Dulce. Pausado en sus discursos. Incisivo con el poder y con sus élites. Su risa contagiosa te hace caminar fuera del miedo cuando este se convierte en el escondite donde refugiarte, cuando concluyes de un plumazo que el devenir de las relaciones internacionales en África se presenta complicado. Sus canas parecen amasadas en trincheras, junto a los sin voz. Firoze Manji es un intelectual y activista keniano con una reconocida carrera en la lucha por los derechos civiles de los y las africanas que le llevó a ser el director de Amnistía Internacional para África y fundador de Pambazuka y Fahamu, redes para la justicia social.
La narrativa sobre el acaparamiento de tierras es una tendencia clara desde el 2008. No obstante, esta dinámica se puso en marcha por la liberalización del mercado de tierras en la década de los 90, y se desencadenó aún más por la aceleración de la crisis global del capitalismo al comienzo del nuevo milenio: crisis ligadas a la alimentación, la economía, las finanzas, las cuestiones medioambientales, la energía o la política. Y las posibles respuestas a estas crisis tienen en común el hecho de que todas ellas dependen de los recursos de la tierra, una realidad que ha fomentado una fiebre mundial por la pachamama. Sobre todo, en África.
“Pack their bags”. En abril de 2015 las heridas supuraron sal. Algunos sudafricanos acusaban a los inmigrantes de quitarles sus puestos de trabajo y oportunidades laborales. ¿Les suena? En aquella ocasión el componente étnico también se hizo fuerte; el rey zulú Goodwill Zwelithini, probablemente cargado de buena voluntad, hacía un llamamiento para poner fin a los disturbios: que los inmigrantes “hagan sus maletas y se vayan”. “Pack their bags”. Un brote de violencia xenófoba en el que al menos nueve personas murieron y cientos fueron obligados a huir de sus hogares. En lo que va de año han asesinado a catorce somalíes. Y ya en 2008, las cifras de personas que murieron por ataques xenófobos ascendieron a 60.
Tres escenarios. Tres contextos interesantes en doce meses. Uganda, la “Perla de África”, como bautizó Churchill al país cuando todavía era colonia británica; una 'gracieta del político que se granjeaba licores fuertes para prevenir la malaria en tierras que no eran suyas. Allí, Yoweri Museveni revalidó a comienzos del año 2016 sus 30 años en el sillón presidencial con acusaciones de fraude por parte de la oposición. En agosto el turno fue para Zambia. Edgar Lungu, candidato del Frente Patriótico, el partido gobernante, se impuso en las que resultaron unas controvertidas elecciones. Hubo protestas en unos comicios que se vieron amenazados después de 25 años de tradición pacífica.
Los lugares remotos saltan al vacío dos veces al día: una primera, para dejar atrás la anarquía silenciosa de poder alterar el orden; y una segunda, para visibilizar su forma de vida. No obstante, entre salto y salto se cuelan defraudadores que se esconden para aprovechar la fuerza cinegética del movimiento. Es algo extensible a varias regiones del planeta. También en África.
A finales de agosto aparecía corriendo por las calles de Lagos, la capital de Nigeria. Es tan accesible que no parece uno de ellos. Sí, uno de esos de puro tatuado en el labio inferior y que caminan detrás de sus barrigas felices, con sus tranquilos andares de hombres octogenarios. Él, no.