatriz Casado y Silvia Piris son miembros del Grupo de investigación Movimientos Sociales y Cooperación Crítica del Instituto Hegoa (UPV/EHU).

Artículo publicado en el número 59 de Pueblos – Revista de Información y Debate, especial cooperación, noviembre de 2013.


NOTAS:

  1. Debemos tener en cuenta que las reflexiones, los debates y los elementos identificados colectivamente en este proceso han estado atravesados por los contextos y realidades particulares que han tomado parte en el mismo y no deben, por tanto, entenderse como extrapolables a la totalidad de organizaciones y realidades que componen la MMM y LVC. Es decir, nos encontramos ante un análisis parcial y situado, sobre las temáticas abordadas, pero que consideramos puede ser válido y orientativo para diferentes niveles de articulación de los movimientos participantes.
  2. En la página de recursos de este especial de cooperación de Pueblos incluimos algunas referencias bibliográficas para conocer con mayor profundidad esta experiencia. También pueden consultar en www.hegoa.ehu.es.

Print Friendly

Un pensamiento sobre “Movimientos sociales, sostenibilidad y cooperación: claves desde la experiencia de Vía Campesina y Marcha Mundial de las Mujeres”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *