Cine lusófono en África: breve repaso de una lucha por la imagen

No tuvo la sensación de despertar sino de estallar frente a la gran pantalla. La independencia de los países bajo ocupación portuguesa en África (Angola, Mozambique, Guinea-Bissau, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe) llegó tarde y su cine podría compararse en algunos aspectos al que tuvo lugar en Argelia durante la guerra de liberación contra la opresión y colonización francesa. La lucha en la lusofonía africana por romper las cadenas del imperialismo permitió descubrir el cine como un arma al servicio de la revolución. Un cine nacido de la guerra y en guerra. Todo lo que había que hacer era grabar…

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La Revolución de los Claveles (1974) tuvo una repercusión inmediata en el África de habla portuguesa: un brillo duro de aspecto esperanzador. Por un lado, el desmantelamiento de las estructuras socioeconómicas y administrativas y, por otro, el cambio en las relaciones desiguales y viciadas entre blancos y negros, lo que provocó la necesidad de ofrecer una nueva imagen de sí mismos. En Angola y Mozambique esta conciencia de recolonizar las imágenes se hizo más evidente. Los dos países, sin tregua alguna y con un futuro infinito, utilizaron el documental, como ya emplearan los propios militares portugueses en los años 50, para mostrar a las nuevas naciones un espejo donde mirarse.

En Mozambique, el gobierno de Samoral Machel creó el Instituto Nacional de Cine (INC), que se convertiría en el instrumento de actuación para la eliminación de cualquier atisbo del colonialismo y para educar, movilizar y organizar a las y los mozambiqueños[1]. El segundo acto de Machel sería la proyección diaria del programa de diez minutos Kuxa Kanema, que literalmente significa “el nacimiento del cine” y que serviría para tomar la fotografía de la gente y devolvérsela al pueblo.

Se podría resumir en tres grandes etapas la aparición del cine en los países lusófonos en África. En un primer momento había varias iniciativas de pequeñas salas de exhibición propiedad de alguna familia adinerada de Cabo Verde, con películas que eran en su mayoría producciones realizadas bajo el sello de Hollywood y también representaciones de operetas de los teatros franceses e italianos.

El segundo momento se enmarca en las independencias y la búsqueda usurpada de la unidad nacional, donde los líderes de la lucha anti-colonial, como Agostinho Neto o Samora Machel, favorecieron la construcción de la imagen con el fin de construir una nueva sociedad. El documental y el reportaje fueron las principales herramientas. Como subrayaba el senegalés Ousmane Sembène en los sesenta: “Los artistas conocen la magia de las palabras, de los sonidos, de los colores, y utilizan estos elementos para ilustrar lo que los demás piensan y sienten. El realizador no debe vivir recluido en su torre de marfil; tiene una función concreta que desempeñar”[2].

Es interesante destacar en esta etapa el proyecto en el que participó el francés Jean-Luc Godard en Mozambique junto a Ruy Guerra y Jean Rouch, porque revela la posibilidad de crear una conciencia a través de la exposición a una imagen fija. Sin embargo, las producciones se irán desvaneciendo gradualmente y las salas quedándose vacías.

La tercera etapa está unida a la anterior. La independencia había llegado en un momento en el que los gustos de las audiencias estaban modelados según esquemas occidentales, el proceso de la distribución monopolizado y a comienzos del XXI el apoyo estatal se había difuminado. Este panorama motivó a los realizadores a buscar apoyo en países de habla portuguesa como Brasil y en coproducciones de ámbito internacional. La sociedad civil lidera la defensa del arte y son las y los profesionales, especialmente las nuevas generaciones, quienes crean redes nacionales o regionales, organizan seminarios de formación y festivales.

Mozambique:
Filmar al pueblo para devolverle sus imágenes

Como ya hemos comentado, el primer acto cultural del gobierno de Mozambique tras la independencia fue la creación del INC. El presidente, Samora Machel, tenía una fuerte conciencia del poder de la imagen y comprendió que tenía que usar este poder para construir una nación socialista. El objetivo del INC era filmar el pueblo para entregar estas imágenes de nuevo a la gente.

Al menos en tres niveles, la historia del cine en Mozambique tiene una especificidad nacional. Los momentos históricos más antiguos de la aparición del cine en Europa y América del Norte, en las primeras décadas del siglo XX, son de relevancia limitada en Mozambique, donde la radio fue el medio preferido por el Estado colonial. En segundo lugar, el surgimiento de la producción cinematográfica coincidió con un redescubrimiento internacional y la revitalización del medio en los años 1960 y 1970, que afectó profundamente a las agendas establecidas por los cineastas coloniales y post-coloniales. En tercer lugar, la televisión, que transformó radicalmente la popularidad del cine a escala internacional, tuvo poco que ver con la historia del séptimo arte en Mozambique, siendo introducida sólo en la década de 1980 y en las ciudades más grandes del país.

En una rara convergencia de talento, Ruy Guerra (cinema novo), Jean Rouch (cinéma vérité) y Jean-Luc Godard (nouvelle vague) coincidieron en 1978 en un proyecto que pretendía dotar de un mayor grado de distinción y especificidad al cine mozambiqueño y sus orígenes. Según Marcus Power, alrededor del 75 por ciento de las películas proyectadas entre 1975 y 1979 se habían hecho en países socialistas como la URSS, Bulgaria, Alemania Oriental, Yugoslavia o Cuba.

Pero, sin duda, el nacimiento del cine en Mozambique va ligado a Kuxa Kanema, una serie documental producida por el INC de 1978 a 1986. En el documental de Margarida Cardoso realizado en 2004 y titulado Kuxa Kanema: o nascimento do cinema, la directora cuenta la historia del INC, de sus producciones y de las personas que trabajaban allí trazando la historia de la joven nación africana. Un incendio destruyó gran parte de la serie en 1991, pero se guardan miles de latas con imágenes de los primeros once años de independencia, los de la revolución socialista.

Los cambios tecnológicos, económicos y regulatorios de las tres últimas décadas han creado un nuevo paisaje mediático global, con importantes implicaciones para las relaciones entre las industrias de los medios y los organismos de radiodifusión de servicio público. Ejemplos de renovación son el festival de documentales Dockanema, dirigido por Pedro Pimenta[3], y la Semana de Cine de Maputo, dirigida por João Ribeiro, director del Último vuelo del flamenco (2010)[4].

Angola o cómo documentar la guerra

La lucha armada llevada a cabo por el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) inspiró diversos documentales y ficciones, entre los que destaca Sambizanga (Sarah Maldoror, 1972). Es la primera película de ficción dedicada a la guerra de Angola donde se expresa que sólo la acción colectiva puede hacer progresar la lucha.

El trabajo se centra en el personaje de una mujer que emprende un camino en busca de su marido arrestado por pertenecer al MPLA y militar en la clandestinidad. Maldoror, en una entrevista para Radio France International, explicaba el origen de este guion: “Estuve con la resistencia en Guinea Bissau, con el ejército argelino, el ALN, e hice una película. Había conocido a Amílcar Cabral y le dije que quería hacer una película sobre la participación de las mujeres en aquella lucha, así que respondió que había que ir con los guerrilleros para saber cuál era exactamente la participación de las mujeres. Entonces volví e hice Sambizanga, una película sobre la mujer y Luandino Vieira, un escritor angoleño que entonces estaba encarcelado en Cabo Verde”[5].

En Angola el cine ha estado en suspense y ha hecho llover con percusión triste de serie negra. El trabajo de Maldoror, francesa nacida en 1929 en Candou, de padre antillano y madre francesa, es una de las mayores contribuciones a la emergencia de las cinematografías en el África lusófona. Al tiempo que lucha por la liberación de la opresión portuguesa, los trabajos de Maldoror son documento fehaciente e informativo sobre la guerra de interés para las poblaciones africanas y para la comunidad internacional.

Guinea Bissau y Cabo verde:
bajo la sombra de Cabral

Hasta 1987 no se rodó el primer largometraje de Guinea Bissau, Mortu Nega (A quien la muerte rechaza), realizado por uno de los directores del continente con mayor proyección cinematográfica, Flora Gomes, y presentada en Venecia en 1988. Narra la lucha anticolonial a través de una mujer, Diminga, que decide seguir a su marido a la guerrilla durante el duro proceso hacia la independencia. Diminga recuerda que, aunque la guerra haya terminado, la lucha continúa. El enemigo tenía ahora otro rostro muy parecido al del hambre, la miseria o la ignorancia. Se trata de la primera película producida por el Instituto Nacional de Cine de Guinea Bissau.

Después de la lucha por la independencia, el cine fue utilizado en Guinea Bissau como una importante herramienta revolucionaria. La industria del cine se produjo rápidamente después de que el país se independizara en 1973, pero fue una empresa regida por el Estado, mal financiada y con falta de distribución y de cines públicos, lo que se tradujo en que la gran mayoría de películas nacionales no fueron difundidas en la propia Guinea. La guerra por la independencia había dejado a muchos ciudadanos empobrecidos y el impacto de estos años de privación se dejó sentir con fuerza en las películas que se producían, de corte realista y social.

La guerra civil de 1990 dio lugar a que muchos ciudadanos huyeran del país, como el propio Gomes. Posteriormente, su película de 2002 Nha Fala (Mi Voz), una vibrante y a veces caprichosa comedia musical sobre una mujer africana joven que se traslada a París, pero afectada por una maldición familiar, tuvo que ser rodada en Francia y Cabo Verde. La película es considerada radical en su tema al tratar explícitamente el feminismo y el empoderamiento de las mujeres, tabúes en las cinematografías africanas hasta su proyección.

Sobre Nha Fala, Gomes explicaba que “Siempre que se habla de África o se representa al continente, se hace en términos de la ayuda que recibimos, la guerra, las personas que mueren de hambre, las enfermedades… Quiero que la gente vea nuestra África, el África de mis sueños, el África que yo amo… Es un África feliz, donde la gente baila, donde la gente puede hablar libremente. Es por eso que hice esta película. Es mi opinión sobre el futuro de una nueva generación”. La película comienza con una dedicatoria a Amílcar Cabral, “padre de la Independencia de Guinea- Bissau y las Islas de Cabo Verde, asesinado en 1973”. En este sentido es interesante resaltar el documental Amílcar Cabral (2001), dirigido por Ana Lúcia Ramos, en el que se describen varios aspectos del gigante revolucionario6 de Guinea Bissau y Cabo Verde, como hombre, padre, político, humanista y poeta.


Sebastián Ruiz es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org.

Artículo publicado en el nº62 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2014.


NOTAS:

  1. “La sangre de nuestro pueblo no fue derramada sólo para liberar nuestra tierra de su dominio por parte de extranjeros, sino también para volver a conquistar una personalidad de Mozambique, para crear una nueva mentalidad, una nueva sociedad”. Machel, S. (1980): Declaramos guerra ao inimigo interno, Maputo, INLD.
  2. Pfaff, Françoise (1999): “Ousmane Sembène, el clásico de los clásicos”, África negra rueda, Nosferatu, Donostia Kultura.
  3. Este festival se celebra cada dos años desde 2006, pero en 2014 no habrá edición.
  4. La tercera edición será en abril de 2015.
  5. J. Sorel, A. M. Toukas. Entrevista con Sarah Maldoror para Radio France International, “Milles soleils”, emitido el 4 de marzo de 1980.
  6. Cabral nació en Guinea Bissau en 1924 y murió asesinado en Conakry en 1973. Lideró el Movimiento de Liberación de Guinea Bissau y Cabo Verde, además de fundar el Partido para la Independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde (PAIGC) en 1959. Es considerado uno de los iconos de la historia africana reciente.

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