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Ramón Reig, investigador: “Todo poder necesita una estructura mediática que lo defienda”

A mediados del siglo XIX Émile de Girardin, fundador y redactor de “La Presse” dio con una idea que cambiaría la suerte del periodismo. Pensó que si introducía o aumentaba la publicidad en su medio de comunicación, podría abaratar el coste de los periódicos y aumentar las audiencias. “Fue el inicio del final de la libertad de expresión del periodista”, ha afirmado el catedrático de Estructura de la Información en la Universidad de Sevilla, Ramón Reig, en el seminario “Comunicación, Poderes y Democracia” organizado en Donostia por la revista Pueblos y la asociación Paz con Dignidad.

Entrevista al investigador, docente y periodista Ramón Reig: “El periodista no puede vivir del voluntarismo, tiene que vivir de su trabajo”

Conversar con Ramón Reig permite acercarse a un conocedor del mundo del periodismo y de la comunicación en todas sus caras. La del profesional que ha ejercido durante casi 20 años en medios como Radio Cadena Española, Mundo Diario, La Vanguardia o El Imparcial. La del conocedor de los gabinetes institucionales, que ha trabajado en la Oficina del Portavoz del Gobierno de la Junta de Andalucía. También la del docente: es catedrático de Estructura de la Información de la Universidad de Sevilla. Y, sobre todo, la de investigador, con una amplia bibliografía que incluye libros como “Medios de comunicación y poder en España” (1988); “El éxtasis cibernético” (2001); “Dioses y diablos mediáticos” (2004); “La telaraña mediática” (2010), “Los dueños del periodismo” (2011) y “Todo mercado” (2011). El periodista, investigador y docente ha impartido una conferencia titulada “Medios y Poder” en unas jornadas organizadas por la revista Pueblos y la asociación Paz con Dignidad, celebradas entre el 21 y el 23 de octubre en la facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de Donostia.

Después de la matanza

Dice el Gobierno israelí que la Operación Margen Protector ha conseguido sus objetivos, lo que podría hacer pensar que superar la cifra de 2.000 muertos era uno de ellos. ¿Demasiado cínico? Quizás no. Estamos tan acostumbrados a dejarnos enredar por las palabras que ya no oímos lo que dicen los hechos. Y lo que dicen de esta última matanza (¿será de verdad la “última”?) y de las anteriores en 2012, 2009, 2006, 2004, 2002, 1996, 1982... es que los muertos, el número de muertos, siempre que sean palestinos, no importa. Todas las ofensivas israelíes, en Gaza, en Cisjordania, en Líbano, se han caracterizado por un absoluto desprecio hacia las víctimas de la población palestina. Se diría que el término “civiles palestinos” no figura en el vocabulario militar israelí, quizá para el ejército israelí no hay civiles palestinos, hay simplemente palestinos. Simplemente, el enemigo.

Drones para jugar, drones para matar

Estamos sin duda en la década del dron. Los vehículos aéreos no tripulados (UAV en sus siglas en inglés, más conocidos como drones) son en los últimos años la gran estrella en todas las ferias internacionales de aeronáutica y electrónica. En el Consumer Electronics Show (CES, la feria de tecnología más grande del mundo) de este año se mostraron desde el pequeño dron de la empresa francesa Parrot para filmar vídeos y tirar fotografías panorámicas de máxima calidad desde gran altura, controlado desde una 'tablet' o 'Smartphone', o el dron de Amazon para hacer reparto de sus productos a domicilio, hasta aparatos para cartografía, control medioambiental, control del tráfico en una ciudad o carretera, para coberturas periodísticas y un sinfín de usos más.

Detroit, del colapso a la reinvención de la ciudad

Detroit, ciudad situada al noreste de Estados Unidos, es quizás el gran ejemplo de colapso y quiebra de una gran ciudad. Cuando hablamos de colapso, nos referimos a que el modelo de ciudad que representaba Detroit ha sido totalmente destruido a causa de su propia inercia, es decir, es el propio modelo el que ha fracasado por su propia idiosincrasia, sin necesidad de determinantes agentes externos que hayan propiciado la caída de Detroit. El ejemplo del sueño americano, una ciudad que estaba en la cima y que fue máximo exponente del modelo productivo capitalista se ha hundido, y de sus (literalmente) cenizas surgen, de mano de las comunidades más desfavorecidas, proyectos vecinales que tratan de hacer de la ciudad, por primera vez, un espacio habitable.