Nueva arquitectura financiera internacional, una respuesta desde América Latina a la crisis

¿El sistema financiero internacional contribuye a la prosperidad de los países y a la mejora de las condiciones de vida de la población? La crisis financiera internacional que se manifestó en el año 2008 y que hoy sigue afectando al mundo, con particular dureza a Europa, ha puesto sobre el tapete el debate sobre el rol de las instituciones financieras internacionales (IFI) y del sistema financiero internacional, que ha promovido el debilitamiento de las regulaciones para satisfacer los intereses corporativos y el incremento de las ganancias de unos pocos.

En América Latina desde hace algunos años se viene discutiendo la necesidad de reformar la estructura y el funcionamiento de las IFI. La discusión en torno a generar una nueva arquitectura financiera es una apuesta de integración económica y es parte también de la apuesta de integración política de América Latina desde la sociedad civil.

Paula Cabildo

Tras las dos guerras mundiales que devastaron el planeta se estableció un orden financiero internacional que empezó a ser diseñado en el año 1944 y que tenía entre sus instituciones fundamentales al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM).

A mediados de los años 80 se empezó a dar la liberalización generalizada de las transacciones comerciales. En paralelo con la desregulación de los mercados financieros domésticos, en los años 90 se incrementaron exponencialmente los flujos internacionales de capital. Estos dos fenómenos alteraron de modo trascendental el funcionamiento del sistema financiero internacional, siendo ésta la base de la precaria estabilidad financiera de los países.

Expresiones de esta inestabilidad financiera fueron la crisis asiática de 1997, y las crisis de México, Brasil y Rusia, que obligaron a un debate inicial sobre el rol de las IFI, sobre su estructura y las medidas que aplicaban para propiciar la estabilidad financiera internacional y reducir la pobreza en los países menos desarrollados.

Globalización y crisis

Todo ello expuso la incapacidad del sistema financiero internacional para proteger a la economía mundial de las fuertes crisis que tenían un alto impacto en la vida de las personas, en especial de aquellas en situación de pobreza. Si las crisis financieras son parte consustancial del capitalismo, lo que se ha constatado desde los 90 es que su recurrencia se ha incrementado desde la crisis de la deuda en los años 80.

Debido a la globalización se ha dado un pronunciado incremento de la interacción de las economías de los países y de sus mercados, tanto en los reales como en los financieros. Las innovaciones en el ámbito financiero y la liberalización progresiva de los flujos financieros no sólo han permitido incrementar las transacciones financieras, sino que también han sido abono para la volatilidad.

El incremento de la interdependencia económica, que puede ser beneficioso cuando hay un escenario de crecimiento sostenido, puede convertirse en un boomerang que golpea también a las economías más frágiles y a las que tienen mercados internos con menor nivel de desarrollo o que no tienen exportaciones diversificadas (como es el caso de muchas de las economías de América Latina dependientes de las industrias extractivas). Los efectos de contagio y arrastre de las externalidades de una economía sobre las otras son también una constante en este escenario de globalización de las finanzas, tal es el caso de la crisis originada en 1929 y la del año 2008.

En la última crisis se puede apreciar cómo el dólar, moneda en la que se ha venido basando la economía mundial en los últimos años, se ha convertido en una moneda inestable poco confiable como medio de pago y como activo de reserva. Dado que la economía global está dolarizada y que Estados Unidos ha venido emitiendo dólares que no cuentan con respaldo real, el mundo entero está cargando el peso de una moneda que cada vez tiene menos valor. Si bien en este artículo se enfatiza el tema financiero, se parte de la premisa que ésta no sólo es una crisis financiera, sino una crisis más compleja que podría ser denominada civilizatoria que expresa el agotamiento del modelo vigente. Esto sucede a la vez que se empieza a dar un nuevo equilibrio de poderes en el mundo con el declive de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, así como con la emergencia del llamado grupo BRICS1. Esta crisis, pues, tiene múltiples expresiones.

Regresando al tema financiero, constatamos que, en los períodos de crecimiento, los involucrados en las finanzas han subestimado los riesgos por ejemplo de los altos niveles de endeudamiento. Es así que el problema de la deuda, que antes estaba concentrada fundamentalmente en los países del Sur, hoy se ha convertido en una problemática global donde los países más ricos son los más altamente endeudados.

A más crisis, mayor integración

América Latina originó una serie de iniciativas desde los Estados para fortalecer la integración política, económica y social de la región. A continuación presentamos una breve reseña de cada una.

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Esta organización nace en contraposición al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), promovida por los Estados Unidos. Al ALBA, formada inicialmente por Venezuela y Cuba, luego se integran Antigua y Barbuda, Bolivia, Dominica, Ecuador, Nicaragua, San Vicente y Granadinas, Venezuela y Honduras (que salió tras el golpe al presidente Zelaya). Busca crear mecanismos para aprovechar las ventajas de las diferentes naciones, para compensar las asimetrías entre estos países. Se utilizan fondos compensatorios y la aplicación del denominado TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos).

La Comunidad Andina de Naciones (CAN). Organismo regional que nace del Acuerdo de Cartagena en 1969. En la actualidad la integran Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Tiene como objetivo fundamental alcanzar un desarrollo integral, equilibrado y autónomo mediante la asociación de los países andinos. En el año 1976 Chile se retiró (cuando estuvo bajo la dictadura de Augusto Pinochet). Posteriormente (2006) Venezuela también salió como señal de protesta por los Tratados de Libre Comercio (TLC) que firmaron Colombia y Perú.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Organismo intergubernamental de ámbito regional que promueve la integración y desarrollo de los países latinoamericanos. Creada en 2010 en la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, su objetivo es profundizar la integración en un marco de “solidaridad, cooperación, complementariedad y concertación política” de los países latinoamericanos y caribeños, sin la tutela de las grandes potencias[2].

El Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Bloque subregional creado en 1991, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay[3], Uruguay y Venezuela. Además, tiene como países asociados a Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Ecuador. Entre sus objetivos están la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre países, el establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común, la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados partes y la armonización de las legislaciones para fortalecer el proceso de integración[4].

La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Organismo de ámbito regional que tiene como finalidad construir una identidad y una ciudadanía sudamericana, así como desarrollar un espacio regional integrado. Está formado por doce Estados cuya población conjunta es de 400 millones de personas y representa el 68 por ciento de la población de América Latina.

Estas experiencias han explicitado su voluntad de formar espacios latinoamericanos de integración y de concertación política. A pesar de la presencia de diferentes perspectivas políticas, en especial en UNASUR, en estos espacios también se ha planteado la necesidad de crear entidades financieras propias que respondan a los intereses de América Latina como bloque.

Una respuesta regional frente a un problema global

Es en este escenario en el que se pone en cuestión el rol del FMI y sus capacidades para gestionar las crisis, sobre todo las más recientes, así como su papel fundamental en costosas operaciones de rescate a los bancos con dineros públicos. Frente a esto, desde la sociedad civil de América Latina se plantea una regionalización de la arquitectura de las finanzas internacionales que fortalezca las iniciativas de integración regional que están en estos momentos en curso.

Es así que se propone desde la Red Latinoamericana de Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd) una nueva arquitectura financiera regional que busque y que funcione de manera regulada y transparente promoviendo la estabilidad y la integración económica. También, que busque eliminar los mercados especulativos de las materias primas, en especial de los alimentos; que anule las deudas ilegítimas e insostenibles; que promueva la equidad y el desarrollo de los países, las regiones y del mundo en su conjunto; que cree mecanismos de control de los movimientos de capitales; que desmantele los paraísos fiscales y, finalmente, que apueste decididamente por la regionalización de las finanzas globales.

Instrumentos de la nueva arquitectura financiera regional

Entre estos instrumentos se encuentran los siguientes:

Fondo del Sur para la integración. Tendría que poner en valor las reservas internacionales de los países de la región, que en estos momentos (como consecuencia de las políticas de acumulación y superávit fiscal de los 90) se encuentran en un nivel bastante alto, superando la cooperación internacional para la región. Esto permitiría no depender del financiamiento externo, eliminar sus condicionalidades y poder disponer de fondos para problemas de balanza de pagos, de crisis, etc.

Unidad Monetaria Sudamericana. Podría brindar estabilidad y reducir la volatilidad del comercio extra-regional, permitiendo comerciar sin depender del dólar y de los costos que implica. Esto fortalecería aún más el comercio intrarregional. Aunque no hay aún una decisión coordinada para impulsar esta unidad de cuenta, ya se ven avances en este sentido en la coordinación de políticas entre los bancos centrales.

Banco del Sur[5]. Su funcionamiento estaría dirigido a financiar emprendimientos pequeños, pequeñas empresas, pequeña producción, y a apoyar la generación de una nueva base empresarial basada en otros principios, que sea sostenible con el medio ambiente y que ayude a generar empleo en las grandes mayorías en donde éste aún se da de manera precaria e informal.

La apuesta por la nueva arquitectura financiera regional se inscribe en una línea de reflexión, acción y propuesta de los movimientos y redes que vienen planteando prácticas y discursos contrahegemónicos como la economía solidaria, el buen vivir, el post-extractivismo, la economía feminista y la ecología política, entre otras apuestas que desde América Latina se plantean para salir del neoliberalismo.


Giancarlo Castiglione Guerra es coordinador de la Red Jubileo Perú, espacio que a su vez integra la Red Latinoamericana de Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd).

Este artículo ha sido publicado en el nº 54 de Pueblos – Revista de Información y Debate,  Cuarto trimestre de 2012.

Versión en euskera aquí.


1. Se conoce como BRICS al grupo formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
2. www.publico.es/internacional/410348/america-latina-se-sacude-la-tutela-de-eeuu-y-europa-al-crear-la-celac.
3. Actualmente suspendido por la violación de la Clausula Democrática del Protocolo de de Ushuaia, debido al derrocamiento del presidente Lugo.
4. www.mercosur.int
5. Uruguay firmó en abril de 2012 el Convenio Constitutivo del Banco del Sur, así se completa la exigencia legal para que este convenio entre en vigencia, ya habían firmado el documento antes Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Tras la ratificación de Uruguay la consecuencia es que el Banco del Sur empezará a operar en abril de 2013.


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