Las réplicas del quilombo paraguayo

¡Menudo quilombo! Fue la frase más repetida durante las últimas horas de Fernando Lugo y las primeras de Federico Franco en la presidencia de Paraguay. Un quilombo traducido en golpe de Estado parlamentario difícil de comprender, pero que casi todo el mundo decía entender aunque no justificar. “Gobernaba sin apoyos”, “se ha enfrentado a los caciques que dirigen el país”, “estaba solo”… reflexionó en voz alta una país en el que, con la excepción de apenas 24 horas, la tranquilidad fue la nota dominante.

Los rincones y las esquinas, los copetines (comedores populares) y los supermercados bailaron entre el por qué tan rápido y el por qué en ese momento, cuando restaban nueve meses para unas elecciones que pronosticaban un cambio de color en el Ejecutivo. El secretario de Relaciones Internacionales del partido paraguayo Patria Querida, Mario Paz Castaing, lo aclara desde la derecha del espectro político: los errores de gestión de Lugo se acentuaron tras la matanza de Curuguaty en la que murieron 17 personas. El juicio político que le arrebató la presidencia tras declararle “culpable” de “mal desempeño” queda recogido en la Constitución de 1992, auspiciada (y no es un detalle menor) por los dos partidos tradicionales, liberales y colorados.

Fotografía: Jairo Marcos.

La legitimidad y la legalidad (otro pormenor con importancia) de lo ocurrido llegó a las tertulias. A las de políticos sempiternos y a las de paraguayos acostumbrados a ‘estresarse’ entre el tereré y el fútbol. “Es legal entendiendo legal como que se obedece a las leyes. Pero si tomamos el término ‘legítimo’ como justo y equitativo, el juicio político ha sido ilegítimo porque los argumentos utilizados son infantiles, de un nivel intelectual muy bajo, al igual que los tiempos de respuesta. En ese sentido, el proceso no ha sido justo para un presidente”, expone Óscar Muñoz, experto en gobernabilidad en un organismo de cooperación internacional. Al pueblo se le arrebató la legitimidad de elegir a su máximo representante, a su presidente. “Liberales y colorados son los dos beneficiados del proceso”, apunta el secretario de Patria Querida.

“Términos como ‘democracia’, ‘ciudadanía’ o ‘gobernabilidad’ vienen un poco grandes a Paraguay. Esto que ha pasado beneficia a la mayor parte de la población, pues es una cultura muy ‘prebendaria’ y la mayoría son del Partido Colorado o del Partido Liberal. Lugo no sólo tiene pocos apoyos sino también poco dinero”, subraya un paso más allá Muñoz.

La idea de paréntesis es la que está implantada ahora entre los analistas políticos. Tras al 61 años del Partido Colorado en el poder, incluyendo los 35 de la dictadura de Stroessner, el gobierno de Lugo ha quedado en el imaginario de no pocos como una circunstancia coyuntural. Mientras, los liberales, el segundo partido en liza, color azul por bandera, ostenta el poder en solitario (con Lugo formaba parte de un gobierno compartido para contrarrestar el arrastre colorado).

El quiebre institucional ha paralizado los intentos de cambio y recordado lo ocurrido en Honduras tres años antes. Decenas de artículos relacionan ambos acontecimientos. En Paraguay y en Honduras los entonces presidentes sumaban simpatías del pueblo a la misma velocidad que perdían apoyos políticos. En Honduras y en Paraguay las elecciones aguardaban en el horizonte próximo. Y es que, para muchos expertos Asunción es la continuación de Tegucigalpa.

El quilombo paraguayo demuestra que se están poniendo en práctica nuevas formas de control institucional que, disfrazadas con un tamiz democrático, distan de representar la soberanía popular. El ninguneo a las urnas demuestra una vuelta de tuerca sobre el control institucional. Hay quienes incluso apuntan a Venezuela 2002, Bolivia 2008 y Ecuador 2010 como otros ejemplos (fallidos) en idéntica dirección. El economista y doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires Julio Gambina[1] considera que existe una intencionalidad de las clases dominantes de quitar iniciativa a la dinámica popular.

Situado en el corazón de América Latina, el país guaraní ocupa un lugar estratégico en el continente. Y por extensión, su situación política también lo es. La primera respuesta internacional fue más que significativa: suspensión de Paraguay del derecho a participar en los órganos de Unasur y Mercosur, con la incorporación de Venezuela a este último. Dos vetos a los que una parte de la ciudadanía paraguaya ha respondido con un nacionalismo exacerbado. “Paraguay podría tener que cambiar su política internacional y su vía de inserción en el mercado internacional; podría verse obligado a abrir tratados de libre comercio con otras potencias como la Unión Europea o con Estados Unidos”, advierte Paz Castaing.

“Varios actores han convergido en el golpe a Paraguay, así como en Honduras, dos países que tienen en común ser la punta de lanza de la contraofensiva de la derecha. Paraguay se convierte en la piedra del zapato de la Unidad del Cono Sur, y representa principalmente un terrible dolor de cabeza a Brasil. (…) Debemos ver esto no sólo como un ataque a la democracia paraguaya, sino también a los procesos de unidad regional”, ha escrito el abogado defensor de los derechos humanos Orlando Castillo[2].

Paraguay vive como encogido entre dos gigantes como Argentina y Brasil. Su economía depende de la soja, en muchos casos transgénica, y de la ganadería, negocios controlados por empresarios de los países vecinos a los que exporta. El control de la tierra dibuja un panorama al antiguo estilo feudal europeo (el 85 por ciento de las tierras está en manos del 2 por ciento de los propietarios, datos difíciles de precisar porque no existe control alguno de los títulos de propiedad), a la par que escenifica luchas neoliberales de principios del siglo XXI (el control del suelo paraguayo, rico en agua, completa el quilombo).

A todo esto hay que unir la idiosincrasia del pueblo. “Estamos ante una pérdida de calidad de la democracia que no es nueva; en Paraguay decenas de vicepresidentes accedieron a ese cargo con apoyo militar”, contextualiza la historiadora y socióloga paraguaya Milda Rivarola. Los resultados del quiebre democrático, el golpe de Estado parlamentario, o demás juegos de palabras que intentan definir un hecho que el paso del tiempo subrayará con el calificativo más adecuado son una “recuperación del discurso dictatorial”, el despido de contratados y empleados del anterior gobierno, la flexibilización de las normas ambientales vía decretos, o la destrucción del proyecto de la televisión pública, enumera Rivarola.

El 21 de abril de 2013 es la fecha marcada (¿en colorado?, ¿en azul?, ¿con otro paréntesis?) para las próximas elecciones en Paraguay. Rivarola lo tiene claro: “Se prevé mucho absentismo y una alta injerencia de operadores (clientelismo y corrupción electoral) y del financiamiento ‘negro’ no regulado. La gran pelea se dará entre colorados y liberales. La izquierda, si logra ir unida, podrá ganar más presencia parlamentaria, pero en medio de su fraccionamiento no tiene chances”.


Mª Ángeles Fernández y J. Marcos son (foto)periodistas freelance especializados en temática internacional. www.desplazados.org.

Este artículo ha sido publicado en el nº 54 de Pueblos – Revista de Información y Debate, Cuarto trimestre de 2012.


1. Zayas, Osvaldo: “Paraguay expresa el interés de las clases dominantes del mundo”, E’a. Periódico de interpretación y análisis, Asunción, 24 de julio de 2012, disponible en ea.com.py
2. Castillo, Orlando: ‘La patria sojera y la USAID están detrás del golpe de Estado’, ALAI, América Latina en Movimiento, 30 de junio de 2012, disponible en alainet.org.


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