Jennifer Ávila, documentalista hondureña: “Estamos viviendo una dictadura disfrazada de democracia”

El documental ‘Bahía de Tela: el tercer destierro’, realizado por la hondureña Jennifer Ávila junto a un equipo formado por personas de Radio Progreso y el ERIC[1], es una denuncia audiovisual de las problemáticas sociales y medioambientales provocadas por los megaproyectos turísticos en el país centroamericano. Esta comunicadora, comprometida con las luchas populares, ha presentado también recientemente[2] la serie de cortometrajes ‘Guardiana de los ríos’, que recoge la vida de la luchadora Berta Cáceres, asesinada en marzo de 2016. El homicidio de Berta Cáceres ha sido uno de los tantos actos criminales en contra de las organizaciones sociales de Honduras, en un contexto que trágicamente ha empeorado después del golpe de Estado del 2009.
Jennifer Ávila. Fotografía facilitada por KCD-ONGD Kultura, Communication y Desarrollo.

 

– ¿Cómo explicas la figura de Berta Cáceres?

– Berta era una mujer que desde muy joven empezó a militar en los movimientos sociales. Encontré un vídeo de archivo del año 2000, donde aparecía Berta en una reunión con movimientos sociales. Era la única mujer, jovencita, en la mesa, alrededor solamente hombres. En un movimiento social muy masculino y machista, ella fue abriéndose su espacio. Fue la fundadora del COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras), que para mí siempre ha sido la piedra en el zapato, la organización más beligerante, más fuerte, más dura en contra del extractivismo, de la militarización, de los gobiernos autoritarios.

Berta nació en el territorio de los pueblos lenca, en la montaña, pero luego se fue a vivir a la ciudad, y eso le ponía en una situación de ventaja para desarrollar sus luchas, ya que tenía acceso a los periódicos urbanos y a otras situaciones importantes para el proyecto. En la ciudad, ella nos transmitía este amor por la realidad indígena, las ganas de conocer este mundo y sus reivindicaciones. Así consolidó el COPINH como un espacio de confluencia entre luchas diferentes. Sin duda, ella era una mujer muy fuerte. Cuando se le empezó a dar más reconocimiento internacional, todas esperábamos que su vida iba a estar más protegida. Al final no fue así.

– ¿Es verdad que el documental sobre Berta se ha comenzado a grabar un día después de su muerte?

Sí, porque nosotras ya teníamos la inquietud de hacer un documental para visibilizar la lucha de las comunidades en defensa del agua y de los ríos. Berta acompañaba estas luchas, por eso teníamos planificada una entrevista con ella. Yo estaba preparando el guion cuando asesinaron a Berta. Fue un golpe muy duro. A pesar de las amenazas que había sufrido, nadie se lo esperaba, por estar ella muy reconocida también a nivel internacional. El día de su funeral mirábamos a las mujeres y a los hombres que ella acompañó por tanto tiempo. Nos sorprendía la cantidad de gente y la diversidad de las personas que acudieron al acto. No solamente iban a despedir a Berta, sino que reafirmaban su compromiso con la lucha, y esto nos dio la fuerza para comenzar a grabar el documental con las comunidades.

– Por su lucha en defensa del medioambiente, Berta era conocida como la “guardiana de los ríos”. ¿Por qué el agua necesita guardianes en Honduras?

– Desde antes del golpe de Estado, ya se estaba siguiendo un proceso de municipalización de los servicios del agua, de las fuentes y de los ríos. Pero lo que pasó en muchos lugares del país fue que el Estado se declaró incapaz de administrarlo y lo cedía a empresas privadas. Así, iniciaron a flexibilizar todas las leyes e hicieron muy fácil que empresas multinacionales obtuviesen concesiones de fuentes para el servicio de agua potable. Hubo muchísima resistencia ante este proceso que, no obstante, no se consiguió parar.

Jeniffer Ávila, a la izquierda. Fotografía facilitada por KCD-ONGD Kultura, Communication y Desarrollo.

El gobierno de Mel Zelaya tenía parados muchos proyectos mineros e hidroeléctricos porque era fuerte la presión social ejercida por un pueblo muy organizado. Sin embargo, tras su destitución en 2009 con el golpe de Estado, todas estas concesiones se abrieron. Con la excusa de que el país tenía que cambiar su matriz energética, se concesionó casi el 35 por ciento del territorio para empresas mineras. Estamos hablando de casi 800 concesiones mineras y otras 111 concesiones para empresas hidroeléctricas. Se flexibilizó todo el marco regulatorio, se dieron concesiones sin consultar a los pueblos, incluso la Ley ordena a la municipalidad darle prioridad absoluta a los proyectos hidroeléctricos. Es decir, que el Gobierno abre la puerta para que las empresas extranjeras y también el capital local vengan a explotar los territorios, pasando encima de la voluntad de las comunidades.

En el documental entrevistamos el viceministro encargado de las políticas energéticas. Nos dice claramente: “Esto no se puede parar, quien se opone a esto se opone al desarrollo. En el 2020 vamos a cambiar la matriz energética, porque vamos a aprovechar los muchos recursos que tenemos para explotar en el país”.

Grabando el documental, también me sorprendió que las autoridades locales explicaban cómo las comunidades no estaban a priori en contra de estos proyectos. El rechazo popular es a la desposesión total de los territorios a favor de las empresas transnacionales, quienes de forma impositiva y represiva ejecutan los proyectos aprovechándose de la situación de pobreza para chantajear a las comunidades. En otros términos, la cuestión cambiaría mucho si estos proyectos fuesen gestionados por las mismas comunidades. En el documental hay varios casos, no solo indígenas, de comunidades que están reflexionando sobre alternativas a estos procesos, soluciones sociales y políticas para no perder su agua y sus territorios.

¿Se ha acentuado la criminalización de los movimientos sociales y las comunidades indígenas tras el golpe de 2009?

– Desde 2009 han aumentado los asesinatos de mujeres, de ecologistas, de campesinos… El golpe de Estado ha hecho más evidente la militarización de los territorios y el ejército se ha puesto a total disposición de las empresas transnacionales. Evidentemente, cuando se da una ruptura del orden constitucional entra en vigor la ley del más fuerte. En Honduras ya no existe un Estado que pueda mediar entre los intereses de las empresas privadas y de las comunidades; más bien tenemos un Estado represor y estamos viviendo una dictadura disfrazada de democracia. Por supuesto, hay la otra cara de la moneda: el golpe de Estado despertó también muchas resistencias.

– Ante este escenario, ¿cuál es la situación de las y los periodistas que denuncian los crímenes de Estado y de las empresas transnacionales?

– Hace unos años el Estado fue obligado a reconocer la realidad del desplazamiento forzado en Honduras. Así, una oficina de ACNUR (la agencia de la ONU para los refugiados) se estableció en el país y redactó un listado para establecer qué categorías de personas, según la profesión ejercida, pueden pedir el estatus de refugiado. Curiosamente, la categoría que más está en riesgo de desplazamiento forzado son los taxistas, luego los conductores de buses, los abogados y los periodistas. Es decir, que en Honduras un taxista le gana en riesgo a un periodista. En otros términos, todo el mundo está en una situación de total y trágica vulnerabilidad. En el caso de nosotras, las periodistas, contar las historias de los menos afortunados, de esta gente que está en la línea del fuego, sí nos pone en una situación de peligro. Pero, repito, en Honduras no es menos riesgoso tratar de vivir una vida tranquila. Por eso, hablar de riesgos es bien complejo.

– ¿Qué acogida ha tenido la denuncia de esta situación en la ciudad de Bilbao?

Jeniffer Ávila, en el centro. Fotografía facilitada por KCD-ONGD Kultura, Communication y Desarrollo.

– La solidaridad del País Vasco con Honduras es muy fuerte desde hace mucho tiempo. Yo no había venido nunca y me esperaba un recibimiento bueno, pero no como lo que hemos tenido, que ha sido realmente sorprendente. Muchas organizaciones sociales se han puesto en movimiento para encender esta solidaridad que necesitamos. Para nosotras es muy importante comunicar la realidad que vivimos a los pueblos europeos. Queremos darles a conocer dónde están invertidos los fondos estatales y cómo a través de las empresas multinacionales se canalizan a los proyectos mineros e hidroeléctricos, con sus consecuencias nefastas para el medioambiente.

La solidaridad internacional es crucial. Por ejemplo, si no hubiera sido por la presión internacional, el caso de Berta hubiera sido maquillado como un crimen pasional. No digo que ahora se está haciendo justicia, pero por lo menos se ha mantenido una presión sobre el gobierno para aclarar los hechos y parar definitivamente el proyecto en los territorios del pueblo lenca. Pese al miedo y a la represión, la lucha sigue. El documental muestra claramente cómo las personas agarraron mucha más fuerza después del asesinado de Berta, y es importante visibilizarlas porque cuando ya nadie los mira, es que las matan.


Davide Angelilli y Eneko Calle son colaboradores de Pueblos-Revista de Información y Debate.


NOTAS:

  1. Equipo de reflexión, investigación y comunicación (ERIC). Radio Progreso, http://radioprogresohn.net.
  2. Jennifer Ávila, periodista de Radio Progreso (Honduras) presentó en la octava edición del Festival Internacional de Cine Invisible (Bilbao, octubre de 2016), organizado por KCD-ONGD Kultura, Communication y Desarrollo, el documental ‘Bahía de Tela: el tercer destierro’.

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