2014 ha sido el año de la lucha feminista, el año en el que miles de mujeres han ocupado las calles reclamando, una vez más, el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos y vidas. 2014 ha desempolvado pancartas y lemas para gritarlos con energía y rabia, a veces incluso con la perplejidad que suponía para algunas revivir momentos ya pasados. Ha sido un año que ha visto la creatividad y la vida de un movimiento feminista, uno, conformado por muchos diferentes feminismos. Un año entendemos duro para quienes llevan augurando la desaparición y la no vigencia de las propuestas feministas, para quienes califican de caduco y obsoleto un movimiento que nunca estuvo muerto pero que, incluso, se ha fortalecido y rejuvenecido en estos meses.
Las ideas y reflexiones que presentamos en este artículo surgen de un proceso de investigación colectiva desarrollado por la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM), la Vía Campesina (LVC) y el Grupo de investigación Movimientos Sociales y Cooperación Crítica del Instituto Hegoa (UPV-EHU). Hace ya cerca de cuatro años comenzamos a reflexionar y construir conjuntamente una propuesta de agenda de cooperación internacional alternativa a la hegemónica que, desde el compromiso político y el apoyo a los procesos emancipadores, adoptase un enfoque de fortalecimiento de sujetos y alianzas con los movimientos sociales que construyen diferentes formas de superación de los sistemas de subordinación y opresión vigentes. Procesos necesarios y urgentes para la búsqueda de salidas alternativas a la crisis múltiple (política, laboral, de cuidados, financiera, climática, alimentaria, etc.) que afrontan nuestras sociedades (tanto en el Norte como en el Sur global).