Son muchas las activistas que en estos momentos (da igual cuándo leas esto) están poniendo el cuerpo y arriesgando el pellejo en su lucha contra la precariedad generalizada para cimentar las bases de lo que Judith Butler denomina “un mundo sostenido y sostenible”[1], un mundo diverso donde quepan muchos mundos.
¿Qué ocurre cuando la industria “se va” de un lugar? La “reconversión”, como se ha intentado denominar a este proceso en las últimas décadas, ha tenido poco que ver en Europa con un proceso de modernización de industrias: está directamente vinculada al abandono de naves y a la creación de polígonos fantasmales, así como al empobrecimiento de la clase trabajadora y a determinados procesos de turistificación y gentrificación.
“En los últimos años, el movimiento de mujeres logró insertar en la agenda pública un reclamo de mínimos: #NiUnaMenos, es decir, nuestras vidas. La unidad en torno a ese derecho fundamental fue posible y se construyó rápidamente”, explicó Paloma Dulbecco, politóloga, docente y becaria del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina.
América Latina ha experimentado un cambio de tendencia en los últimos años que se ha concretado en el aumento de representación de los sectores más conservadores y en el posicionamiento en el espacio público de discursos que atacan directamente las luchas por la emancipación y la igualdad de derechos de las mujeres. El intento de desacreditar al movimiento feminista, pero también el incremento de la violencia y la brutalidad en los asesinatos de mujeres, se identifican con una estrategia de repatriarcalización conectada con la nueva fase capitalista y colonial de acumulación por despojo.
El balance de tres décadas de cooperación internacional al desarrollo que hemos conocido en Centroamérica nos deja un saldo que podríamos resumir esquemáticamente como: éxito del “desarrollo”, pinchazo de la “cooperación”.
Las violencias machistas son múltiples y nos afectan a todas las mujeres a lo largo de nuestras vidas. El feminicidio es la forma más extrema del continuum de las violencias machistas y es seguramente su expresión más visible, pero a veces el foco que ponen los medios de comunicación o las instituciones en esta cuestión en concreto hace que perdamos una visión más global y compleja de la violencia contra las mujeres. Aunque no nos gustaría contribuir desde Mugarik Gabe a esa pérdida de perspectiva, creemos que es necesario detenernos en los feminicidios, precisamente porque a pesar de su carácter extremo no se están tomando las medidas adecuadas para su prevención. La sociedad y las instituciones parecen aceptarlos, como si se tratara de un desastre natural ante el cual poco se puede hacer.