La marimba suena a identidad indígena en Centroamérica

Cada 20 de febrero Guatemala celebra el día de la marimba, de su instrumento nacional. Si hablas con un guatemalteco te dirá que, sin lugar a dudas, la marimba nació en su país y que de allí se extendió por el resto de Centroamérica. Pero si la conversación se da con un mexicano sureño también él estará convencido de que su patria vio nacer este instrumento. Curiosamente, el mismo proceso se repetirá si se habla con un tico (costarricense) o con un colombiano.
Fotografía: Isabel Duque Colmenero.

La explicación es sencilla. Lo que ahora son Estados independientes, en la época precolombina y de una u otra manera en siglos posteriores bajo el dominio español, fue un mismo territorio bajo la influencia cultural indígena mayoritaria maya-quiché. Y si bien no todo México pertenecía a esta cultura, sí las regiones de Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Tabasco y la península del Yucatán. Es evidente que cada región, cada país, ha desarrollado la marimba a su manera, pero curioso resulta al mismo tiempo que la quieran nacionalizar como propia cuando quizás lo interesante sería mantenerla como patrimonio cultural común ligado a un origen indígena que debería de anteponerse a la división político-económica de cada periodo histórico.

La marimba es un instrumento de percusión en el que el sonido se produce al golpear unas láminas de madera de diferente tamaño y grosor con unas baquetas hechas generalmente de caucho. Actualmente cada una de esas láminas reproduce un sonido afinado de la escala occidental diatónica en diferentes tesituras (más graves o más agudos), pero esto no pudo ser siempre así, ya que si hacemos caso a todas las teorías que hablan de los orígenes diversos de este instrumento, este origen nunca se encuentra en Europa. Podríamos decir más bien que fue Europa la que se interpuso en el hábitat natural de este instrumento en la época colonial española.

Vida cotidiana y familia

A cada centroamericano que preguntes o cada fuente que consultes te dará una versión interesada sobre el origen de este instrumento porque todos quieren hacerlo suyo, todos lo sienten como algo propio. Y la realidad es que está vinculado a la vida cotidiana de cada rincón de Mesoamérica. Se oye igual en la celebración de un bautizo que entre los lamentos de un velorio, en los patios de las escuelas o en el zócalo (plaza central) de cualquier pequeña o gran ciudad de Chiapas o de Guatemala. Resulta curioso, además, que la mayoría de las agrupaciones instrumentales estén formadas por primos o hermanos, como si hubieran aprendido a tocarlo en las casas, en el seno de las familias. Y es que, aunque en origen se interpretaba en solitario porque tenía un tamaño más pequeño, tan pequeño que el instrumento tenía carácter portátil y se colgaba del cuello del que lo tocaba (marimba de arco o de aro), en la actualidad la marimba suele interpretarse en grupos de dos instrumentos, siendo cada uno de ellos de tales dimensiones que es ejecutado a la vez por tres o cuatro personas, lo que requiere, dicho sea de paso, un gran nivel de perfección por parte de los músicos.

Aparte de las agrupaciones familiares, cada municipio tiene su marimba. Igual que en España existen las bandas de música locales, en Centroamérica cada ciudad tiene su agrupación de marimbas, muchas veces, además, con su escuela de formación paralela para las nuevas generaciones. Así, si paseas por el parque central o el zócalo de Oaxaca o de San Cristóbal de las Casas, en México, un domingo por la mañana, es raro que no te tropieces con un concierto de la marimba de la ciudad. Estas agrupaciones están compuestas por dos marimbas, una batería, un contrabajo al que se le ha quitado una de las cuatro cuerdas y se conoce con el nombre de violón y, muchas veces, unas congas. Con esta plantilla, ecléctica cuanto menos a los ojos de un europeo, los músicos municipales (siempre hombres), muy trajeados para la ocasión, desmenuzan un largo repertorio de sones.

Construcción artesana familiar

No sólo la interpretación tiene un sello familiar, también los artesanos constructores forman clanes familiares. Y es que, aunque existe la fabricación industrial del instrumento, es saludable comprobar que la mayoría de los constructores son todavía artesanos que mantienen vivas unas técnicas que resultarían insostenibles por tiempo y materiales en muchos países. Así, las láminas de una marimba que se precie tienen que ser de madera de hormiguillo. Cuanto más viejo sea el árbol más bonito será el sonido que produzca la madera, aunque eso aumentará su coste pues, con los niveles de deforestación alcanzados en los últimos años, la mayoría de los instrumentos se fabrican con maderas jóvenes. Una vez que tenemos la madera, ésta debe de tener un período de secado de dos años antes de que pueda pulirse, siempre con concha de mar, para que los poros se cierren por completo.

A esa madera seca y pulimentada hay que darle una forma determinada para que su sonido se convierta en una nota musical. Y he aquí cuando viene el trabajo más asombroso. Para afinar cada una de las láminas se sigue el siguiente mecanismo: si se adelgaza del centro, el sonido resultante se va haciendo más grave, y si se quita madera de los extremos, la nota será más aguda. Hay que tener en cuenta que la afinación de cada lámina debe ser exacta para que luego suene bien, pero es tal la pericia de estos artesanos que quitan madera de aquí y de allá a ojo como el que talla una figura cuyas líneas exactas tiene predeterminadas en su mente. Es fácil preguntarse cuántas láminas tuvieron que tallar durante su periodo de formación familiar estos artesanos antes de poder llegar a ser tan precisos.

Tripa de cerdo en los resonadores

El trabajo no termina aquí. Para que el instrumento suene como es debido, cada lámina debe de ir unida a una cavidad de resonancia que da potencia a las notas y conforma un determinado timbre al instrumento. Antiguamente estos resonadores eran tecomates (calabazas) y de hecho así sigue siendo en las marimbas de zonas con una influencia rural indígena fuerte como en Chichicastenango (Guatemala), pero lo habitual hoy es que esos resonadores estén fabricados en madera. No obstante hay cosas que no cambian, y si uno se fija en el extremo inferior de cada uno de estos resonadores observará un pequeño orificio en el que se ha pegado con cera de abeja un trozo de tripa de cerdo. Este añadido, a simple vista insignificante, tiene un papel fundamental en el timbre del instrumento, ya que hará que el sonido se prolongue un poco más y que su timbre posea cierto aire a zumbido que se denomina “charleo”.

Para los que defienden que a Mesoamérica la marimba fue llevada por los esclavos africanos existe aquí un punto de conexión. El “charleo” que se obtiene con la membrana de tripa de animal los africanos lo obtienen con cáscara de huevo de araña pegada a las calabazas, que a su vez hacen de caja de resonancia. Parece fácil establecer un origen africano, aunque hay un argumento en contra: parece que en las zonas caribeñas, donde la presencia cultural africana es mucho mayor, no se ha desarrollado la marimba.

Sea africana, asiática o puramente centroamericana, lo cierto es que este instrumento es bandera de la música popular de estos países, y a pesar de que poco tiene que ver con las músicas comerciales que triunfan hoy allá, ha conseguido mantener una posición de privilegio y de respeto que garantiza su continuidad.


Isabel Duque Colmenero forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Este artículo ha sido publicado en el nº 54 de Pueblos – Revista de Información y Debate, Cuarto trimestre de 2012.


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