La Línea Negra es la delimitación territorial de cuatro pueblos ancestrales indígenas de la Sierra Nevada de Colombia, un territorio que resiste incansablemente a la minería y lucha por los derechos de autonomía y gobierno otorgados constitucionalmente a esta ecorregión.
En los últimos años, el espectacular incremento de la oposición pública a las negociaciones comerciales de la Unión Europea ha sorprendido a analistas y personas de todo el espectro político. Tal es así que incluso el año pasado se llegó a poner seriamente en duda la firma del Acuerdo Económico y Comercial Global entre la UE y Canadá (CETA). Actualmente, la ratificación del CETA en los parlamentos nacionales de todos los Estados miembros de la UE parece afrontar un futuro incierto.[1]
Dado que las energías alternativas todavía necesitan enormes subsidios como para ser viables en los países en vías de desarrollo, que la práctica del fracking (especie de piedra filosofal que resolverá los problemas energéticos de la Humanidad) es todavía incipiente y suscita recelos medioambientales y que la inercia de los activos petroleros no permitirá que las grandes compañías abandones sus equipos e infraestructura actual, se deduce que la economía mundial seguirá gravitando sobre la dependencia del petróleo en la próxima década.
Es cierto que las formas de cooperación Norte-Sur (CNS) y cooperación Sur-Sur (CSS) conciben la ayuda de formas distintas, utilizando instrumentos distintos, y que la CNS cuenta con un riguroso registro estadístico sistematizado, frente al casi nulo de la creciente CSS, así como que los fondos disponibles de la CNS frente la CSS son mucho mayores. No obstante, en territorio boliviano, ambas modalidades de cooperación operaron para erradicar el analfabetismo. Así, en el caso del Plan Nacional de Alfabetización (PNA) en Bolivia (2006-2009), en que participaron Venezuela y Cuba, se observan interesantes elementos que nos sirven para comparar inversión, impacto y sostenibilidad de estas dos formas[1].
La educación, la inmigración, el encuentro entre culturas, la relación con el otro y la muerte son los temas en torno a los cuales gira esta película canadiense, una narración hermosa exenta de clichés. Al inmigrante argelino Bachir Lazhar lo contratan como sustituto de un maestro que acaba de morir trágicamente y se encuentra con un grupo de niños y niñas muy afectados por el suceso. Es el punto de partida.