Una nueva oleada de tratados de comercio e inversión (en adelante, TCI) se cierne sobre nosotrxs[1]. ¿Cómo abordarla? Este texto lanza propuestas basadas en los aprendizajes de las resistencias feministas en Abya Yala a la anterior oleada[2]. Está escrito desde el norte global, aunque desearía establecer diálogos más amplios. Como los acuerdos son, al fin y al cabo, un montón de páginas escritas, nos hemos preguntado: ¿cómo leerlos? Van aquí unas instrucciones para abrir el debate.
El 30 de marzo, el pueblo palestino conmemora el Día de la Tierra. El origen de esta conmemoración se remonta a 1976, un día en que las fuerzas militares israelíes dispararon y mataron a seis jóvenes ciudadanos palestinos de Israel mientras protestaban junto a miles de personas contra la expropiación de tierras palestinas del gobierno israelí. Esta manifestación contra la apropiación ilegal de tierra por parte del Estado israelí (que redujo la propiedad de tierras en manos de familias palestinas en el Estado israelí de un 94% del territorio antes de 1948, a menos del 3% de su superficie actualmente) fue la primera acción masiva de resistencia protagonizada por la población palestina que vive dentro del Estado de Israel, los y las palestinas del 48.
Como se planteaba en 2011 desde el grupo de feminismos del 15M, la revolución será feminista o no será. Una afirmación que deberíamos aplicar a cualquier espacio o proceso que pretendemos que sea transformador, como lo es la reflexión ante la que nos encontramos. Un modelo universitario no puede ser transformador si no es feminista.
Ximena cuenta con más de 30 años de activismo feminista en la defensa de los derechos humanos de las mujeres, años en los que ha participado en campañas que van desde la participación política a la despenalización del aborto y la erradicación de toda forma de violencia contra las mujeres. Actualmente se encuentra trabajando sobre la violencia sexual comercial y la trata en cinco países de la región sudamericana.
Las redes sociales y las herramientas de la 'web 2.0' han aportado al África subsahariana un indudable avance en cuanto a libertad de prensa. La cruz de la moneda es que, debido a la todavía escasa penetración de internet en el continente, el impacto de esta novedad no está siendo todo lo transformador que podría llegar a ser. Estas herramientas hacen que no sea difícil crear un, aunque sea frágil, medio de comunicación 'online'. De hecho, la inquietud de jóvenes (y veteranos) periodistas expulsados de un mercado laboral lastrado, en la mayor parte de los países, por la precariedad, ha hecho que estas iniciativas se multipliquen.
En la mañana del 9 de junio, una multitud se quedaba fuera, a la sombra del Hotel Hilton y del Corner House, al lado de Kimathi Street, en Nairobi (Kenia). Sus ojos estaban fijos en un hombre que se había encadenado a la estatua de Dedan Kimathi, el luchador por la libertad que después daría nombre a la calle. El manifestante, que se identificó como Dedan Kimathi Waceke, llevaba una bandera de Kenia con un sombrero con los colores nacionales y gritó que no iba a liberarse de su prisión a menos que se le concediera una audiencia con su abuela, Mukami Kimathi. Afirmaba que era el tercer nieto de Dedan Kimathi, pero que, a pesar de tan impresionante pedigrí, languidecía en la pobreza.