El sistema autónomo de educación zapatista: resistencia, palabra y futuro

En la llamada “crisis civilizatoria” en la que nos encontramos es más pertinente que nunca no perder de vista la larga pista de aterrizaje que muchos movimientos sociales en el mundo han construido. Debemos aproximarnos a estos como sujetos de emancipación, es decir, “analizando las aportaciones cognitivas, relacionales y materiales que construyen, así como las estrategias y procesos puestos en marcha en la búsqueda de superar las realidades de subordinación y explotación múltiple instaurada por una modernidad de marcado carácter patriarcal, colonial y capitalista”, como explican Zesar Martínez, Beatriz Casado y Pedro Ibarra [1]. Si examinamos con detalle la historia del zapatismo, veremos que se trata de un movimiento que ha sabido combinar las acciones de protesta con procesos de propuesta. El sistema autónomo de educación zapatista es uno de los ejemplos que mejor muestran cómo han cuidado ambas tareas: resistir y re-existir.
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Escuela de primaria situada en el caracol de Oventik.

La madrugada del 1 de enero, inaugurando 1994 y coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los pueblos zapatistas de Chiapas se alzaron en armas. Tras 12 días de guerra abierta con el gobierno, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) declara el alto el fuego. A pesar de este alto el fuego, que mantienen hasta la fecha, las comunidades zapatistas viven en un contexto de guerra de baja intensidad. [2] Es importante recordar, por tanto, que todas las iniciativas de estas comunidades se dan en este marco de guerra de desgaste que ha tratado de destruir el tejido social.

La autonomía zapatista

Si bien ya venía caminado hacia la autonomía, tras fallar la negociación con las diferentes instancias de gobierno oficial la sociedad civil zapatista comienza a dar pasos de gigante en esa dirección. Hace tres lecturas de la situación: la primera, que la vía institucional para encauzar sus demandas de autonomía está cerrada; la segunda, que el aparato político-militar mexicano ha comenzado una estrategia de asedio invisible; por último, que las instituciones oficiales (salud, educación, derechos, comunicación) son capitalistas, coloniales, patriarcales y están basadas en negar la humanidad indígena.

Desde esta lectura se establecieron una serie de principios que Martínez Espinosa ha venido a señalar como los que configuran la democracia zapatista: mandar obedeciendo, decisiones tomadas colectivamente en consenso, respeto a la diferencia, participación de la comunidad tanto en el autogobierno como en la toma de decisiones y revocación de cargos cuando no se cumplan los compromisos. El EZLN crea los municipios autónomos rebeldes zapatistas y los cinco caracoles [3], cada uno con una Junta de Buen Gobierno como órgano de poder popular. Este nuevo entramado trata de ajustarse a la realidad cultural y organizativa del territorio para construir la democracia zapatista que, como señala Pablo González, “integra una cultura de poder que surge de 500 años de resistencia de los indios de América”. [4]

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Alumnado de una escuela autónoma de primaria. Chiapas.

 

Sistema de educación autónomo

Las escuelas autónomas se han ido fortaleciendo como un elemento vertebrador a pesar de la guerra “invisible” del gobierno porque han sabido adaptarse a las necesidades de las comunidades. Con gran trabajo, el sistema educativo autónomo ha ido descolonizando el pensamiento y resituando “las escuelas” [5] como espacios integradores, llegando a convertirse en una estructura al servicio de la vida indígena en re-existencia en contraposición a la escuela oficial, al servicio de intereses ajenos a la colectividad.

Este modelo educativo se ha ido diseñando y estructurando lentamente en el territorio rebelde a través de ese cuestionamiento del sistema educativo oficial pero, sobre todo, centrándose en responder colectivamente a la necesidad de una educación real y acorde con los ritmos campesinos. Como se afirma en la página web del sistema de educación de Altos de Chiapas (una de las cinco regiones), se trata de crear una educación sembradora de conciencias. No sólo este proceso se desarrolla sin ningún tipo de apoyo del Estado mexicano, sino que las escuelas son objeto de ataques por parte de actores militares y paramilitares.

La estructura creada hasta el momento se divide en dos bloques: el que compone el conjunto de escuelas primarias ubicadas en los propios pueblos en resistencia (EPRAZ) y el configurado por las escuelas secundarias, generalmente ubicadas dentro del espacio físico de los caracoles (ESRAZ). Las escuelas están organizadas por niveles pero sin división estricta según edad. Aunque esta división se da a veces por necesidades materiales reales, la filosofía es que las escuelas traten de adecuarse a las diferentes etapas y necesidades de las jóvenes zapatistas, que no están necesariamente ligadas a la edad. Como resultado, hay una convivencia en las aulas de estudiantes de diferentes edades que refuerza el principio de que nadie educa a nadie y nadie se educa solo.

En esta aproximación al sistema de educación autónoma debemos contemplar un rasgo fundamental: se trata de una educación creada por y para mujeres y hombres campesinos indígenas que, organizados en resistencia, han determinado los contenidos. La educación está creada y diseñada situando en el centro la esencia del aprendizaje: aprender quiénes son y cuál es su historia pasada y presente, dotar de sentido la colectividad indígena, reconocerse en el otro y la otra. Por lo tanto, esta tarea no la pueden llevar a cabo personas que no sean indígenas ni campesinos o que no hablen la lengua indígena. El castellano como lengua oficial se interpreta como un instrumento para la homogeneización de la población mexicana, ya que es el vehículo mediante el cual se van introduciendo los elementos culturales del poder dominante. Este desprecio histórico hacia las lenguas originarias ha venido generando insatisfacción en las comunidades indígenas y es por eso que para la escuela zapatista autónoma la lengua ha sido central como elemento integrador.

Será alguien de la propia comunidad quien gestione la escuela y facilite el aprendizaje de las y los más pequeños. El primer paso es el consenso de la asamblea en la elección de un compañero o compañera que asumirá el cargo de promotor o promotora de educación, acompañará el aprendizaje de los menores y emprenderá también un proceso de formación propia que será guiado por otras personas con experiencia. De esta manera se genera un efecto multiplicador en la formación, en una lógica de acompañamiento sin dependencias externas. Mientras que el maestro de la escuela oficial goza de un estatus superior en la comunidad, el promotor o promotora compagina la actividad ligada a este cargo con los quehaceres cotidianos de su vida campesina.

En ninguno de los cargos comunitarios, y por tanto tampoco en el de promoción de educación, hay salario o pago, pero explicarlo sólo como voluntariado sería simplificar. La educación se construye desde la comunidad en resistencia y es el pueblo quien tiene que buscar las formas de mantenerla. Esto implicará para la comunidad, entre otras cosas, apoyar con alimentos, con ropa, adaptar los horarios al calendario agrícola de siembra y cosecha, apoyar la formación o construir las escuelas [6]. El control se realiza desde la comunidad, con posibilidad de revocar el cargo si la persona no actúa bajo los principios compartidos.

Por otro lado, desde la Ley Revolucionaria de Mujeres (1993) la participación de la mujer en todos los cargos de responsabilidad ha aumentado, revolucionando viejas estructuras. Fruto de este cambio es el hecho de que sea cada vez más aceptada la permanencia de las mujeres en el sistema educativo en secundaria, si bien ésta sigue siendo una batalla diaria.

San Marcos Avilés, escuela en contexto de guerra

Un buen ejemplo del hostigamiento que sufren las comunidades zapatistas por parte del gobierno es el de San Marcos Avilés. A partir de agosto de 2012 esta comunidad sufrió, durante meses, el asedio de grupos paramilitares con la connivencia del gobierno. Las bases de apoyo zapatistas habían terminado la pequeña construcción de madera que albergaría su nueva escuela de primaria, Emiliano Zapata. Poco después de terminada la construcción se conformó un grupo de choque con el objetivo de acabar con ella. Este grupo, formado por otros miembros de la misma comunidad pero adheridos a otros partidos políticos, empezó a atacar sistemáticamente con agresividad creciente y usando armas de alto calibre, según aseguran las bases de apoyo y los informes de denuncia de la Junta de Buen Gobierno. Dado el alto el fuego declarado en 1994, los zapatistas no respondieron con violencia ante estos ataques y muchos se desplazaron a la montaña durante algunos meses. Al tiempo, analizaron y explicaron el problema: “los zapatistas somos gente de razón y de principios y no queremos enfrentamos con nuestros propios hermanos indígenas. Pero los malos gobernantes de nuestro Estado y de nuestro país buscan a toda costa que entre hermanos indígenas nos veamos como enemigos y nos matemos”.[7]

Este tipo de ataques no son aislados, y el tipo de respuesta tampoco. Tal vez por ello, el zapatismo ha logrado generar un movimiento de solidaridad de alcance mundial que durante meses se concentró en una campaña llevada a cabo, como explican Zesar Martínez, Beatriz Casado y Pedro Ibarra [8] “desde una lógica política de conflicto, señalando responsabilidades políticas e identificando adversarios a través de prácticas de movilización en ocasiones confrontativas y transgresoras”.

El desarrollo de un proceso de autonomía entraña en sí mismo una enorme dificultad, pero ésta es mayor cuando el contexto en el que se desarrolla es violento. El Estado mexicano ha tratado de invisibilizar la violencia promovida por él mismo y, aislando mediáticamente al zapatismo, ha pretendido que éste sea visto como cosa del pasado. Sin embargo, los y las zapatistas han apostado por mantenerse dueñas de su palabra y por hacerla llegar al mundo rompiendo este cerco informativo. No hay duda de que el Sistema Autónomo de Educación transgrede y confronta la normatividad del Sistema Educativo Público Mexicano, señalando los pilares sobre los que se sustenta, en especial, una pedagogía educativa al servicio del comando dominio-obedencia. Para el zapatismo el horizonte es la autonomía de los pueblos indígenas y descolonizar el ser pasa por descolonizar el pensamiento. Ésta es, en última instancia, la razón ser de las escuelas zapatistas en resistencia y re-existencia.


La Plataforma Vasca de Solidaridad con Chiapas es un colectivo que trabaja la solidaridad con las comunidades zapatistas.

Este artículo ha sido publicado en el número 56 de Pueblos – Revista de Información y Debate, abril de 2013.


NOTAS:

  1. Martínez, Zésar; Casado, Beatriz; Ibarra, Pedro (2012): “Movimientos sociales y procesos emancipadores”, en Cuadernos de Trabajo, n. 57, Hegoa, UPV-EHU.
  2. La guerra de baja intensidad en el caso de Chiapas ha se caracteriza por ser larga y silenciosa y, aunque provoca muertes, no trata tanto de matar al enemigo físicamente sino políticamente. Tiene varios ejes: creación de ayudas sociales condicionadas para neutralizar formas autónomas y comunitarias de organización política; formación y armamento de ejércitos paramilitares (Paz y Justicia, OPDDIC y otros); provocación y estimulación de conflictos intracomunitarios e intercomunitarios (por ejemplo, de tierras o religiosos) y militarización creciente bajo la excusa de “guerra contra el narcotráfico”.
  3. Los caracoles, creados en 2003, son los espacios liberados desde donde se práctica el autogobierno en cada una de las cinco regiones autónomas. En palabras del Subcomandante Marcos son “como puertas para entrarse a las comunidades y para que las comunidades salgan; como ventanas para vernos dentro y para que veamos fuera”.
  4. González Casanova, Pablo (2003): “Los ‘caracoles’ zapatistas: redes de resistencia y autonomía”, en revista Memoria, n. 176, México.
  5. Hablamos de escuelas en plural porque caracol organiza su propia dinámica, con unas líneas estratégicas comunes.
  6. Desde la cooperación internacional, y especialmente desde la cooperación del País Vasco, se ha apoyado el sistema de educación zapatista construyendo nuevas escuelas y poniéndolas en marcha.
  7. Denuncia de la Junta de Buen Gobierno de Oventik, extraída de la página: sanmarcosaviles.wordpress.com.
  8. Ver nota nº1.

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4 pensamientos en “El sistema autónomo de educación zapatista: resistencia, palabra y futuro”

  1. ERES UN ILUSO UTÓPICO.
    NO HAY LIBERTAD DE ELECCIÓN EN UNA ESCUELA ZAPATISTA Y LAS PROCLAMAS SON TANTO O MÁS OBLIGATORIAS QUE EN UNA ESCUELA LIBERAL BURGUESA COMO LAS QUE VIVIMOS EN OCCIDENTE, LA DIFERENCIA ES QUE EN OCCIDENTE SE NOS MIENTE SUTILMENTE, PUDIENDO ELEGIR SIENDO BRILLANTES ENTRE LA MEDIACRITUZ Y LA MERITOCRACIA AUN SIN DINERO, EN UNA ESCUELA ZAPATISTA LA ASIMILACIÓN MEDIA ES OBLIGATORIA O SINO, EL TIRO EN LA NUNCA. UTOPIA ES VER ALGO BUENA EN LA VIOLENCIA DESBOCADA QUE SOLO PUEDE SER COMBATIDO CON VIOLENCIA QUE LOS ARRASE SIN PIEDAD.

  2. Me parece que los sueños se hacen realidad a partir de la lucha, así como uds. lo están llevando a la practica. ……. COMBINAR ACCIONES DE PROTESTA CON PROCESOS DE PROPUESTA ,,,,,,

  3. Por aka por nuestras tierras los sueños ke iluminan nuestras noches siguen tomando un pokito – mucho de su lumbre ke mantiene viva la posibilidad de salirse de este putrido mundo humano egoista y explotador, lumbre ke sabemos ke les cuesta una ardua lucha cotidiana y el desvelo, desvelos ke compartimos por soñarnos otros y otras…

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