¿Será que es posible que las compañías multinacionales puedan llevar ante la justicia internacional a Estados soberanos cuyas políticas puedan tener un efecto restrictivo sobre sus beneficios y sean contrarias a sus intereses privados? Y tanto que sí: esa es, precisamente, la función que desde hace varias décadas cumplen los tribunales de arbitraje como el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI).
En la llamada “crisis civilizatoria” en la que nos encontramos es más pertinente que nunca no perder de vista la larga pista de aterrizaje que muchos movimientos sociales en el mundo han construido. Debemos aproximarnos a estos como sujetos de emancipación, es decir, “analizando las aportaciones cognitivas, relacionales y materiales que construyen, así como las estrategias y procesos puestos en marcha en la búsqueda de superar las realidades de subordinación y explotación múltiple instaurada por una modernidad de marcado carácter patriarcal, colonial y capitalista”, como explican Zesar Martínez, Beatriz Casado y Pedro Ibarra [1]. Si examinamos con detalle la historia del zapatismo, veremos que se trata de un movimiento que ha sabido combinar las acciones de protesta con procesos de propuesta. El sistema autónomo de educación zapatista es uno de los ejemplos que mejor muestran cómo han cuidado ambas tareas: resistir y re-existir.