Desde la antigüedad, los sistemas penitenciarios se han ido acoplando a las necesidades políticas y económicas de cada momento. A lo largo de su sombría historia, siempre han existido revueltas, hacinamiento y masacres, y siempre las cárceles han sido un instrumento para castigar y deshacerse de la oposición. A pesar de que son innumerables los informes y estudios que explican que las prisiones no sirven para prevenir los delitos ni transformar a las y los transgresores, en todos los puntos del planeta hay cárceles abiertas, y en muchas ocasiones incluso podemos decir que éstas han sufrido pocos cambios en los últimos siglos. Las cárceles colombianas, desde la década de los veinte del siglo pasado, han ido sufriendo cambios para servir principalmente al objetivo de lucha contra la insurgencia.
El nacimiento del fútbol moderno está estrechamente ligado al surgimiento del estado parlamentario burgués y a los primeros pasos del sistema económico capitalista a finales del siglo XVII y principios del XVIII en Inglaterra. En este sentido, la configuración de las reglas de este deporte y el consenso acerca de su cumplimiento es resultado de la filosofía propia del sistema político entonces creado, en el que diversas agrupaciones políticas competían por el poder parlamentario adscribiéndose a unas reglas concretas bajo la supervisión de un juez. Los artífices de esta transposición de valores fueron los estudiantes de los elitistas 'public schools' británicos, que dieron al actual 'deporte rey' la forma que hoy tiene al concretar unas reglas comunes para poder competir a nivel nacional entre los equipos ligados a sus centros educativos.
Los primeros tiranos, los que todavía se preocupaban de que el pueblo estuviera contento, inventaron el pan y circo. Porque entendían que un pueblo cenado y entretenido se va contento a la cama y no se levanta con ganas de hacer la revolución por la mañana. Y llegó la tele. Y, con ella, el fútbol. Ya no hacía falta salir, el circo venía a verte a casa. Y el circo se fue haciendo enorme, hasta que ocupó mucho más de lo que los tiranos esperaban. Encendió pasiones, infló fortunas, endiosó mediocres y secuestró el deporte. Y olvidó a las mujeres.
La situación actual de los medios es un reflejo de la crisis que se está viviendo en Grecia desde hace años. No sólo en cuanto a las informaciones que ofrecen, sino también en su funcionamiento interno, que se ha deteriorado ostensiblemente. Son estos medios los que trasladan día tras día a la población griega la “necesidad” de asumir las medidas impuestas por la troika, con argumentos metafísicos, psicológicos, culturales, revisionistas o ideológicos: “hay que tener fe”, “la corrupción es un fenómeno endémico en Grecia”, “es el momento de que paguemos por cómo hemos vivido…” ¿El mensaje más repetido? “No hay alternativa”.