Ciudad Comunal “Simón Bolívar”: una experiencia de autogobierno en el llano venezolano

Vastas y verdes sabanas, anchos y caudalosos ríos, tupidas selvas, mucho calor, humedad. En un territorio de 114 mil hectáreas donde viven 1800 familias, agrupadas en pequeños poblados, caseríos y asentamientos campesinos desperdigados en la llanura, tiene lugar una historia de resistencia, constancia, audacia y tenacidad: una sólida experiencia de autogobierno popular llamada Ciudad Comunal “Simón Bolívar”, que agrupa treinta y ocho consejos comunales organizados en nueve comunas. Más de veinte años de lucha y esfuerzo organizativo están detrás de esta experiencia. Y mucho sacrificio: hubo persecución, cárcel, sicariato. Y hubo también, ya en tiempos de la revolución bolivariana, confrontación contra la burocracia y el reformismo.
Asamblea de elección de autogobierno. Fotografía: Carolina Cruz.

 

I

Desde siempre este fue un territorio olvidado y abandonado por el Estado venezolano, en el que su población se vio forzada a sobrevivir por cuenta propia. Tratándose de un eje fronterizo, buena parte de esa sobrevivencia consistió en resistir la violencia de grupos armados irregulares colombianos, bandas criminales del contrabando y el narcotráfico, terratenientes y sectores corruptos de las fuerzas armadas del país. La organización popular y el trabajo colectivo fueron aquí la única alternativa de la gente para sortear los problemas y arrancar con trabajo el sustento a la tierra y defender la vida y la dignidad.

“En todo ese eje territorial fronterizo de La Gabarra, Chorrosquero, Guacas, fuimos atropellados recurrentemente. Hasta que tomamos la iniciativa de organizarnos y decir ¡Ya no más! Entonces iniciamos un proceso de organización popular con el único instrumento que había entonces para ello, que eran las Asociaciones de Vecinos. Un grupo de compañeras y compañeros, algunos que dieron su vida en esa lucha, como Jorge Nieves y Víctor Díaz Ojeda, impulsaron la organización del Comité por los Derechos Humanos (Codehum). Estamos hablando de los años 80 y 90. Después hubo otros instrumentos políticos que fueron fundamentales en ese esfuerzo, como el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora” .

Nada ha impedido el avance, las conquistas. Es difícil que el empuje transformador allí se detenga, entre otras cosas porque muchas de estas comunidades simplemente comenzaron a existir luchando, peleando la tierra, haciéndose de un lugar para asentarse, hacer familia, producir. Muchas llegaron sin nada y lo único que tienen es lo que han construido: “Antes de ser la comunidad Los Picachos nos organizamos algunos campesinos que estábamos cansados de trabajarle a los ricos. Ya el comandante Chávez nos había alertado sobre el rescate organizado de tierras. Tomamos la tierra y finalmente conseguimos la titularidad. Yo caí preso por luchar estas tierras. Ya hoy día contamos con un consejo comunal con 30 familias. En un momento quedamos siete familias porque pensamos que no seríamos capaces de lograr las cosas. Pero seguimos y ya hoy en día esto es un hecho. Tenemos producción de yuca, de plátano, parchita, lechoza, ají, auyama, patilla, limón. Cada familia tiene 10 hectáreas para producir, y otras tierras se siembran colectivamente. En total en Los Picachos tenemos 1200 hectáreas. Es un solo documento de manera colectiva”.

Cosecha de plátanos en el territorio de la comuna. Fotografía: Giuliano Salvatore.

 

II

En el presente la ciudad comunal está sostenida, desde el punto de vista legal, por el entramado jurídico de la revolución bolivariana. La democracia participativa y protagónica está consagrada en la constitución de 1999 y los consejos comunales y comunas son figuras definidas en la Ley Orgánica de Comunas y presentes también en las llamadas leyes del Poder Popular.

Cuando el presidente Chávez comenzó a impulsar los Consejos Comunales, en el actual territorio de la Ciudad Comunal se fueron sustituyendo las asociaciones de vecinos existentes por esta nueva figura: “Allí, a principios de 2006, nos reunimos todos los habitantes del eje La Gabarra-Chorrosquero, Los Blancos y otros asentamientos campesinos, en un Consejo Comunal llamado Caño Amarillo 3, con aproximadamente 800 personas. Allí decidimos un proceso de visitas, comunidad por comunidad, para organizar todos los consejos comunales. Y logramos organizar 38 consejos comunales, en un proceso de maduración política, de talleres, de visitas casa por casa, para involucrar al 100% de los habitantes. Hubo un núcleo dirigente del Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora (FNCEZ) que activó y condujo ese proceso. Pero la gente hizo suya la propuesta del FNCEZ, la gente se empoderó y participó masivamente. Ejemplo de ello fue la construcción y mejoramiento de las carreteras, la construcción de las casas comunales, la organización de la producción agrícola. Y desde esos consejos comunales iniciamos una lucha por reivindicaciones sociales: movilizaciones, tomas de la alcaldía contra la ineficacia y la ineficiencia de algunos dirigentes. Fue el pueblo mismo, organizado, el que desarrolló esas políticas, como autogobierno”.

Ya se contaba con un entramado social activo, fuerte, cohesionado, reconocido jurídicamente y apoyado por el gobierno revolucionario. Sin embargo, la búsqueda por profundizar y dar mayor alcance a esa experiencia organizativa y de poder popular continuaba. El debate en las asambleas y reuniones era intenso sobre cómo lograr sistemas de agregación político-territorial de esos espacios organizativos que se venían desarrollando, para integrarlos, articularlos y construir más poder, más allá del núcleo reducido del consejo comunal.

Era un tiempo de ofensiva revolucionaria en Venezuela. El presidente Chávez acababa de ser reelecto con un elevado porcentaje y un altísimo nivel de participación. Se empezó a hablar con más fuerza de socialismo, de poder popular. El propio Chávez planteó al país una reforma constitucional que profundizaba en lo jurídico el modelo de democracia participativa y protagónica. En la propuesta se hablaba de Comunas y Ciudades Comunales. Las elecciones para aprobar la reforma constitucional se perdieron. Sin embargo, aquel impulso no se detuvo: “En una oportunidad que tuvimos de interactuar con el comandante Chávez en el Aló Presidente 328 en el Hato El Cedral, le presentamos el proyecto de comunas y de ciudad comunal. Allí tuve la oportunidad de decirle que no había que perder de vista el concepto de Comuna, que habiendo perdido la reforma había que buscar mecanismos y crear leyes para que el pueblo pudiera tener esos intrumentos. Y en ese proceso de impulso de la comuna logramos la Ley Orgánica de las Comunas. Esa lucha se inició desde aquí”.

Efectivamente, aunque se había perdido la oportunidad de incluir las comunas y ciudades comunales en la constitución del país, la gente que venía practicando las nuevas formas de democracia participativa y protagónica ya tenía la idea sembrada en su horizonte. Se trataba ahora de hacerla real, concreta, de practicarla en los territorios: “Nosotros llegamos a organizar y diseñar comunas aún antes de que la ley lo definiera. Por cuenta propia hicimos un diseño de la comuna y de su funcionamiento, y elegimos esa estructura por elección directa y secreta de la gente: vocerías del Banco de la Comuna, del Parlamento de la Comuna, todo eso que está en la ley nosotros ya lo habíamos aplicado. Entonces, cuando se promulga la ley lo que hicimos fue adecuarnos a ella, y elegir comités y comisiones que faltaban. Y fuimos más allá: en el territorio organizamos la Ciudad Comunal Socialista “Simón Bolívar” en un sistema de agregación de las comunas que había. Y los 38 consejos comunales de las 8 comunas, en una asamblea a la que assitieron casi 3000 personas, definieron el autogobierno de la ciudad comunal. Fue un total de 38 compañeros y compañeras que fueron electos y se organizaron en comités, de infraestrcutura, de energía y agua, de educación, de cultura, de tierras, de producción, comunicación, y todos esos comités articulaban con los comités de las comunas y de cada consejo comunal, como un engranaje”.

III

El 14 de julio tuvo lugar una poderosa asamblea con más de 1500 participantes, en la que se debatió y aprobó el nuevo modelo de autogobierno y se eligieron las nuevas vocerías que integrarán esa estructura durante un nuevo ciclo. Esa asamblea coronó un arduo proceso asambleario de debate y ejercicio de auténtica democracia participativa y protagónica en cada consejo comunal, cada comuna. Se cumplía un primer ciclo del experimento de autogobierno y tocaba revisar, valorar, hacer cambios, y eso debía hacerse con el mayor espíritu democrático y la mayor legitimidad, de modo que el nuevo modelo naciera con el consenso y compromiso de la gente. Quedan ahora nuevos retos y desafíos. El horizonte de lo que está por hacerse es tan ancho como la llanura misma. No más hay que seguir transitando el camino, contruyéndolo.

“Aún en medio de las dificultades el proyecto de la revolución bolivariana aquí tiene más vigencia que nunca, la construcción del poder popular se está desarrollando, con difucultades, pero allí estamos avanzando, y creemos que ese es el rumbo, ese es el horizonte, la construcción de la nueva institucionalidad revolucionaria, el nuevo Estado, que sea el pueblo mismo el que genere sus propios mecanismos de autogobierno, para la resolución de los problemas y la gestión pública. En eso estamos”.

IV

Hoy la frontera de Venezuela con Colombia es epicentro del ataque imperialista contra el país. “Guerra económica” se ha denominado a un conjunto de acciones dirigidas a asfixiar la economía venezolana y hacer colapsar la sociedad toda, para propiciar, por esa vía, el descontento popular que termine por derrocar la revolución bolivariana. Contrabando de extracción de alimentos, gasolina, medicinas y dinero en efectivo, ataque monetario para generar una devaluación inducida del Bolívar que genere un abismal diferencial cambiario con el peso colombiano y el dólar, bloqueo financiero, embargo petrolero, sanciones económicas. Salvo el bloqueo, el embargo y las sanciones, todas las demás acciones de esta guerra tienen en la frontera colombo-venezolana un teatro de operaciones central, a tal punto que todas estas actividades ilícitas terminan determiando la dinámica económica y social de Venezuela toda, en una suerte de onda expansiva que inicia en la frontera y va penetrando hacia el interior hasta llegar al centro mismo del país.

En la complejidad de ese contexto se construye, resiste y crece la Ciudad Comunal “Simón Bolívar”, y su persistencia es clave, estratégica, porque el objetivo último de aquel accionar no es únicamente sacar la revolución bolivariana del poder político, sino desintegrar la sociedad, fracturar el tejido social, revertir el profundo calado del proyecto anticapitalista de la revolución, hacer retroceder el avance que alcanzó un modelo cultural, social y político basado justamente en lo contrario de la desintegración: la solidaridad, el trabajo colectivo, la organización popular, el encuentro, el poder de la gente, la democracia participativa y protagónica, cuya máxima expresión son la instancias de autogobierno popular como los Consejos Comunales y Comunas.

El individualismo y la democracia representativa son funcionales al capitalismo. El sistema global de dominación capitalista necesita seres humanos aislados, desvinculados entre sí. Necesita personas ensimismadas y desconectadas de su entorno social y geográfico. Las élites políticas y económicas que gobiernan el planeta sostienen la falsa democracia representativa porque en ella la gente delega el ejercicio del poder y renuncia su a propia fuerza transformadora y creadora.

Es vital entonces la construcción de una sociedad basada en el poder de la gente y un modelo de democracia revolucionaria basado en la participación y el protagonismo popular, para conformar el tejido de una sociedad más horizontal y justa. Se trata, como decía Hugo Chávez, de construir una nueva arquitectura del poder, equilibrada y policéntrica, unitaria pero desconcentrada, que garantice a la gente la conducción de su destino y no ser más gobernada por élites. En esa dirección estratégica avanzan, día a día, experiencias como la Ciudad Comunal “Simón Bolívar”, acompañada y orientada por la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora.


Eduardo Viloria Daboín es documentalista. Coordina la revista venezolana Sacudón, forma parte de la Cooperativa Audiovisual La Célula y colabora con Pueblos-Revista de Información y Debate. Además, es responsable nacional de comunicación de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora.


 

Print Friendly, PDF & Email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *