Mineros de Marikana: la masacre de nuestras ilusiones

La historia de Marikana (Sudáfrica) ha sido contada, hasta ahora, de forma superficial, como una rencilla entre sindicatos. En los primeros días después del fatídico jueves del shock y del horror de ver a personas siendo masacradas por televisión, como es lógico, hubo aullidos de ira y pena, como es lógico. Por supuesto, nadie quiere asumir la responsabilidad porque para hacerlo primero habría que reconocer la culpa. Algunos lumbreras incluso han ido por el camino de advertir o acusar a algunos como “impulsores” o “alimentadores de la cólera”. Así, el bufón Julius Malema dio un paso adelante como si diera credibilidad de forma guionizada y puntualizada a aquellas advertencias. Entonces, el presidente Zuma dio orden para hacer una investigación pública y declaró una semana de luto por los muertos y sus familias como si fueran miembros del Estado.

Pero ésta no es sólo una historia de privaciones, violencia y pena. Para hablar en estos términos habría que añadir la herida perpetrada por la policía sobre los trabajadores en huelga así como muchos comentaristas han hecho (esos que ven a los huelguistas como meras víctimas y no como agentes de su propio futuro e, incluso más importante, no les ven como una fuente de un nuevo movimiento en potencia).

La ampliación del cinturón del platino ha sido el germen para nuevos resurgimientos de luchas en los últimos cinco años, desde las clases obreras activistas de la comunidad de Merafong y Khutsong, quienes expulsaron del entonces Congreso Nacional Africano (CNA) al presidente Terror Lekota, hasta los trabajadores en huelga de Angloplat, Implat y ahora Lonmin. Estas luchas, incluidas las revueltas de escala nacional, son los indicios de que un nuevo movimiento se está forjando a pesar de la violencia de Estado que asesinó a Andries Tatane y que masacró también a los trabajadores de Lonmin.

Marikana ahora se une a las masacres de Sharpeville y Boipatong en la odiosa historia del método de acumulación de capital basado en la violencia. La legitimidad moral de la CNA como principal fuerza en la lucha por la democracia ha sido irrevocablemente  desperdiciada y la lucha por la justicia social ahora ha pasado a toda una nueva clase obrera (incluidos los trabajadores de Lonmin que fueron a la huelga) que están fuera de la Alianza Tripartita (CNA/PCS/COSATU) y los partidos que la constituyen. En este sentido, después de Marikana, las cosas nunca volverán a ser iguales.

Una nueva etapa en la lucha

En primer lugar, los asesinatos marcan el final de la ilusión de una alta moral ocupada por la CNA y la finalización de su transformación en el partido del gran capital. Desde hace tiempo, el CNA negocia la liberación de los créditos argumentando que todas las críticas provienen de los sectores que están tratando de defender el privilegio de los blancos.

Pero Marikana fue un ataque a los trabajadores en defensa del privilegio de los blancos (especialmente los dueños de las minas Lonmin). Aunque la compañía Cyril Ramaphosa posee una gran parte, sus accionistas principales incluyen a inversionistas británicos y al ex sudafricano (y ex EsKom) Mick Davis de Xstrata.

Con esta actitud, el CNA se pone directamente en los zapatos de sus predecesores (los partidos Apartheid´s Nationalist Party y el Smuts South African Party), actuando para asegurar los beneficios del capital minero a través de la violencia. Una vez más Bulhoek y Bondelswaarts[1]. Entonces fue la fundación del reclutamiento forzado en el África Austral que condujo al temido sistema migratorio de trabajo, los guetos y los “dompas”[2], las cuestiones de las que hablaba Hugh Masekela’s Stimela[3].

Los sucesivos gobiernos han hecho lo necesario para asegurar una mano de obra barata, dividida y dócil para las minas. Lonmin ejemplifica el maquillaje de las nuevas elites en Sudáfrica (el viejo capital blanco escoltado de unos pocos negros políticamente unidos en nombre de la igualdad).

En segundo lugar, la huelga y la matanza marcan un punto decisivo en la alianza alrededor del CNA (en particular la federación de sindicatos COSATU). Mientras que la comunidad y las alas juveniles de lo que fue llamado el Movimiento Democrático de Masas de los años 80 y 90 se deshonró por su asociación con concejales corruptos y se eclipsó por las rebeliones; la autoridad moral del COSATU fue realzada después de 1994. Dentro de lo que llaman “la sociedad civil”, COSATU siguió siendo una voz moral. Así, alguien que tenía una campaña buscaba a COSATU como socio. Esta autoridad moral vino porque COSATU era simplemente la voz más organizada entre la clase obrera. Hoy, el vínculo entre COSATU y la clase trabajadora es muy tenue.

Obviamente, consideramos la noción de un obrero como alguien que trabaja para un patrón claramente definido, a jornada completa, en una fábrica grande, mina o un supermercado. De hecho, los sindicatos clásicos industriales fueron forjados por trabajadores en fábricas grandes y áreas industriales. Esto fue así en muchos países donde tales sindicatos se ganaron el derecho de organizarse y negociar en conjunto (y fue también en el caso de Sudáfrica, cuando una nueva ola de sindicatos grandes formó sindicatos industriales después de las huelgas de Durban de 1973). Y acompañando esta estructura de trabajo se crearon los espacios residenciales en los municipios cercanos. Desde el sistema del apartheid de los años 50 se fue aceptando cada vez más la existencia de facto de los asentamientos urbanos del proletariado (que se intensificó a partir de principios de la década de los 70) y se construyeron las casas de ladrillo a modo de “caja de fósforos” en los municipios de la era de apartheid: el Sowetos, Kathlehongs, Tembisas, y otros por el estilo

Por tanto, la clase obrera fue organizada por el capitalismo en áreas grandes industriales y casas de ladrillo. La fase neoliberal del capitalismo (desde los años 80) ha comenzado a cambiar también esto.

El neoliberalismo no sólo ha influido en la privatización y la especulación global. También lo ha hecho sobre la reestructuración del trabajo y los hogares. Hoy la temporalidad, externalización, las agencias de trabajo y otras formas de informalización o externalización se han convertido en la forma dominante de trabajo; y la vida en la calle o en chozas el modo de existencia de la clase obrera. Esto es proporcional a la retirada del Estado en su labor de proporcionar el alojamiento y los servicios asociados al mismo.

Máxima explotación

Hace 20 años, los trabajadores de Lonmin habrían vivido en una casa proporcionada y vigilada por la empresa. Hoy los trabajadores de la perforadora viven en un barrio de chabolas cerca de la mina. La minería en sí misma también ha cambiado. La mayor parte del duro trabajo subterráneo ahora es hecho por trabajadores externos o de agencia. Estos son los trabajadores más explotados y con menos seguridad, que trabajan los horarios más prolongados y bajo acuerdos muy flexibles. Hoy aún es posible tener una mina y no trabajarla tú mismo, sino contratar compañías de ingeniería como Murray y Roberts que la trabajan para ti. En todo este mix están también los denominados “mineros ilegales”, quienes literalmente trabajan con azadas y su propia dinamita y luego venden lo que consiguen a los intermediarios, que son los que tienen los enlaces con las grandes compañías.

Lonmin ha explotado estas divisiones y las ha exacerbado según la vieja estrategia de la industria minera de reclutar en las áreas tribales y regionales (los perforadores son mayoritariamente xhosas reclutados en el Cabo Oriental en un área que es en gran parte de habla tswana) para aumentar la explotación en el tajo de los perforadores, mientras hacen tratos cada vez más beneficiosos con los trabajadores de “cuello blanco”, miembros de National Union of Mineworkers (NUM).

Añada a esto la mezcla tóxica de la seguridad en las minas, recintos rodeados de alambre y alojamiento informal, identificado por los investigadores como Benchamar[4] y con un cuadro de violencia institucionalizada emergente.

En contraste, los sindicatos dominantes en Sudáfrica en gran parte se han movido hacia los trabajadores de “cuello blanco” y se han alejado de la mayoría. Hoy los afiliados de COSATU son este tipo de trabajadores. Los trabajadores de “cuello azul” (de niveles inferiores) están ahora en agencias y en servicios completamente externalizados, como la limpieza, la seguridad, etc. Así, no están dentro de las unidades negociadoras del Consejo de Negociación del Sector Público.

La huelga de Lonmin fue secundada en los tres últimos meses para golpear el sector del platino. Fue precedida por una huelga en Implat (y antes de esto en Angloplat). La Asociación de Mineros y Trabajadores de la Construcción (AMCU) se involucró buscando una salida para sus frustraciones. En este sentido, la huelga reciente ha estado cociéndose a fuego lento durante años. El periódico sindical de las minas Miningmix publicó en 2009: “Un acuerdo firmado entre el NUM e Implats en 2007 estipuló el 50 por ciento más para ser reconocido como miembro (prácticamente haciendo así de Implats un espacio cerrado donde los sindicatos de minorías no tenían ningún derecho). Esto eliminó cualquier competición y dio el monopolio al NUM en el complejo minero más grande de Sudáfrica. Y más importante, se ha ido dando un cambio gradual en el perfil de los socios del NUM durante los 15 últimos años; y nadie se ha ido dando cuenta. El NUM, al principio, fue configurado por los mineros de las categorías más bajas, principalmente de las minas de oro. Más del 60 por ciento de sus miembros eran extranjeros, sobre todo trabajadores analfabetos migrantes”.

“Hoy en día ese número ha caído por debajo del 40 por ciento. De otro lado, una parte creciente de los socios del NUM vienen de lo que puede ser descrito como el personal de minería de ‘cuello blanco’, que antes habían sido representados exclusivamente por Solidarity y UASA. Las estructura locales del NUM en Rustenburg están dominadas por trabajadores del más alto nivel. Ellos están alfabetizados, hablan bien y son acaudalados, comparados con los trabajadores generales y los operarios de máquinas o los que trabajan en el subsuelo. Por ejemplo, hay dos ramas del NUM en Implats, el Norte y el Sur. Y los presidentes de ambos son los beneficiarios de la prima del 18 por ciento que provocó la huelga. Durante las negociaciones de salario en septiembre de 2011, Implats quiso dar a los operadores de las perforadoras un aumento más alto que al resto de la mano de obra, pero un comité de administrativos del NUM exigió que el beneficio fuera repartido entre todos. De más está decir que no había un solo operador de perforadora en el comité de los representantes sindicales”.

Por tanto, mientras el NUM deja de ser el afiliado más grande de COSATU se convierte en el sindicato de los trabajadores de “cuello blanco”. Estos acontecimientos dentro de la NUM condujeron a la formación del sindicato de ruptura, el AMCU. Independientemente de las cartas credenciales de AMCU, su aparición es un desafío directo a la hegemonía de NUM y de COSATU. Como tal, la federación ha emprendido una campaña vergonzosa para difamar a los huelguistas y su sindicato.

A esta campaña se han unido los medios de comunicación. Con la excepción notable de Cape Times, que ha dado cobertura a las historias de los familiares de los trabajadores muertos y ha editorializado sobre la policía y las prácticas que llevaron a cabo en Lonmin, la culpabilidad de los medios de comunicación en demonizar a los trabajadores en huelga ha sido reprobable. Además de utilizar sólo las fuentes del NUM para la información de la huelga o hacer hincapié en el oportunismo de Malema, no hubo ninguna tentativa de escarbar más allá de la idea generalizada de trabajadores manipulados y la rivalidad entre sindicatos.

En general, todos pintaron a los perforadores como incultos, mientras esgrimían la idea de que un aumento a R12 500 (moneda sudafricana) es “irrazonable” (nadie aún se ha molestado en comprobar lo que los trabajadores de la perforadora en realidad ganan actualmente).

Existe la idea de que los trabajadores se afiliaron AMCU porque les prometieron R12 500. Esta ficción es repetida sin parar por los medios de comunicación. Los periodistas son fieles a las fuentes (sin nombre) del NUM y son simplemente demasiado perezosos para cotejarlo con los trabajadores en huelga, o del AMCU, y no se dan cuenta de que esto es una alegación infundada que viene de fuentes del NUM. La difamación llega al punto de decir que los trabajadores están tan abiertos a la manipulación que creerán cualquier promesa vacía. Esto juega con el prejuicio, repetido por Frans Baleni, del NUM, de que los perforadores son ignorantes e incultos, y esto sostiene la idea de que el AMCU es una especie de operación mañosa que debe asumir la responsabilidad de la matanza.

Ninguna decisión de ir a la huelga, y menos una como ésta (sin protección, bajo el paraguas de un sindicato no reconocido, en un lugar de trabajo con seguridad minera y donde los trabajadores están lejos de sus casas, en una región extraña), es tomada a la ligera. Las huelgas salvajes son probablemente el acto más consciente de sacrificio y coraje que alguien puede tomar, conducido por la cólera y la desesperación y con el conocimiento pleno de que podría perder el trabajo y el sustento de su familia.

En tiempos normales, los sindicatos pueden ser como enormes máquinas burocráticas lejos de los miles de miembros ordinarios. Las huelgas cambian todo esto. De repente, los sindicatos son forzados a ser conducidos por las aspiraciones de sus miembros. Independientemente de los méritos del AMCU como un sindicato democrático o como uno con visión de transformación; independientemente de la participación de Themba Godi y alguno más, los trabajadores de Marikana eligieron, se hicieron miembros del AMCU y arriesgaron todo, incluyendo sus vidas, pensando en un futuro mejor. Por esto les debemos algo más que la compasión. Hay un trabajo de movilización y la construcción de un movimiento que debe ser reconocido.

La visión de los disparos de la policía sobre los trabajadores en huelga por la televisión ha llevado el verdadero mundo de las luchas actuales directamente a los salones y los dormitorios de la opinión pública. Esta clase de rebelión “espontánea” se extiende por la esfera industrial y ejemplo de ello son las huelgas sin protección en las minas platino en Anglo Plat, Implats y ahora Lonmin.

Hasta ahora los huelguistas se han mantenido firmes no sólo contra la policía y Lonmin, siendo amenazados con el despido, sino también contra los medios de comunicación que etiquetan su huelga de ilegal, y contra el NUM y el COSATU, que se unen a su aliado, el CNA, para estigmatizar a los huelguistas y su sindicato como pagado por BHP Billiton y/o la Cámara de Minas. El SACP aún continúa instando a la Comisión de Zuma para que se investigue al AMCU y la posibilidad de que esté financiado por compañías interesadas en romper el NUM (esa vanguardia de la clase obrera).

En medio de este ultraje y esta brutalidad déjenos reconocer que un nuevo movimiento está surgiendo. Estos signos tempranos aún no indican algo magnífico y bien organizado. Los movimientos son notoriamente sucios y difíciles de asignar a una especie de “caja ideológica predeterminada”. No sabemos qué altibajos habrá, pero cuando las semillas de un nuevo movimiento están siendo plantadas es hora de preguntarse lo que el resto de nosotros podemos hacer para ayudarles a crecer.


Leonard Gentle es el director de International Labour and Research Information Group in South Africa y exsindicalista.

Traducción y adaptación realizada por Susana Pérez, colaboradora de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Fuente original: Red Pepper (http://www.redpepper.org).

Este artículo ha sido publicado en el nº 54 de Pueblos – Revista de Información y Debate, Cuarto trimestre de 2012.


1. Nota de la traducción: Masacres mineras de 1921 y 1922 respectivamente.
2. Nota de la traducción: Documentación necesaria para pasar de un área u otro, utilizado durante la época del Apartheid.
3. Nota de la traducción: Trompetista sudafricano. Su música protestó contra el Apartheid, la esclavitud y el gobierno y que lo promovía.
4. Nota de la traducción: Puntos de referencia para medir el rendimiento de un sistema.


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