El futuro no son las TIC, eres tú (mujer aymara) usándolas

Ana María es una joven aymara, lideresa de una de las provincias del departamento de La Paz en Bolivia. Viste la tradicional pollera, manta, sombrero de copa alta y va cargada con un aguayo multicolor. Está claro que el hecho de ser mujer y aymara ha sido determinante para que su nivel de estudios sea bastante bajo y que, en la actualidad, cualquier nuevo reto formativo se le presente como un proceso costoso. Apenas dispone de recursos económicos y asume, sin ayuda de su pareja, el cuidado de sus hijos e hijas a tiempo completo, junto con todas las labores domésticas. Ana María tiene acceso a las computadoras a través de un telecentro aunque, por supuesto, no sabe cómo utilizarlas. Eso sí, es consciente de que como lideresa de su comunidad es importante que aprenda a manejar estas herramientas para acceder al ejercicio de su derecho a la información y a la comunicación a través de ellas, tal y como se recoge en la Constitución Boliviana.
Fotografía: CDIMA, Centro de Desarrollo Integral de la Mujer Aymara.

Ana María es una persona ficticia creada para este artículo, es un reflejo del perfil medio de las 60 mujeres aymaras que entre mayo de 2010 y marzo de 2012 participaron en la formación para lideresas en Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC)[1], desarrollada por el Centro de Desarrollo Integral de la Mujer Aymara Amuyt’a (CDIMA)[2] con el apoyo de ACSUR-Las Segovias.

En los 20 meses de la formación, estas mujeres han saltado varios muros: por un lado, las dificultades que encuentran para seguir un proceso formativo enmarcado en un contexto social totalmente patriarcal; y, por otro, el miedo para familiarizarse con las nuevas tecnologías. “Nosotras, como lideresas, tenemos que saber manejar la computadora, porque cuando queremos trabajar en la alcaldía de nuestra comunidad es uno de los requisitos que nos piden”, afirman.

Los objetivos de la formación parten de la premisa de que la comunicación es una herramienta fundamental en la construcción de una democracia plural y en el desarrollo integral de las naciones y los pueblos indígenas. La intención de esta formación es que las mujeres dominen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y así fortalecer a sus asociaciones y fomentar la incidencia en la opinión pública y ciudadana sobre la equidad de género desde los principios y valores de la cultura aymara.

Según la responsable de Proyectos del CDIMA, Alicia Canaviri, la formación de “mujeres tic’s” ha tenido el propósito de lograr su empoderamiento y ejercer una ciudadanía más digna y responsable. “Lo que buscamos es que las mujeres que se forman en los cursos fortalezcan sus destrezas, habilidades y capacidades en el manejo, uso y aprovechamiento de las tecnologías para el ejercicio de sus derechos. El derecho a la comunicación e información se encuentra garantizado en el primer parágrafo del artículo 107 de la Constitución Política del Estado”.

La formación se ha desarrollado mediante un plan educativo basado en siete módulos y 300 horas académicas avaladas por la Universidad Salesiana de Bolivia que fue amoldado a las necesidades de las alumnas, siempre alternando capacitación teórica y práctica. La dificultad de los contenidos ha ido avanzado gradualmente, desde los conocimientos más básicos sobre las partes que componen una computadora (teclado, pantalla, mouse, etc.) o qué es un sistema operativo, pasando por el uso del correo electrónico, hasta cómo escribir una nota informativa o llevar un programa radiofónico.

Mujer y aymara

Las barreras cotidianas que encuentra Ana María para participar en la formación son muchas, pero el muro más complicado de saltar es el del miedo. El miedo a expresarse, a comunicar y a compartir sus ideas, experiencias, saberes y pensamientos. “Al principio tenía miedo al momento de hablar frente al micrófono, empezaba a temblar porque no sabía lo que iba a decir. Todo lo que quería compartir se me olvidaba por los nervios, pero ahora sé que no hay que tener miedo”, afirma una lideresa de la provincia Pacajes. Este miedo ha estado muy presente en el diseño y desarrollo de la formación, por eso se ha hecho todo lo posible para superarlo.

Son varios los factores que han generado buenos resultados en este sentido. Uno de los más importantes es que el equipo docente que ha acompañado a estas mujeres estaba compuesto por personas identificadas con la cultura, identidad, principios y lucha por los derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas. En este entorno cercano, en el que las mujeres se han sentido identificadas y comprendidas, se ha generado el clima de confianza necesario para utilizar dinámicas como el teatro en el marco de la formación, lo que ha facilitado romper el hielo: las mujeres han tenido que actuar frente a las cámaras, presentar programas, interpretar a diferentes personajes y, sobre todo, perder el miedo a expresar su forma de sentir y de pensar.

Como señala Gabriel Tenorio, técnico de Comunicación en el Centro de Desarrollo Integral de la Mujer Aymara Amuyt’a, “la educación de las mujeres del área rural está centrada en el sistema patriarcal”, una barrera que es fundamental superar.

Nuestra amiga ficticia, Ana María, ha asistido a todas las sesiones con sus hijas, que también se han familiarizado con la computadora, pero la distraían constantemente y le costaba mucho concentrarse. No tenía otra opción, ya que su compañero no la ha apoyado en las labores domésticas ni en los cuidados familiares. De hecho, no le agradaba mucho la idea de que realizase la formación. La dificultad para concentrarse se ha sumado a que, debido a su bajo nivel formativo de Ana María, su asimilación de los temas de estudio durante la formación no ha sido ágil. Uno de los requisitos imprescindibles para poder acceder a la formación era saber leer y escribir: todas las participantes habían realizado estudios de primaria o secundaria, pero en la mayoría de los casos los habían abandonado por motivos familiares, económicos o de pareja.

Las brechas sociales

Del mismo modo que esta formación nace de la premisa básica de que la comunicación no es un lujo sino que forma parte de las condiciones necesarias para vivir dignamente, también lo hace entendiendo que la superación de la brecha digital entre países y al interior de los mismos (zonas rurales/urbanas) debe pasar por entender el derecho a las tecnologías de la información como un derecho fundamental, sustentado en “la necesidad inédita de asegurar a todos los individuos el acceso a las TIC, fomentar el flujo y el intercambio de información, alentar la transferencia de conocimiento y estimular la innovación y formación de capital humano”[3].

La brecha digital no puede entenderse aislada del resto de brechas ya existentes. Las desigualdades generadas en relación al acceso y uso de las TIC son un resultado de otras asimetrías relacionadas con “las estratificaciones sociales, económicas, políticas, étnicas, de género, generacionales, de accesibilidad, etc. No se trata de una nueva división de la ciudadanía, sino que acentúa las ya existentes”[4]. Ana María es un buen ejemplo de ello.

Según Gabriel Tenorio, que ha acompañado todo el proceso formativo, las mujeres fortalecieron sus destrezas y habilidades en el manejo y uso de las nuevas tecnologías, y también reforzaron su autoestima personal y fomentaron su capacidad para, como lideresas, alzar y dirigir la voz en defensa de sus derechos y contra la discriminación que sufren las mujeres desde diferentes estancias sociales. “Cuando entras a un Ministerio o a una institución hay personas que no te tratan bien, hasta hay policías que se pueden aprovechar de su autoridad, te gritan. Hay que decirles ‘por qué me estás tratando así, yo conozco mis derechos’”, comenta una de las lideresas.

Más allá de la tecnología

Estas 60 mujeres han hecho réplicas de los talleres, han trasladado y compartido los conocimientos adquiridos en manejo y uso de las TIC con el resto de personas de sus organizaciones. Este ejercicio de réplica no sólo ha implicado compartir sus conocimientos con otras personas y adoptar el rol de formadoras, sino también tener que enfrentarse al trato discriminatorio por parte de varones, e incluso también de algunas mujeres, que no aceptaban ser formadas por mujeres.

El espacio de la formación se ha convertido también en un contexto para fomentar la articulación y actuación conjunta entre medios de comunicación, redes comunicacionales y comunicadoras indígenas junto a las lideresas y organizaciones de mujeres en el departamento de La Paz. Las participantes en la formación se han constituido como asociación para seguir capacitándose y llegar a otras lideresas que quieran conocer estas herramientas. En definitiva, la formación ha contribuido al avance de los derechos sociales y políticos a través del fortalecimiento de los liderazgos y de la visibilidad de las mujeres aymaras, que siguen estando marginadas social y políticamente.

En 20 meses, Ana María ha perdido el miedo a la tecnología, ha aprendido a usar el correo electrónico, redactar una nota informativa, subirla a la web de su asociación y participar en un programa de radio para expresar su opinión, denunciar lo que pasa en su comunidad o defender los derechos de las mujeres. Se han puesto en contacto con otras lideresas de la zona y, además, mantendrá esta red de contactos, porque ahora sabe cómo hacerlo. Ha fortalecido su autoestima y ha demostrado, a quienes en sus comunidades las ven y tratan como inferiores, que no se achanta y que va a luchar por sus derechos, también desde el ejercicio de su derecho a la comunicación y a la información y de la libertad de expresión.

Ha interiorizado que las TIC no son un objetivo, sino un medio para que el acceso a la información pueda convertirse en universal, “que permite a las sociedades identificar y evaluar oportunidades de desarrollo autóctonas y mejorar la vida de sus comunidades gracias a unas políticas públicas integradas en la esfera internacional, a la participación en la sociedad, en la economía, en el gobierno y en los mismos procesos de desarrollo. En ese sentido puede hablarse de un uso social de las TIC”[6]. Han comprendido que son un mecanismo para el ejercicio de sus derechos, no un fin en sí mismas. Y que, reformulando una frase que circula por internet, “el futuro no son las tecnologías, el futuro eres tú usándolas”.


Beatriz Ortiz Martínez es coordinadora del área de Comunicación en ACSUR – Las Segovias.

Este artículo ha sido publicado en el nº 54 de Pueblos – Revista de Información y Debate, Cuarto trimestre de 2012.


NOTAS:

  1. El proyecto “Mujeres Aymaras en las Nuevas Tecnologías” ha sido ejecutado por CDIMA (Centro de Desarrollo Integral de la Mujer Aymara) con el apoyo de ACSUR-Las Segovias y cofinanciado por los Ayuntamientos de Badalona, Parafrugell y Santander.
  2. Centro de Desarrollo Integral de la Mujer Aymara (CDIMA), http://cdimabolivia.org/.
  3. Ortega Martínez, Jesús: Sociedad de la Información y DDHH de la Cuarta Generación. Un desafío inmediato para el derecho constitucional. http://www.bibliojuridica.org/libros/4/1510/26.pdf.
  4. Orubia García, Alba: Brecha digital: derecho vs oportunidad de acceso. Nº 48 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2011.
  5. Ibíd.

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