Durante seis semanas, del 30 de marzo al 15 de mayo, el pueblo palestino participó en la Gran Marcha del Retorno. Esta acción pacífica, que forma parte de una movilización masiva de la sociedad palestina en su conjunto sin ningún liderazgo político concreto, culminó el 15 de mayo, fecha en la que el pueblo palestino conmemora la Nakba (en árabe ‘Catástrofe’), la expulsión masiva sufrida de su tierra originaria entre los años 1947-1949, de lo que posteriormente desde 1948 se ha denominado el Estado de Israel.
Dice el Gobierno israelí que la Operación Margen Protector ha conseguido sus objetivos, lo que podría hacer pensar que superar la cifra de 2.000 muertos era uno de ellos. ¿Demasiado cínico? Quizás no. Estamos tan acostumbrados a dejarnos enredar por las palabras que ya no oímos lo que dicen los hechos. Y lo que dicen de esta última matanza (¿será de verdad la “última”?) y de las anteriores en 2012, 2009, 2006, 2004, 2002, 1996, 1982... es que los muertos, el número de muertos, siempre que sean palestinos, no importa. Todas las ofensivas israelíes, en Gaza, en Cisjordania, en Líbano, se han caracterizado por un absoluto desprecio hacia las víctimas de la población palestina. Se diría que el término “civiles palestinos” no figura en el vocabulario militar israelí, quizá para el ejército israelí no hay civiles palestinos, hay simplemente palestinos. Simplemente, el enemigo.
Ya ha ocurrido antes. Todo se repite. Israel bombardea Gaza. ¿Y qué? Todo pasa sin que pase nada. Una y otra vez. A esta matanza le precedió otra, le llamaron Pilar Defensivo, noviembre de 2012, 150 muertos, y antes fue Plomo fundido, diciembre 2008-enero 2009, 1400 muertos, y Lluvias de verano en el verano de 2006, 450 muertos, y Dias de Penitencia en septiembre de 2004, y Cinturón Defensivo en abril de 2002, en Cisjordania, 545 muertos… Una y otra vez.
Las mujeres de Gaza se enfrentan cada día a múltiples limitaciones que impiden el desarrollo de sus derechos. Estas limitaciones están muy vinculadas a la actual ocupación israelí y la herencia de las anteriores ocupaciones (Imperio Otomano, Mandato Británico, Egipto), pero también a la arraigada percepción estereotipada del papel de las mujeres y el fundamentalismo islámico. La situación es muy compleja, pero las mujeres continúan trabajando por la igualdad, luchando para preservar lo ya conseguido y enfrentando a la vez las violaciones israelíes.
Las mujeres de Gaza continúan luchando por la liberación de Palestina y, a la vez, trabajan por su propia liberación del patriarcado y por la reivindicación de sus derechos. Sufren graves carencias de recursos básicos y se encuentran en una situación que contraviene todas las convenciones internacionales sobre la eliminación de la violencia y la no discriminación, pero, pese a todo, siguen organizadas para prestar apoyo a las mujeres que lo necesiten, para documentar todas las agresiones, para lograr legislaciones más justas y para que éstas pasen del papel a la práctica.
Más de 56.000 niños y niñas nacieron en 2012 en la Franja de Gaza[1]. Miles de historias, algunas sencillas y cercanas a lo habitual en los países de la Unión Europea; otras, lejanas, dolorosas, tan duras que resultan incomprensibles y generan rabia[2]. Presentamos en estas páginas un par de experiencias[3] que dejan entrever la cotidianidad de la vida en Gaza y las deficiencias de su sistema sanitario.