La declaración del Decenio Internacional Afrodescendiente por Naciones Unidas supone una oportunidad para visibilizar el racismo y las formas conexas de discriminación que sufren millones de personas en el mundo. En el caso de América Latina y el Caribe, alrededor de doscientos millones de afrodescendientes forman parte de una población que registra las mayores tasas de pobreza y desigualdad en el acceso a oportunidades, como un producto de la jerarquización de razas y la colonialidad del poder.
De un tiempo a esta parte nos hemos acostumbrado a verlas en mareas de protesta, en reivindicaciones festivas o en pasacalles populares a nivel global. Son las 'batucadas' o 'blocos de percusión', inspirados en los grupos de samba típicos de los carnavales de Brasil. Los orígenes de estos ritmos se remontan a la época de los imperialismos colonizadores europeos, cuando millones de personas, procedentes de los diferentes pueblos y etnias que habitaban la costa oeste africana, fueron capturadas y llevadas a Brasil, entre otros lugares del 'Nuevo Mundo', por los colonizadores portugueses como mano de obra para las plantaciones de cacao, caña de azúcar, algodón y café, trasladando consigo sus costumbres y su cultura.
Se cumplen 50 años de la fundación de la Organización de la Unidad Africana (OUA) y repasamos algunos de los logros y retos que este continente ha tenido a lo largo de su historia con Juan Carmelo García, presidente de IEPALA y conocedor de la realidad del continente negro desde hace décadas.
Con motivo de la celebración del 85º aniversario del Partido Comunista de Siria y Líbano, el cantante y escritor palestino Jaled El-Hibr cantó estas palabras: "En Gaza estamos bien / ¿Y usted? / Estamos bien, bajo ataque / ¿Y usted? / Nuestros mártires yacen bajo los escombros / Nuestros niños viven ahora en tiendas de campaña / Y preguntan por usted. / Estamos bien en Gaza / ¿Y usted?"[1] En lo que parece una constante repetición del pasado, no resulta fácil a las palabras describir la sádica política israelí (con el apoyo de Occidente) dedicada siempre a la caza de palestinos, a perseguir y angustiar continuamente a los nativos, a utilizarles como laboratorio del armamento, como laboratorio de los juegos electorales de Israel: cuantos más palestinos mates, más votos israelíes vas a conseguir en las próximas elecciones.
La industria del turismo se ha ido extendiendo e internacionalizando en los últimos años a un ritmo vertiginoso entre los habitantes de los países más desarrollados. Si antes era un lujo al alcance de los más privilegiados, las compañías low cost (hoteles, transportes, etc.) han extendido este “placer” (y a la vez generado esta necesidad) a las clases medias. Las grandes compañías hoteleras han lanzado sus anzuelos de manera tal que nos hemos dejado atrapar por sus “impresionantes ofertas”. Es el sector global por antonomasia que ha conseguido que viajemos a las tierras más remotas, pero esto no significa, en la mayoría de los casos, que estemos conociendo otras culturas, otras formas vida.
El turismo internacional de masas es, en los albores del siglo XXI, el sector global por antonomasia. Dos de los conceptos definitorios de la globalización económica, movilidad y tendencia a la homogeneización, también definen a este sector. Hablamos de una actividad económica y una práctica social que se han extendido exponencialmente durante la segunda mitad del siglo XX. Las empresas transnacionales (ETN) se expanden por los mercados geográficos del Sur del mundo, con bajas barreras comerciales, laxas regulaciones laborales y ambientales, elevados incentivos fiscales y menores costes de los factores de explotación.