La lucha social en Brasil por un parto humanizado libre de violencia institucional

Cosificadas, infantilizadas y desposeídas de cualquier toma de decisión, el cuerpo de las mujeres ha sido el campo de la batalla[1] a dominar por los distintos intereses patriarcales de la esfera pública y privada. Históricamente nos hemos visto sometidas a toda clase de imposiciones legislativas, maritales, religiosas, sociales, éticas y estéticas que nos han relegado a un segundo plano, cuando no al “exilio”, en el control sobre nuestros cuerpos.
Agosto 2013, Brasil. Fotografía: Alba Onrubia.

Agosto 2013, Brasil. Fotografía: Alba Onrubia.

Hoy en día sigue existiendo un gran número de esas prácticas que, mantenidas, transformadas, escondidas, aplaudidas y/o criticadas, pretenden seguir haciendo de nuestros cuerpos una disputa exógena a nosotras mismas, no sin encontrarse con las voces colectivas e individuales de los feminismos que mantienen una respuesta clara: el cuerpo es mío, yo decido. Aunque a cada paso los obstáculos y los frentes de batalla se vayan multiplicando.

Como mujeres tenemos la capacidad genética (y la presión social) de engendrar vida. El acto de parir es tan propio de la mujer que algunas personas consideran que la maternidad “es lo que hace a las mujeres auténticamente mujeres”, como se atrevió a señalar el ministro de Justicia Ruiz-Gallardón[2], en una muestra más de cómo la mujer es relegada al rol de madre. Y sin embargo, hasta en esta materia nuestra toma de decisión se ve coartada por un discurso que deliberadamente infravalora nuestra capacidad natural. Unas veces con la fe en la ciencia y la modernidad como bandera, otras evocando los fantasmas del “peligro” y otras muchas simplemente por la mecanización del proceso de parto, éste ha quedado deshumanizado y las instituciones médicas se han apoderado del derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo y sexualidad.

La violencia obstetra es una de las formas en las que la violencia de género o violencia sexual se manifiesta de manera silenciosa, cuando menos camuflada por lo ha- bitual. No tan visibilizada como la violencia en el hogar, es ejercida de igual forma por las estructuras asimétricas de poder. Durante el proceso del embarazo, parto y posparto, numerosas mujeres se ven sometidas a prácticas humillantes, violentas y vejatorias, siendo relegadas a meros pacientes sin voz, poder de decisión ni control sobre su proceso.

En este contexto, determinados agentes de la sociedad civil, como grupos feministas, casas de parto y los y las profesionales de la salud del “modelo de la asistencia basado en evidencias y no en hábitos” (que veremos más adelante), vienen denunciando desde la década de los 60 el modelo de parto tecnocrático, ya normalizado en muchas partes del mundo, donde prima el factor productivo por encima del humano. Este modelo médico ha conseguido construir una serie de mitos en torno a la eficacia y eficiencia de la ciencia médica en el proceso de parto que ha generalizado el intervencionismo. Y Brasil, donde la hospitalización se ha convertido en casi la única elección para la gran mayoría de mujeres brasileñas que quieren dar a luz, es el máximo exponente en el continente latinoamericano.

Los procesos de industrialización y “modernización” que se dieron en Brasil en lo económico a principios del siglo XX se fueron extendiendo a todas las esferas de la vida, imperando una cultura capitalista que ha calado hasta los ámbitos de la atención en la salud. El paralelismo de la fábrica con el sistema sanitario ha llevado a generar deshumanización[3]: el hospital, como centro de producción, tiene que mantener unos parámetros de eficacia y eficiencia en términos económicos que desnaturalizan a la mujer y el proceso en sí del parto.

La falta de recursos, en muchos casos, o la productividad para sacar el máximo beneficio, en otros, llevan a encorsetar lo que debería ser un proceso único de cada mujer en una pieza de la maquinaria de fabricación de bebés en serie. La estandarización del “parto modelo” más responde a la idealización de un proceso de parto fácil y rápido para el médico y el hospital que a consideraciones de salud y bienestar del feto y la mujer. De hecho, un amplio porcentaje de las prácticas que se ejercen de manera habitual en los hospitales brasileños y de gran parte del mundo han sido desaconsejadas en informes internacionales, como la Declaración de Fortaleza de 1985 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por tratarse de prácticas que, como la cesárea, la episiotomía, la administración de hormonas o la maniobra de Kristeller, no se justifican en su empleo rutinario. Hay técnicas alternativas más naturales que favorecen tanto el parto como la disminución del dolor: la movilidad libre, los masajes, el afecto, el acompañamiento de una persona querida, un entorno tranquilo…

Brasil, 2013. Fotografía: Alba Onrubia.

Brasil, 2013. Fotografía: Alba Onrubia.

El porqué del abuso

¿A qué responde el empleo de estas prácticas desaconsejadas por los organismos internacionales y el Ministerio de Salud? Todo parece apuntar a un proceso de modernización y capitalización de la sanidad que ha engullido y monopolizado los alumbramientos como parte de la competencia del sistema hospitalario.

Pero este sistema constriñe las libertades sexuales y reproductivas de las mujeres. Por un lado, en el Sistema Único de Saúde (SUS) el colapso y falta de recursos para atender a todas las mujeres hace que, en muchos casos, el parto se convierta en una peregrinación de hospital en hospital en busca de una cama libre en pleno proceso de parto, lo que aumenta el riesgo de terminar en un parto quirúrgico. A pesar de los planes de mejora por parte del Gobierno, como el Plan Cigüeña[4], o el incentivo al parto vaginal, el índice de cesáreas es del 50 por ciento, superando por mucho las recomendaciones de la OMS.

El 25 por ciento de las mujeres brasileñas que han sido atendidas durante el embarazo afirma haber sufrido algún tipo de violencia física, verbal o emocional, según muestra el estudio Violencia Institucional en el Parto[5]. De otro lado, en el sistema privado o concertado de salud brasileño, la práctica habitual en más del 83 por ciento de los casos es la programación, desde las primeras semanas de embarazo, de cesárea, atrayendo clientas con la imagen de un parto “seguro” y “sin dolor”, que en última instancia sólo beneficia a la máquina productiva del centro.

Pero como muestran los informes de la OMS y de la Rede pela Humanização do Parto e do Nascimento (REHUNA), la cesárea no sólo no garantiza menor riesgo, sino que, realizada de manera rutinaria, provoca problemas de salud tanto para la mujer como para los bebés. Y señalan al respecto que “los países cuyas tasas de mortalidad perinatal son las más bajas del mundo tienen también las tasas de cesáreas inferiores al diez por ciento. No hay, pues, razón alguna que justifique un índice de cesáreas superior”.

Rutinas violentas

El citado estudio sobre violencia institucional en el parto señala que una cuarta parte de las mujeres brasileñas que han parido han sufrido algún tipo de violencia durante el parto (el 25 por ciento atendidas en el SUS, el 17 en el servicio privado o conveniado y el 31 por ciento en ambos). Sin embargo, sólo el 12 por ciento reconoce en un primer momento haber sido violentada. Esto se debe a la normalización de ciertas prácticas que, si bien están diseñadas bajo un marco político e ideológico que reproduce relaciones sociales de desigualdad[6] y son consideradas como violencia obstétrica por parte de los organismos internacionales y los movimientos feministas, en el imaginario colectivo se han construido como técnicas de rutina médica.

Esta violencia puede ser ejercida en diferentes formas: verbal, psicológica (con frases como “mientras lo hacías no llorabas, por qué estás llorando ahora”[7], oída por un catorce por ciento de las mujeres), sexual (uno por ciento), negligencias, mecanización del parto, etc. La mecanización del parto es un proceso que comienza con la hospitalización de una mujer sana que va a dar a luz y a la que se le administran los protocolos rutinarios de un ingreso, esto es:

• Despersonalización: Desposesión de objetos personales, confinamiento a una sala apartada del acompañante, medicalización, hacinamiento, traslados constantes, tratamiento infantilizado o vejatorio, desinformación.

• Desexualización: Tricotomía (rasurado del vello púbico) y administración de enemas.

Estos procedimientos hospitalarios llevan consigo una serie de rutinas que facilitan el trabajo del equipo, pero que eliminan el derecho en la toma de decisiones o la participación de la mujer y la pareja (en caso de que exista) en el trabajo de parto, hasta el punto de considerar las emociones y sentimientos como una intromisión en el trabajo del médico, y el dolor de la mujer una “molestia” en la rutina del equipo que hay que ocultar o acallar, como señala Pizzini[8]. Así, la violencia es ejercida a través de las dinámicas de rutina que buscan acelerar el parto por cuestiones externas a la salud materno-fetal, como la administración de oxitocina y otras hormonas, el desprendimiento artificial de membranas o ruptura de bolsa, la episiotomía (corte en la parte del perineo para ampliar la cavidad vaginal), el uso de fórceps, la maniobra de Kristeller, etc.

Otra forma habitual de violencia es el control excesivo sobre la mujer y sobre todo su proceso de parto: exámenes vaginales repetitivos, negar la administración de comida y líquidos, confinamiento de la mujer en la cama, inmovilización, posición de litotomía a la hora de parir (totalmente desnaturalizada), separación del bebé y la madre…

El modelo capitalista patriarcal de producción se impone, en definitiva, sobre el cuerpo de la mujer, quien tiene que adaptarse a las necesidades del hospital y de la técnica tanto en ritmos como en condiciones, pasando a ser un objeto de extracción y no un sujeto de pleno derecho. La consecuencia es que nos han robado una parte fundamental de nuestros derechos sexuales y reproductivos, unas veces por falta de información dentro del juego de legitimidad y dependencia en cuanto a la autoridad médica y, otras muchas, por falta de alternativas o recursos.

Proceso de apertura en el sistema público brasileño

El Movimiento por la Humanización del Parto en Brasil, liderado desde los años 80 por el movimiento feminista y paralelamente por las mujeres que venían trabajando en las casas de parto, como las parteras obstetras, vienen desmintiendo los mitos que rodean el modelo tecnocrático de parto y formulando una alternativa sólida, basada en evidencias y no en hábitos.

Apoyándose en las recomendaciones de la OMS y llevando a cabo las propias a través de REHUNA (plataforma que reúne ONG, grupos feministas, profesionales de la medicina alternativa y expertos en terapias corporales contra-culturales), defienden que tanto el embarazo como el parto y la lactancia son procesos naturales que en condiciones normales (las del 90 por ciento de los casos) no necesitarían intervención médica, aunque sí el cuidado de profesionales cualificados y las correctas condiciones técnicas.

La lucha de estos grupos viene fortaleciéndose por las pruebas empíricas que niegan que el modelo tecnocrático sea el más seguro. A través de material educativo, diseñando propuestas en políticas públicas y articulando el contenido del término “humanización” en la asistencia, vienen luchando por el empoderamiento de la mujer como sujeto de derecho. Este movimiento se integra en el contexto de lucha del Movimiento Internacional de Mujeres por los Derecho Humanos.

Se enfrentan a no pocos intereses en juego, como a los comités médicos y de enfermeras, así como a los seguros de salud privados, que no quieren perder su parcela de control y negocio, posicionándose como barrera contra la adaptación del modelo de asistencia a los cánones recomendados por la OMS. Actúan como lobbies de poder, frenando y dificultando la articulación de un modelo de políticas públicas alternativo al hospitalario, entorpeciendo la adjudicación de licencias y convenios a las casas de parto humanizado ya existentes en Brasil.

El movimiento pasa hoy por una etapa crucial en la lucha, al haber conseguido promover un debate público sobre la humanización del parto con la proposición de ley de la Comissão de Saúde, Promoção Social, Trabalho e Mulher, presidida por la concejala Juliana Cardoso (PT). En mayo de este año se llevó a cabo el primer debate público, titulado “Malos tratos en la Atención a la Maternidad y Pre-Natal” y, hasta la fecha, varias manifestaciones de apoyo y visibilización han secundado la segunda audiencia pública que tuvo lugar en agosto por la Comissões de Saúde, de Direitos Humanos e de Educação e Cultura con el tema “La Salud de la Mujer, desafíos a la maternidad” donde se abordaron los modelos locales de asistencia al parto, la calidad y la formación de las especialistas, así como la introducción de obstetras en el SUS.

Son sólo los primeros pasos hacia una atención pública de calidad. Si bien ha tenido gran aceptación y acogimiento, los obstáculos no son pocos y las activistas se muestran prudentes ante los resultados. En cualquier caso, la lucha continuará por el derecho a ser informadas y decidir libremente, con lo que ello conlleva. Y lo que conlleva es una alternativa pública y accesible para todas las mujeres, que garantice una calidad de la atención basada en evidencias, donde la mujer sea la protagonista (junto a su pareja si así la tuviese) de un momento único, con la garantía de seguridad (profesionales cualificados, instalaciones que se adapten a las necesidades de la mujer, acceso a la planificación familiar e información sobre los derechos reproductivos de la mujer, acceso a cuidados de apoyo en todas las fases del embarazo y parto, etc.) y respeto hacia la mujer como sujeto activo en un proceso propio (ritmos naturales del parto, movilidad de la mujer, unión entre madre-hijo o hija, hacia su cuerpo, etc.). En definitiva, la implementación de un modelo holístico y humanizado de parto.

Pero no podemos olvidar que esto supone sólo un estadio más de un problema mayor dentro del machismo estructural donde la mujer es sistemáticamente cosificada. Según la ONU, una de cada siete mujeres en el mundo será víctima de agresión a lo largo de su vida, y Brasil presenta uno de los mayores índices de este tipo de violencia[9]. La mortalidad materno-infantil también sigue siendo un problema de primer orden, con 60 muertes de cada 100.000 nacimientos. Es posible que, lejos de reducirse, estas cifras se incrementen, pues el desigual reparto de la riqueza en la sexta economía mundial sigue sumiendo a una gran parte de la población en la pobreza. Como el parto, la violencia machista es un problema que hay que observar de manera holística si queremos luchar contra ello, pues de otra manera no estaremos más que poniendo parches.


Alba Onrubia García es colaboradora de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el número 58 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2013.


NOTAS:

  1. Wolfensberger Scherz, Lilly (2001): “Cuerpo de mujer campo de batalla”, Plaza y Valdés, México.
  2. “Gallardón: ‘La maternidad libre hace a las mujeres auténticamente mujeres”, El País, 27/03/2012. Ver en www.elpais.com.
  3. Concepto empleado por los movimientos sociales feministas de Brasil y de América Latina como antítesis al parto humanizado, que sería el parto vaginal con mínima o ninguna intervención médica. Se ha ido ampliando y matizando en su significado para convertirse en una corriente de lucha por el empoderamiento de la mujer a decidir dónde y cómo parir desde una concepción holística del parto.
  4. El Plan Cigüeña es una medida adoptada desde 2011 por el Gobierno de Dilma Rousseff para ampliar la cobertura en la atención a las mujeres embarazadas de escasos recursos desde la fase inicial de la gestación hasta los primeros dos años de vida del bebé, con el objetivo de reducir el índice de mortalidad infantil, que actualmente se sitúa en 60 muertes de cada 100.000 niños y niñas vivos.
  5. Fundação Perseu Abramo (2010): Violência Institucional no Parto, Edições SESC SP.
  6. Rattner, Daphne (2009): Humanização na atenção a nascimento e partos, breve referencial teórico.
  7. Ver nota 5.
  8. Nussenzweig Hotimsky, Sonia (2001): Parto e Nascimento no Ambulatório e na Casa de Partos da Associação Comunitária Monte Azul: Uma Abordagem Antropológica, São Paulo.
  9. Daudén, Laura (2010): “Mulheres sob ataque”, Revista Istoé, nº 2259. Disponible en www.istoe.com.br.

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Un pensamiento sobre “La lucha social en Brasil por un parto humanizado libre de violencia institucional”

  1. Me parece un excelente reportaje frente a la grave problemática que existe no solo en Brasil, sino en todo el mundo relacionado al respeto y validación en el derecho que tenemos las mujeres a parir libremente, estamos en una sociedad que lamentablemente castiga el empoderamiento porque es una grave herramienta que en manos de mujeres parece que crea catástrofes mundiales, capaces inclusive de generar leyes y políticas públicas que cambiarían la salud sexual y reproductiva a favor de sentirnos dueñas de nuestros cuerpos con la capacidad de decidir por los mismos.

    Matrona, Doula y Mujer .

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