Leer a… Henry David Thoreau

“La comunidad carece del soborno capaz de tentar al hombre sabio”. Pareciera que estas palabras se acabaran de escribir en estos momentos. Casi a partir de ciertas noticias de actualidad. Sin embargo fueron escritas en el siglo XIX, en un breve tratado que Henry D. Thoreau llamó Desobediencia civil (1846)[1]. El autor acababa de ser encarcelado por negarse a pagar los impuestos y, a partir de dicha experiencia, ordenó en este pequeño librito su pensamiento y filosofía de vida.

thoureau_paula-cabildoEn este libro hace un repaso por su particular concepción del trabajo como robo de su libertad: “Si tuviera que vender mis mañanas y mis tardes a la sociedad, como hace la mayoría, estoy seguro de que no me quedaría nada por lo que vivir”. Ahora, en cambio, hablamos del derecho al trabajo, de tener un trabajo digno… o quizás, ya tan solo, del trabajo como privilegio. Él trabajó, trabajó de agrimensor, como fabricante de lápices, y sobre todo como naturalista. Fue un ferviente defensor de las bondades de la naturaleza y se le ha llegado a considerar un pionero de la ecología. Durante dos años vivió retirado en el bosque, cerca de Walden Pond, de ahí su obra Walden (1848)[2].

Thoreau crea su fundamento filosófico en la crítica del Estado (“El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto”); del ejército (como mero brazo ejecutor del Estado); de la sociedad mercantilista… Defiende el derecho a la revolución, “es decir, el derecho (de hombres y mujeres) a negar su lealtad y a oponerse al gobierno cuando su tiranía o su ineficacia sean desmesuradas e insoportables”. Apela a la conciencia de las personas: “Se ha dicho que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad formada por hombres con conciencia es una sociedad con conciencia”. De esta forma, en los diversos escritos del pensador vemos su constante reflexión sobre el papel protagonista del ciudadano. Para él está claro que las leyes, el Estado a través de su gobierno, no pueden erradicar las injusticias y el mal funcionamiento de la sociedad. El hombre, como ciudadano, como pueblo que ha elegido un gobierno debe y tiene la obligación de manifestar (declarar, dar a conocer) sus puntos de vista.

Hacia 1845 Thoreau conoció a Harrison Blake, con quien mantiene una nutrida correspondencia[3]. A través de estas cartas puede reconocerse el estilo incisivo y claro de Thoreau. Se vislumbra en él un hombre profundo y reflexivo, a la par que apasionado, un reflejo del hombre hecho a sí mismo. Una constante en su discurso es la preocupación por cómo hacerse hombre: “Los hombres y los jóvenes aprenden todo tipo de oficios, pero no cómo convertirse en hombres. Aprenden a levantar casas, pero no están bien alojados, no son felices en sus casas, como lo es una marmota en su hoyo. ¿De qué sirve una casa si no dispones de un planeta decente donde levantarla, si no soportas el planeta en el que está?”. Thoreau se convierte con estas palabras en avanzadilla del movimiento ecologista y ambientalista de nuestro tiempo.

Por lo que vamos viendo, el filósofo mantiene una concepción global e integral de la vida. Para Thoreau, con sus más que evidentes inconcreciones, el ser humano tiene un papel protagonista y principal en el ordenamiento social, y es obligación de este su participación y posterior desarrollo.

El hombre de Thoreau está en constante búsqueda y observación: “Toda búsqueda y aspiración es un instinto con el que la naturaleza se alía y coopera, y por tanto no es vano”. Así, Thoreau, ya nos animaba y nos provocaba hacia la desobediencia civil, la no violencia, el respeto a la naturaleza y, en fin, la libertad: “Desde la altura miro las naciones / y observando cómo se convierten en cenizas; / mi vivienda en las nubes es tranquila, /son placenteros los grandes campos de mi descanso”.


Clara Alonso es colaboradora de Pueblos – Revista de Información y Debate
(claracinta@gmail.com).

Artículo publicado en el número 57 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2013.


NOTAS:

  1. Thoreau, H.D. (2006): Desobediencia civil y otros escritos, Tecnos.
  2. Thoreau, H.D. (2013): Walden, o la vida en los bosques, Errata Naturae.
  3. Thoreau, H.D. (2012): Cartas a un buscador de sí mismo, Errata Naturae.

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