El papel de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) ha sido fundamental para confrontar al poder corporativo. Cuando los Estados fallan en sus obligaciones de respetar los derechos humanos y proteger el medio ambiente frente a las actividades empresariales, las OSC han respondido mediante una variedad de estrategias y tácticas para intentar corregir las externalidades negativas características del actual modelo económico global.
El balance de tres décadas de cooperación internacional al desarrollo que hemos conocido en Centroamérica nos deja un saldo que podríamos resumir esquemáticamente como: éxito del “desarrollo”, pinchazo de la “cooperación”.
Puertas giratorias. Rescates a la banca. Exención del pago de impuestos. Tolerancia con los paraísos fiscales. Corrupción. Desregulación sistemática de las actividades empresariales. Lobbies corporativos. Estas son solo algunas de las manifestaciones y consecuencias más elocuentes de lo que se ha venido denominando en los últimos años como colaboraciones o alianzas público-privadas.
Las empresas transnacionales imponen sus actividades extractivas con la complicidad del Estado y la vida del pueblo awajún está en peligro por la desposesión de los recursos naturales y el acaparamiento de los territorios ancestrales. El documental ‘Yumi, agua es vida’, dirigida por el peruano Marco Melgar, explica cómo alrededor de la defensa de la agua (yumi) se libra una lucha vital entre una nueva oleada colonizadora y la supervivencia de uno de los pueblos indígenas más grande del Amazonas. Hemos tenido la oportunidad de conversar en Bilbao[1] sobre este tema con Marco Melgar y con Zebelio Kayap, representante de las comunidades indígenas y protagonista de la película.
En el contexto de un continente históricamente expoliado para el beneficio económico de distintas élites, los efectos sobre las sociedades originarias y sobre el medio ambiente son desastrosos. En ese sentido, cobran una especial importancia los movimientos sociales que abogan por el cuidado y los derechos del medio ambiente, así como las organizaciones y grupos indígenas que reivindican los suyos. Esto hace muy interesante y relevante el análisis en torno a las confluencias y a las estrategias y acciones compartidas que puedan darse entre indígenas y ecologistas. En este caso, el análisis lo situamos en el marco específico de Chile.
América Latina está viviendo un cambio de ciclo. En los últimos años, los gobiernos progresistas —que no son un bloque homogéneo: la relación de fuerzas y el grado en el que se han producido cambios sociales, políticos y culturales han sido muy distintos en Brasil y Argentina, por un lado, y en Venezuela, Bolivia y Ecuador, por otro— se han enfrentado a toda una serie de dificultades que finalmente han puesto en entredicho su hegemonía en la región. Veamos algunos de los elementos clave de lo que ya podemos caracterizar como el fin de un ciclo.