Entornos víctimas de las reconversiones industriales, personajes cuyas vidas han quedado marcadas de una manera u otra por el desempleo y otros efectos de estos procesos. La desindustrialización se ha cebado siempre especialmente con la clase obrera, algo que lleva reflejando el cine desde sus inicios. En este artículo, a la fuerza incompleto, nos acercamos a King Vidor y Ken Loach como exponentes de los cineastas que han dado cabida a los problemas, luchas y manera de ver el mundo de las personas que han vivido con este telón de fondo.
Cuando fue admitido para estudiar física en la Universidad de São Paulo (USP), José Alves escuchó una pregunta incómoda de su madre: ¿cómo iba a pagar el transporte para ir y volver de allí todos los días?
“Aprendimos un montón de tareas y adquirimos muchas habilidades que no hubiésemos desarrollado sólo obedeciendo”, dice Ernesto González, trabajador fundador de la cooperativa gráfica Chilavert. Corría el año 2002. Aún golpeaban en el rostro de las clases medias y bajas de la Argentina las esquirlas del estallido de la Convertibilidad, modelo económico instaurado a comienzos de los noventa bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos internacionales de crédito, que estalló el 19 y 20 de diciembre con millones de personas en las calles, 38 personas asesinados por la represión policial, la declaración del Estado de sitio y la huida en helicóptero del presidente Fernando De la Rúa.
Son muchas las activistas que en estos momentos (da igual cuándo leas esto) están poniendo el cuerpo y arriesgando el pellejo en su lucha contra la precariedad generalizada para cimentar las bases de lo que Judith Butler denomina “un mundo sostenido y sostenible”[1], un mundo diverso donde quepan muchos mundos.
¿Cuáles son las materias primas de la economía industrial? Desde el punto de vista energético, los combustibles fósiles, y, desde el material, una pléyade de elementos que abarcan casi toda la tabla periódica. Sin embargo, la disponibilidad a corto plazo va a ser decreciente y, en el caso de la energía, cada vez habrá que invertir más para conseguir cantidades menguantes. Se impone, por tanto, alcanzar una economía circular, que utilice pocos recursos, genere residuos que se integren en el medio y funcione de manera lenta, adaptándose a los ritmos ecosistémicos.
Vastas y verdes sabanas, anchos y caudalosos ríos, tupidas selvas, mucho calor, humedad. En un territorio de 114 mil hectáreas donde viven 1800 familias, agrupadas en pequeños poblados, caseríos y asentamientos campesinos desperdigados en la llanura, tiene lugar una historia de resistencia, constancia, audacia y tenacidad: una sólida experiencia de autogobierno popular llamada Ciudad Comunal “Simón Bolívar”, que agrupa treinta y ocho consejos comunales organizados en nueve comunas. Más de veinte años de lucha y esfuerzo organizativo están detrás de esta experiencia. Y mucho sacrificio: hubo persecución, cárcel, sicariato. Y hubo también, ya en tiempos de la revolución bolivariana, confrontación contra la burocracia y el reformismo.