Feminismos y lucha por el territorio en América Latina

Durante el recién celebrado XIII Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe[1], 1.500 mujeres feministas reflexionaron juntas desde sus diversas identidades (mujeres indígenas y campesinas, feministas comunitarias, jóvenes, lesbianas y 'trans', trabajadoras del hogar, trabajadoras sexuales, mujeres migrantes y afro-descendientes) evidenciando que el feminismo es un movimiento abierto, que engloba diferentes feminismos, con vocación de enriquecerse, crecer, repensarse y cuestionarse. Los tres ejes de trabajo elegidos fueron: interculturalidad crítica, sostenibilidad de la vida y cuerpo-territorio.

“Todos los movimientos son incompletos y, por tanto, pueden ser enriquecidos por el diálogo y la confrontación con otros movimientos”
Boaventura de Sousa Santos

Emma Gascó.
Emma Gascó.

Entre otros aspectos, la declaración final reconoce la interrelación entre capitalismo, heteropatriarcado y colonialidad que impacta en las mujeres; menciona que la forma de sustentar la vida ha sido resuelta con la explotación del trabajo de las mujeres, en favor de la acumulación de los mercados capitalistas y no para las necesidades de la vida, y manifiesta que la defensa de los cuerpos de las mujeres como sujetos portadores de derechos y la defensa de los territoritos como espacio de vida material, cultural, histórica y simbólica, es una lucha central en los feminismos de América Latina y el Caribe. En palabras de las jóvenes feministas asistentes al encuentro: “El patriarcado le hace a nuestros cuerpos lo que las economías extractivistas y capitalistas le hacen a nuestros territorios”.

América Latina se encuentra inmersa en un proceso de expansión del mercado global extractivo que penetra territorios y cuerpos e impone un modelo único e incuestionable de vida: el desarrollo moderno basado en la mercantilización y en el imaginario lucrativo del progreso social. Esta creciente expansión neoliberal, basada en la acumulación del capital por despojo, y en el control, explotación e instrumentalización de vidas (humanas y no humanas), genera diversas reacciones que vienen reconfigurando tanto el paisaje político, los sujetos y sus relaciones, agendas e imaginarios de cambio, como también los marcos conceptuales con los que nos movemos.

Desde hace un tiempo venimos acompañando a movimientos sociales en América Latina que cuestionan, desde diferentes ópticas, el modelo de desarrollo hegemónico basado en el extractivismo y en la especulación financiera: sus impactos en el ambiente, en los pueblos indígenas, en las mujeres, etc. Además, cuestionan las relaciones de poder hombre-mujer, ciudad-campo, blanco-indígena, ser humano-naturaleza, y/o estado-ciudadanía. Desde este contexto queremos abordar el fenómeno emergente del protagonismo de las mujeres y sus organizaciones en las luchas por la defensa del territorio que salpican el continente, así como diversas experiencias y enlaces entre el feminismo y el cuestionamiento del modelo hegemónico de desarrollo.

Corrientes diversas por la sostenibilidad de la vida

Hablar de esta conexión desde nuestra óptica europea nos remite inmediatamente a la referencia del ecofeminismo como corriente diversa que, surgida en Europa en los años 60, ha encontrado otras raíces en movimientos populares de mujeres defensoras de la naturaleza en países como la India o Malí.

El ecofeminismo no ha sido nombrado, al menos de forma explícita y significativa, en esta emergente oleada de mujeres organizadas protagonistas de las luchas por el territorio en América Latina, aunque en muchas de estas luchas y expresiones están presentes algunas de sus ideas fuerza características, ya sea en su vertiente más esencialista o en la constructivista. La confluencia entre las aspiraciones emancipatorias del feminismo y la ecología no tiene hoy en este continente un solo nombre, sino que se asemeja a una gran, colorida y bulliciosa plaza a la que van llegando mujeres, organizaciones de mujeres y feministas desde diferentes caminos, con diferentes equipajes y acentos.

Movimiento campesino

Desde el movimiento campesino por la soberanía alimentaria y fundamentalmente desde algunas organizaciones de la CLOC-Vía Campesina, las mujeres han ido dando un paso al frente en su protagonismo en las luchas en defensa de la tierra y los bienes naturales contra los grandes proyectos de la agroindustria (transgénicos, grandes plantaciones de monocultivos, proyectos extractivistas incompatibles con la pequeña agricultura, etc.); así como, en la conquista de espacios propios desde los cuales reivindicar y reivindicarse como sujetas de derechos, de proyectos y deseos. Así, por ejemplo, en 2011 la Vía Campesina inició la Campaña por el fin de la violencia contra las mujeres en alianza con la Marcha Mundial de Mujeres, donde visibiliza las diversas formas de violencia que la cultura capitalista ejerce hacia las mujeres. Además, reconoce que al interior de su organización los liderazgos han sido tradicionalmente masculinos, desenmascarando un déficit interno de participación de las mujeres.

En unos casos esas situaciones de bloqueo en el seno de las organizaciones mixtas han llevado a la necesidad de crear organizaciones propias, algunas de las cuales son referentes imprescindibles en el panorama de los movimientos sociales en sus países[2]. En otros casos, las mujeres y el feminismo han podido abrirse espacios en el seno de algunas organizaciones mixtas con concepciones más integrales de la emancipación campesina, como el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST).

Luchas indígenas y feminismo comunitario

La lucha de los movimientos indígenas en la defensa de sus territorios es hoy a vida o muerte, los territorios de las comunidades y pueblos indígenas están en el ojo del huracán de los conflictos ambientales que se dan hoy en Abya Yala. Más de 500 años después del inicio del colonialismo, su voracidad no hace más que crecer y poner en su lista de objetivos todos los últimos territorios y pueblos que quedan para el despojo. Y en esta lucha también se hace cada vez más visible el protagonismo de las mujeres: en el seno de varias organizaciones se han dado procesos de desarrollo de capacidades, construcción de agendas y promoción de la participación política de la mujer indígena a nivel nacional e internacional.

Pero estos procesos también han sido y son escenarios de fuertes tensiones, que las mujeres indígenas organizadas viven al interior de sus organizaciones mixtas; “techos de cristal” y desencuentros a la hora de abordar las inequidades. Se cuestiona el género como un concepto occidental y colonial.

La novedad principal en este contexto la constituye la emergencia del feminismo comunitario, que desde diferentes expresiones y matices, nombrándose o sin nombrarse como tal, vincula la lucha por el territorio y el “territorio” cuerpo; reivindica al mismo tiempo el feminismo y las cosmovisiones indígenas; los derechos individuales como mujeres y los derechos colectivos como pueblos originarios; denunciando también los patriarcados, tanto el colonial como el originario, no solamente por una cuestión de análisis histórico, sino por su pervivencia y sus consecuencias actuales. El feminismo comunitario se situaría más bien en la corriente de los feminismos postcoloniales, en el reconocimiento y la solidaridad con el feminismo occidental, pero, al mismo tiempo, en la reivindicación de una vivencia autónoma y propia de sus aspiraciones emancipadoras.

Movimiento feminista

Otra calle que conduce a la plaza nace del movimiento feminista, de mujeres diversas y de algunos colectivos LGTB. En algunos países (como Guatemala, Honduras, Ecuador o Perú), en diferentes circunstancias, sin abandonar la agenda histórica del feminismo[3] y a propósito del estallido de conflictos socioambientales, algunas organizaciones han partido de la defensa del cuerpo como lucha principal y han generado confluencias con las organizaciones de mujeres populares (indígenas, campesinas y urbanas), integrando poco a poco las luchas en defensa del territorio en su agenda feminista.

En Perú, por ejemplo, la Alfombra Roja está participando en las marchas y reivindicaciones en defensa de la tierra y del medio ambiente. Es una iniciativa que surge desde el movimiento feminista para luchar y denunciar a los estados para que cumplan con sus obligaciones en materia de derechos sexuales y reproductivos. En las acciones se echan en el suelo, a modo de alfombra, numerosas personas vestidas de rojo. Buscan resemantizar esta imagen y darle un significado de protesta, representando la lucha permanente por los derechos de las mujeres y contra todas las violencias.

Este proceso altamente positivo tampoco está exento de contradicciones y retos, de críticas aún no procesadas sobre las relaciones de poder paternalistas y tutelares que algunas organizaciones feministas han ejercido con organizaciones de mujeres indígenas y populares.

Organizaciones ambientalistas y contra el extractivismo

Identificamos otra expresión importante, caracterizada por mujeres rurales y populares no provenientes de los anteriores movimientos, sino de organizaciones comunitarias, vecinales o de frentes de defensa territorial, del agua, de los servicios públicos y de la vida, que cuestionan la inequidad social y la estructura patriarcal de la sociedad, de forma más empírica que teórica. Claro ejemplo de ello son las mujeres organizadas en los territorios de resistencia contra los proyectos extractivistas. En parte, lo que les mueve a la lucha surge de su rol de cuidado, que trasciende a sus familias y se traslada a su entorno y a sus medios de vida (tierra, semillas, agua, cultura y comunidad).

Pero su participación no se limita a las labores de cuidado o a la preparación de ollas comunes. Tienen un papel cada vez más activo en las acciones de resistencia, encabezando las marchas con sus lemas y reclamos, realizando labores de denuncia de las violaciones de derechos humanos a los defensores y defensoras, visibilizando su lucha en los medios de comunicación. Prueba de ello es que varias de estas mujeres vienen siendo “criminalizadas” en los diferentes países. Estas experiencias demuestran el importante papel que cumplen las campesinas, ronderas, profesoras, estudiantes o comerciantes en los procesos organizativos y en la generación de alternativas económicas y sociales. Asimismo, en su afán de defender su derecho de participación política, cuestionan las estructuras machistas y excluyentes de algunas organizaciones sociales, los intentos de instrumentalización de los partidos políticos y la incapacidad del estado.

Una última corriente provendría de mujeres de organizaciones ambientalistas que abordan la problemática ambiental y de las mujeres, apoyan la defensa del territorio y los derechos humanos en general (DESCA) y, a la vez, realizan acompañamiento a organizaciones y comunidades, aportando análisis sobre los impactos generales y los específicos en las mujeres de los proyectos depredadores de la naturaleza.

A nivel latinoamericano podríamos mencionar la Red de Mujeres Defensoras de Derechos Ambientales y Sociales, que denuncia los impactos de la minería en las mujeres en cuanto a contaminación, salud y criminalización de la protesta. En esta misma línea, la Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra de Bolivia habla de violencia ecológica contra la mujer refiriéndose a la ejercida por la actividad minera, que vulnera el derecho al agua, a la salud, alimentación, soberanía alimentaria y territorio, entre otras cuestiones. En el Encuentro de Mujeres Frente al Extractivismo[4] celebrado el pasado 14 de octubre en Quito, mujeres afectadas por el petróleo y la minería visibilizaron los daños producidos por las empresas extractivas en la naturaleza, los territorios y los cuerpos de las mujeres (aumento de enfermedades, alcoholismo, violencia).

Sujetos y estrategias emancipadoras a partir del cuerpo-territorio

Esta gran, colorida y bulliciosa plaza que supone la confluencia entre la lucha por la defensa del territorio (con todo su corolario de cuestionamiento de los modelos de desarrollo) y diferentes corrientes feministas plantea una llamada de atención constructiva a los movimientos, señalando las carencias, incoherencias o limitaciones. Al mismo tiempo, apunta propuestas de solución mediante la “contaminación” entre ellos, es decir, trascendiendo la parcelación de luchas, agendas y pensamientos.

El lema mi cuerpo, mi territorio interpela tanto al concepto indígena de territorio (el cuerpo de las mujeres está siendo vulnerado y necesita ser revalorizado y defendido, también al interior de las comunidades originarias y movimientos en defensa del territorio) como al concepto feminista de violencia hacia las mujeres (ampliándolo hacia otras formas de violencia que sufren las mujeres rurales e indígenas, o las que están en territorios de actividad extractivista minera, petrolera, de la agroindustria, etc.), y al sujeto de estudio de la ecología política o el ambientalismo social (que ya no serían únicamente las externalidades ambientales, sino también las sociales, considerando las múltiples desigualdades en las poblaciones que sufren estos impactos).

Creemos que no hay un solo sujeto de cambio, que la fuerza y la necesidad es pensar múltiples sujetos articulados que hoy enfrentan los variados patrones y mecanismos de poder (más fuertes y articulados). Somos parte del sujeto y del cambio deseado, transformamos transformándonos. No es posible pensar en un vida digna y sin violencia contra las mujeres sin derrotar al racismo, como tampoco es posible pensar el buen vivir en los pueblos indígenas sin derrotar la violencia contra la mujer en su interior. Nos interesa la construcción de los lazos entre los múltiples sujetos de cambio que existen.

La actual crisis global y sistémica exige nuevos modos de afrontarla que supongan relacionarnos de otra forma entre personas, entre personas y naturaleza, y entre personas y naciones del Norte y del Sur global, pero también demanda reconstruir el ejercicio del poder en el interior de los movimientos y en su relación con otros para tejer agendas plurales, interconectadas y permanentes.

En muchos lugares de América Latina, debido a cuestiones históricas como la herencia de la conquista española, o a la masiva migración del campo a la ciudad, el tejido social quedó tan degradado que prácticas ancestrales y tradicionales sostenibles y al alcance de las personas con menor poder en la sociedad, como las mujeres (trueque, trabajo colectivo, redes vecinales, intercambio de semillas y productos), fueron sustituidas por lógicas individualistas, racistas y competitivas, basadas en la desconfianza y en un consumismo desenfrenado. Es todo un reto trabajar por humanizar esas ciudades caóticas, sucias e inseguras, consiguiendo que niñas, jóvenes, mujeres y ancianas, puedan disfrutar del derecho a una vida digna y a un medio ambiente sano.

Algunas propuestas, como el buen vivir o sumak kawsay, generadas desde los pueblos indígenas y comunidades campesinas, rescatan los saberes ancestrales en cuanto a la agricultura, la salud, la crianza o los cuidados, que en las sociedades occidentales han sido sustituidos por la ciencia, la tecnología o la farmacéutica capitalistas. Además, nos hablan de otros modelos de producción y consumo basados en la solidaridad y en el trabajo colaborativo, donde el sentido de comunidad todavía está presente y se antepone al yo.

En ese lugar de confluencia de movimientos, los feminismos comparten gran parte de los planteamientos del buen vivir y añaden un importante matiz: no será posible la construcción de una forma de vida diferente si no se derruye el capitalismo patriarcal y no se tienen en cuenta los aportes de las mujeres en la puesta en práctica de los principios de justicia, dignidad y libertad para todas y todos, para la naturaleza y para quienes dependemos de ella.


Álex Guillamón y Clara Ruiz forman parte de las comisiones de Feminismos y Soberanías de Entrepueblos/Entrepobles/Entrepobos/Herriarte (miembro de la Alianza por una Cooperación Feminista Global).

Euskaraz: “Feminismoak eta lurraldearen aldeko borrokak Latinoamerikan

Artículo publicado en el nº64 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2015.


NOTAS:

    1. XIII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Perú, del 22 al 25 de noviembre de 2014. Más información: www.13eflac.org.
    2. CONAMUCA, República Dominicana; Movimento de Mulheres Camponesas, Brasil; FEMUCARINAP, Perú; ANAMURI, Chile; CONAMURI, Paraguay, etc.
    3. Reivindicación de derechos y libertad sexual, lucha por la equidad y contra la violencia patriarcal, entre otras cuestiones.
    4. Más información en: http://territorioyfeminismos.org.

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