Leer a… Francesco Tonucci, Frato

Desde los 80 el pedagogo Francesco Tonucci viene trazando su entramado pedagógico basado en la construcción de una ciudad pensada y adaptada a los niños y niñas. Su primera obra, La ciudad de los niños, sienta las bases de dicha pedagogía. Desde hace ya más de quince años Tonucci y su alter ego Frato nos sorprenden a través de irónicas viñetas con una visión de la pedagogía nueva y fresca.
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Frato.

Francesco Tonucci lleva muchos años en la docencia, muchos colaborando con ayuntamientos de ciudades que se han comprometido en hacer poblaciones más justas y adaptadas a los niños y niñas, muchos años alzando la voz de los pequeños que no pueden o tienen problemas para hacerlo. El panorama debe haber sido muchas veces descorazonador. Sin embargo, con fina ironía y mucho sentido del humor ha seguido adelante y tanto en Italia como en España, pero sobre todo en Argentina y otros países latinoamericanos, ha creado una red de ciudades, con sus ayuntamientos y escuelas, donde la voz de niñas y niños se ha escuchado no sólo como forma testimonial de buena voluntad, sino que se han tenido en cuenta las propuestas y, más sorprendente aún, ¡se han llevado a cabo!

El principio básico que sienta las bases de todo su pensamiento es el ponerse en el lugar del niño, volver a hacerse niño. Y a través de sus famosos dibujos da las claves de cómo debería ser el proceso de enseñanza-aprendizaje en la escuela, en casa, en la ciudad… Cómo debemos los mayores considerar y respetar a las niñas y niños, a la vez que debemos “hacernos” niños, las y los adultos, para que este proceso de enseñanza-aprendizaje se lleve a cabo.

Traza una propuesta pedagógica de compromiso y coherencia que habría que rescatar de sus trabajos. Habría que hacerlo en un ejercicio de reconocimiento, pero también para revisar con mayor vigor las propuestas que los ministerios de Educación ponen en la actualidad sobre la mesa, los diferentes proyectos municipales de las ciudades modernas, las actitudes timoratas de padres y madres a la hora de educar a sus hijos. Para revisar, también, cómo la falta de compromiso y entusiasmo de un amplio grupo de profesionales dan como resultado una educación pobre y unas ciudades grises.

Una de las cosas que llaman más la atención es el espíritu crítico de los niños creados por el trazo de Frato. Se diría que utilizan la mano de Frato para hacernos llegar sus críticas, censuras, observaciones y hasta su mordaz mirada. Además de dibujarnos una sonrisa a veces un poco ácida en los labios, los niños de Tonucci nos adentran en el mundo de la infancia de una manera diferente. Hace que los adultos nos planteemos que los niños no son una especie aparte, sino personas que entienden y que deben participar en la vida social, escolar y familiar de manera activa, es decir, con voz y voto.

Al mismo tiempo que Tonucci nos pone esta semi-sonrisa en los labios, a través de sus libros de ensayo hace un recorrido por aquellos pilares de la Escuela (Educación) que cree fundamentales a la hora de educar. Los libros de texto, la falta de interés por parte de los maestros, la obsesión por “seguir el programa”, la técnica de “en clase no se habla”, la falta de compenetración y coherencia entre el maestro o maestra (la escuela) y los padres, el suspenso como amenaza… Todas estas cuestiones son características de la tradicional escuela transmisora a la que el pedagogo italiano tanto se opone.

Como investigador educativo busca y profundiza en algunas experiencias alternativas que se han ido desarrollando a lo largo de su intensa carrera. Colaboró con el maestro Mario Lodi, que en un pueblecito de Italia llevó a cabo algunas experiencias de escuela alternativa que nada tenían que ver con esa escuela transmisora pobre y a su vez empobrecedora. La propuesta de cambio de Lodi es precisamente ésta: evaluemos en qué medida los maestros hemos sido capaces de poner en práctica “las técnicas educativas aptas para desarrollar al máximo las actitudes naturales y la inteligencia del niño”, evaluemos “en qué medida hemos sabido ejercer nuestro oficio”[1].

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Para Francesco Tonucci es fundamental que el maestro o maestra que suspende piense que el niño no lo ha seguido, que no ha sido capaz de encontrar los instrumentos idóneos para lograr que el niño acceda a un nivel de preparación adecuado. Y el deber profesional específico consiste en saber encontrar los instrumentos idóneos para que todos los niños y niñas puedan aprender.

Mientras continuamos nuestra lucha para que, a nivel social, sea reconocido el derecho del niño a tener un docente preparado, y el del docente a conocer su propio oficio, dice Tonucci, podemos considerar la cooperación como la respuesta más válida. Cooperar significa intercambio, encuentro y lectura de las experiencias. Solo esas experiencias, documentadas y reflexionadas, son útiles para crecer conjuntamente[2]. Nos llama poderosamente la atención la vigencia de estas palabras, así como, lamentablemente, la actualidad de estas problemáticas, ya esgrimidas en los años setenta y ochenta.

Si ha sido demostrado que la escuela transmisora no es garantía de una educación libre y creativa; si ha quedado demostrado que los bonitos y caros libros de texto no son garantía de un buen aprendizaje, ni si quiera de una buena ayuda para el maestro exigente; si vemos cada día cómo las lecturas obligatorias de la escuela se van empobreciendo paso a paso con mediocres lecturas o con la mutilación de las obras clásicas o de mayor envergadura… ¿Por qué seguimos por el mismo camino? Pese a todo, Tonucci no arremete contra los maestros y maestras, los valora y cree en ellos como pilares fundamentales y necesarios en todo el proceso educativo. Pero, sobre todo, apuesta por la cooperación entre instituciones, familia y escuela, trabajando en la misma dirección, a la par.

Cuando leemos al autor en la Ciudad de los niños, Cuando los niños dicen ¡ya basta!, Por una escuela alternativa, ¿Enseñar o aprender?, La investigación como alternativa a la enseñanza… o nos deleitamos con las viñetas de los libros de Frato (Con ojos de niño, Cómo ser niño, La soledad del niño, Niño se nace, Niño se hace), encontramos nuevas ideas (viejas) para renovarnos como ciudadanos y ciudadanas, como profesores, como administradores, y sobre todo, como padres y madres. Nunca mejor que ahora (y con una sonrisa), pues es tiempo de reflexionar sobre estas ideas y por fin llevarlas a cabo.


Clara Alonso es colaboradora de Pueblos – Revista de Información y Debate. (claracinta@gmail.com).

Este artículo ha sido publicado en el número 56 de Pueblos – Revista de Información y Debate, abril de 2013.


NOTAS:

  1. Tonucci, Francesco (1996): Vida de clase. Cinco años con Mario Lodi y sus alumnos, editorial Losada.
  2. Ídem.

 

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