Giordano Bruno, filósofo italiano del renacimiento quemado en la hoguera por la Inquisición, concibió una teoría según la cual todos los opuestos eran idénticos, de modo que lo mayor era equivalente a lo menor, lo más largo a lo más corto, lo finito a lo infinito. Bruno nunca llegó a imaginarse que su hallazgo reformularía la historia para facilitarnos el entendimiento de la diversidad, ésa que atraviesa todas las esferas de este mundo y que se expresa en las culturas y modos de vida, inagotables y sorprendentes. En ese tiempo remoto, donde el poder se enmasacaró en las conquistas hacia lo desconocido, la derrota fue la patria y bandera de una tierra fértil.
Los grandes medios de comunicación disparan, cada día, una completa batería de medias verdades ymitos informativos que, por repetición, han conseguido grabar en la opinión pública internacional una imagen de Cuba sesgada y estereotipada. El único país de América Latina sin desnutrición infantil severa (según UNICEF) es un ejemplo de “fracaso económico”. De la nación que más invierte en educación del mundo (según datos de la UNESCO y el Banco Mundial) apenas conocemos su literatura o sus intelectuales, pero sí a iletrados convertidos en “disidentes políticos”. Acerca de una isla que ha conseguido (sin una ley de cuotas) la paridad entre hombres y mujeres en su Parlamento nacional, nos llega una imagen estereotipada y degradante de sus mujeres, creada por la misma prensa que en Europa (curiosamente) vive del lucrativo negocio de la publicidad de la explotación sexual.
Inmensa, diversa y única. Las historias en Suramérica brotan en cualquier rincón, de la nada o más bien del todo que se conjuga en sus países. Ríos, montañas, valles, metrópolis y pueblos, poblados y plantaciones, industria y minería, agricultura y expolio, agua y cultura. Las relaciones de poder, los conflictos, la desigualdad, la ilusión y la energía nutren cada una de esas historias, cada uno de esos latidos del subcontinente.
La obra de Oscar Paciencia pone de manifiesto más de una contradicción. Es uno de los fotógrafos que mejor retrató la vida de las comunidades de Colombia en los últimos años. No se asume como fotógrafo profesional; además, no cree que "una imagen valga más que mil palabras". Está en el país para presentar el libro que reúne 220 de sus fotografías, 'Caminando Colombia. Del corazón a la cabeza'. "La política no va en dirección del pensamiento al corazón, sino al revés", define.
Quisiéramos mostrar la Colombia que anda y construye; también la golpeada y digna. Las fracciones captadas a través de la lente de Oscar Paciencia, un fotógrado que ha caminado Colombia con corazón, nos regalan muchas sonrisas y cientos de kilómetros, pero a la vez nos dejan ver muchas penurias. Alegra ver las imágenes de hombres y mujeres, niños y ancianos, campesinas e indígenas agolpados frente a una sola cosa: nuestro territorio enmarañado de realidades, sueños, destellos y blancuras. La madre que aguarda, gatos en los brazos de una niña, la pesca, la pequeña minería, escuadrones de la muerte y cielos de esperanza y lucha...
El sistema en el que vivimos se encuentra en decadencia, una decadencia configurada por una serie de crisis que envuelven e impregnan todas las actividades del ser humano y que emanan, todas ellas, del capitalismo por el cual transitamos la mayoría de los habitantes del planeta.