La realizadora libanesa Nadine Labaki ya nos sorprendió con las historias de mujeres en Caramel y los espacios de libertad por entre los huecos de un salón de belleza en Beirut. Ahora regresa más potente, cargada con una historia en la que las mujeres se las ingenian para cambiar el rumbo de la historia.
La educación, la inmigración, el encuentro entre culturas, la relación con el otro y la muerte son los temas en torno a los cuales gira esta película canadiense, una narración hermosa exenta de clichés. Al inmigrante argelino Bachir Lazhar lo contratan como sustituto de un maestro que acaba de morir trágicamente y se encuentra con un grupo de niños y niñas muy afectados por el suceso. Es el punto de partida.
Para la hegemonía mediática que determina lo que el consumidor debe distinguir como cultura en una sociedad dominada por el mercado, los Oscar representan la cima en el mundo cinematográfico. En torno a un espectáculo de brillo y esplendor destinado a deslumbrar ese instinto de atracción hacia el lujo tan acorde con el modelo social que habitamos, la clase dominante del mundo del cine nos indica a los ignorantes aficionados qué productos deben ser apreciados por sus exquisitas cualidades artísticas e industriales, ya sean visibles al ojo de la plebe o no. El veredicto, ajustado a los criterios ideológicos comunes a ese grupo de la élite y determinado por circunstancias históricas que pueden dar interesantes variables, suele ser materia de debate entre los súbditos del imperio, poniendo en evidencia el esquema vertical con el que se asume la dependencia cultural, alienada así al modelo económico y político que la controla.
“Mi nombre es José. Mi apellido no importa. Me llaman José K. Soy José K. y he sido torturado”. Con esta expectativa tan poco halagüeña comienza la obra de teatro escrita por Javier Ortiz, dirigida por Carles Alfaro y magistralmente protagonizada por Pedro Casablanc.
A todas aquellas personas que estén buscando una lectura para este verano pero quieran dejar aparte libros sencillos y de venta fácil les queremos proponer un viaje: uno de esos que no se hacen con maleta, cheques y mentalidad occidental, sino que se disfrutan a través de la lectura de historias mínimas, de estar junto a ciertas personas en los días comunes de su vida. Marchemos, pues, a la India, a la pequeña ciudad de Pipalnagar.
Jamaica Kincaid es una escritora caribeña, de la isla de Antigua. Nace en 1949 y a los diecisiete años deja su isla natal para ir a Nueva York a estudiar. Su familia no aprueba su dedicación a la escritura y, en 1973, deja de llamarse Elaine Potter Richardson y pasa a ser Jamaica Kincaid. En la actualidad compagina su labor como escritora con la de profesora de literatura creativa en la Universidad de Harvard.