El balance crítico de lo ocurrido en la última década con los llamados gobiernos progresistas no es una cuestión de pasar cuentas con el pasado, sino de estar en las mejores condiciones para afrontar el futuro próximo, frente a esta nueva oleada neoliberal que acecha al continente y frente a los retos de la crisis global.
Uno de los problemas del modelo de desarrollo propuesto por el neoliberalismo es que entiende el derecho a la vida bajo la óptica de un supuesto “universalismo” que niega o folkloriza la existencia de otras cosmovisiones, como la de los pueblos indígenas. Pero, en la actualidad, al mismo tiempo que crece el debate sobre las distintas interpretaciones del desarrollo y la ineficacia de la ayuda externa para atajar las causas que generan las desigualdades, se potencian los intercambios a nivel internacional sobre los derechos de los pueblos indígenas y la integración regional.
Los movimientos revolucionarios de los años sesenta, setenta y ochenta se han convertido ahora en partidos políticos y, en la mayoría de los casos, "politiqueros" partidarios y "electoreros". Esto se ha llevado a cabo usurpando incluso siglas históricas, construidas a sangre y fuego.