Haneen Maykey: feminista, lesbiana, queer y palestina

Cuatro identidades cargadas de fuerza política que confluyen en su activismo y trabajo diario como co-fundadora y directora de la organización palestina ALQAWS. Compartimos un desayuno con ella en el que conversamos sobre el trabajo que realizan en Palestina en defensa de la diversidad sexual y de género, tras su paso por la XI jornada sobre estrategias positivas de desarrollo, realizadas el pasado mes de marzo en Bilbao.
Haneen Maykey Bilbon antolatutako Garapen Estrategia Positiboen XI. Jardunaldietan egindako hitzaldian. Argazkia: Ekuador - Etxea.

Haneen Maykey en su intervención en las XI Jornadas sobre Estrategias Positivas de Desarrollo organizadas en Bilbao. Fotografía: Ekuador-Etxea.

¿Cómo y por qué se creó ALQAWS?

 

Hay muchas historias acerca del tema, pero la que más me gusta es que ALQAWS es el resultado de un esfuerzo colectivo de queers palestinas que viven en todos los lugares de Palestina y que quieren unirse para visibilizar el tema LGTTBIQ y la agenda sexual en la sociedad palestina. Desde ALQAWS impulsamos una conversación abierta sobre la sexualidad y la opresión sexual y de género, y cómo nosotras también somos cómplices siendo oprimidas u opresoras.

 

Así mismo, en el día a día, ALQAWS es un espacio para el intercambio entre las personas queers palestinas. Espacios en los que intentamos politizar sus experiencias sexuales y de género para que puedan encontrar nuevas oportunidades, creando herramientas para que puedan vivir su vida de la manera que quieran vivirla. Siendo un pueblo ocupado y colonizado, queremos encontrar una forma de expresar diferentes comportamientos sexuales y de género e identidades, de manera que cada persona conecte también con el contexto más amplio y general de la ocupación en Palestina y su política.

 

¿Qué acciones lleváis a cabo desde ALQAWS?

 

En primer lugar, me gustaría señalar que realizamos nuestro trabajo desde un enfoque anticolonial. No creemos que las organizaciones LGTTBIQ de Palestina deban desarrollarse en ciudades específicas como colectivos en una burbuja y por eso, desde ese enfoque anticolonial, trabajamos en toda la Palestina histórica (Jerusalén, Cisjordania y Territorios del 48). Trabajamos con personas palestinas que tienen diferentes estatus legales, ciudadanías y posibilidades de movilidad, con el objetivo de crear un movimiento queer nacional que cruce las fronteras que actualmente dividen a la población palestina. Otro elemento de nuestro trabajo es la elaboración de un discurso que sea relevante en el contexto colonial, es decir, cómo conectar la homofobia con el colonialismo en Palestina y ofrecer oportunidades a diferentes sujetos y cuerpos para vivir en ese contexto sin sentir que son sólo víctimas.

 

En ese sentido, una de las cosas que hacemos es crear comunidades locales para que tengan un sitio seguro donde hablar de su vidas, de su propia sexualidad, de su identidad y de la opresión que viven. En esos espacios también hacemos eventos culturales, fiestas, talleres de liderazgo local y creación de oportunidades. El papel de ALQAWS es el de acompañar iniciativas, además de ofrecer asistencia y asesoramiento a las personas queer. Intentamos aliviar sus necesidades básicas, como llamar y hablar con alguien que te escuche, porque suele ser la primera vez que hablan de su sexualidad con alguien. También ofrecemos a las personas transexuales asesoramiento sanitario y apoyo con instituciones psicológicas porque en todas ellas sólo se habla hebreo, así que hacemos ese trabajo de mediación entre ellas.

 

¿Cuáles son vuestros elementos clave?

 

En los últimos años hemos decidido trabajar en tres ámbitos diferentes. Por un lado, con la juventud palestina, creando arte y productos culturales que hablen directamente a las generaciones más jóvenes. Nuestro proyecto principal fue un musical producido en 2013, un álbum, con más de 12 artistas que crearon la música y la letra colectivamente para hablar sobre diferentes experiencias sexuales y género. Fue un gran éxito e hizo que ALQAWS fuera un referente en Palestina.

 

Otro grupo al que nos dirigimos es la sociedad civil. Impartimos formaciones sobre diversidad sexual y de género a profesorado, personal de ONG y miembros de movimientos estudiantiles. Estas formaciones son muy importantes para librarse de todos los mitos y prejuicios, y entender que cada una tiene una responsabilidad. Por ejemplo, si una mujer lesbiana llama a una organización feminista, no tienen que llamar a ALQAWS, tienen una responsabilidad como organización feminista de ayudar a cualquier mujer que solicite su ayuda.

 

Y finalmente, también nos dirigimos a grupos profesionales específicos con los que queremos entablar una conversación. Hemos hablado con terapeutas y pronto empezaremos con periodistas, porque hicimos una gran investigación monitorizando los medios palestinos en los últimos diez años para analizar cómo hablan sobre la diversidad sexual y de género; entrevistamos a 20 periodistas de todo Palestina preguntándoles si se habían encontrado con algún artículo mediático sobre el tema y si tenían alguna política editorial al respecto. El resultado fue que nadie está dando cobertura a este tipo de información así que nosotras proporcionamos espacio para que la gente pueda lidiar con estos problemas y hacer los medios de comunicación palestinos más progresivos con respecto a estos temas.

 

Has dicho que cuando alguien se encontraba con una persona queer la gente se sorprendía porque nunca habían hablado de su sexualidad. Eso será un desafío, ¿no?

 

Sí, claro. Hace cinco años cuando impartíamos formaciones y preguntábamos cual había sido la primera vez que se habían encontrado con gente, historias o temas LGTTBIQ, todo el mundo decía que nunca, o algunas decían que una vez en alguna película. Ahora por norma todo el mundo dice, la mejor amiga de mi hermana, tenemos alguien en la familia, alguien que viene a mi clínica, todo el mundo tiene una relación personal con ello. Así que ahora no están impactados, porque saben que existe. Nuestro trabajo es contextualizar las personas queer porque aunque conozcan de su existencia, no quieren legitimarlas. Por ejemplo, conocimos una profesora que pensaba que por apoyar a una persona gay significaba legitimar la homosexualidad. Así que un día me di por vencida y le llevé un papel en el que escribí cómo podía apoyar a la gente LGTTBIQ sin legitimar la homosexualidad.

 

De alguna manera contenemos estos miedos y trabajamos con ellos. Al final lo legitimará, aunque no crea que lo está haciendo porque le está dando un espacio a una persona LGTTBIQ para hablar de ello. Pero ella sabe que no lo está legitimando. Así que es complicado y delicado y tienes que bailar con estos casos. Estoy hablando mucho con el profesorado porque las ONG y otros movimientos políticos tienen una homofobia sofisticada. Me gusta la homofobia cruda para trabajarla, es real, todo está ahí, la gente grita y llora y creo que nuestro impacto es más efectivo por una parte.

 

¿Cuáles son los principales desafíos para la comunidad queer? ¿Has mencionado el pinkwashing, podrías explicarlo un poco?

 

El pinkwashing es una campaña de propaganda dirigida, financiada y organizada por el Gobierno israelí en colaboración con grupos LGTTBIQ de Israel, Estados Unidos y todo el lobby sionista. Esta campaña utiliza los derechos de las personas LGTTIBQ, o los derechos relativamente reconocidos en Israel para promover una nueva imagen del Estado israelí. Es una estrategia para desviar la atención internacional de los crímenes de guerra de Israel, de la violación de los derechos de la población palestina, del robo de tierras, de la ocupación y colonización durante los últimos 70 años y crear una nueva imagen de tolerancia gay, divertida, fabulosa y progresiva. No es un nuevo discurso, pero ahora hace que el sionismo sea atractivo para comunidades gais alrededor del mundo.

 

Por eso, el pinkwashing tiene una lógica colonial, no sólo dicen que en Israel los gais tienen derechos, sino que además dicen que en Palestina se están matando gais y son homófobos. Como si la homofobia fuese una enfermedad radicada en la sociedad palestina. Mucha gente me pregunta, ¿por qué te importa que un país promueva los derechos de los gais? Y no me importa, pero no es acerca de eso, no se hace para promover sus derechos sino para deshumanizar a la población palestina usando estos derechos.

 

Uno de los mitos principales del pinkwashing es que Israel ofrecía asilo a palestinas gais, pero ninguna palestina, no importa quien sea, puede pedir asilo en Israel porque hay una ley que no lo permite. Pero de repente, en la narrativa del pinkwashing, un país que durante 70 años ha producido millones de personas refugiadas, está dando refugio. Y la gente gay del mundo se lo cree. Hay que empezar a deconstruir esas narrativas porque son racistas, islamofóbicas y coloniales.

Haneen Maykey durante la entrevista. Fotografía: Eneko Calle.

Haneen Maykey durante la entrevista. Fotografía: Eneko Calle.

 

Así pues estáis contribuyendo en la creación del imaginario de un nuevo Estado palestino.

 

Yo trabajo fuera del marco de nación y de Estado, ya que cualquier marco de trabajo de Estado es patriarcal y opresor para cualquier queer.

 

Siempre estoy en contra del Estado, la policía y los militares y eso es algo inherente a como ALQAWS ve la vida queer. Eso sí, lo que digo es que tenemos el privilegio de no tener Estado, ¿verdad? Está claro que estamos en contra del Estado, en contra de los colonizadores, en contra de los palestinos que ayudan a los colonizadores. Ahora tenemos esto, concentrémonos en que lo importante son las vidas queer y como la sociedad puede comprometerse con esto. Pero por otro lado, no somos inocentes, sabemos que algún poder tomará pronto el control y que será una amenaza más directa. Así que usamos este tiempo para preparar a las personas queer en caso de que haya un cambio político o al menos, tener las herramientas de defensa, saber si tendremos aliados para que nos protejan. Así que, por ahora usamos este vacío para empoderarnos, para crear comunidades fuertes e influyentes que puedan, esperemos, protegerse a sí mismas. Esa es la idea del noestado, que es complicada.

 

¿Es más difícil trabajar en los territorios del 48 que en Cisjordania?

 

Tenemos diferentes contextos y trabajamos con diferentes estrategias y discursos pero es muy complicado; yo diría que trabajar en Cisjordania es más difícil que en el 48. Las organizaciones de derechos humanos de Cisjordania se niegan a reunirse con nosotras, porque su marco de trabajo es documentar las violaciones de derechos humanos por parte de Israel. No entiendo por qué, ni siquiera hablan de estos temas, incluso si decimos, haced esto, no lo hacen. No quiere decir que no deberían poner estas cosas en su agenda. Cuando hacemos formación en Cisjordania es complicado, hay mucho miedo, resistencia, etc.

 

Las conversaciones que tenemos con las ONG del 48 son básicamente cuestiones de derechos humanos “para todas”, lo que creo que es una declaración vacía porque hay un montón de homofobia oculta y exclusión.

 

¿Crees que hay un riesgo de que se pierda la esencia del verdadero activismo y se convierta en palabras vacías?

 

Nada de lo que hacemos es resultado de que alguien nos pidiera hacer algo. De hecho, si nos pides que hagamos algo por norma diremos que no. En todas nuestras iniciativas la cuestión principal que nos preguntamos no son las necesidades de la comunidad LGTTBIQ, todas las conocemos, sino qué le apasiona a esa gente, qué es lo que quieren hacer. Fue así como creamos la línea directa, el proyecto musical, etc. Incluso nuestra estructura de personal es mínima. Tenemos una escuela académica y la gente nos quiere dar dinero para hacerla elegante, pero la queremos hacer de bajo coste. La gente no necesita bolsos elegantes para sentarse juntos y hablar de asuntos intelectuales y académicos, solo necesitas una mesa, un proyector y buena gente a tu alrededor para que lo hagan posible, ¡eso es todo! Y una cama para dormir un par de noches.

 

¿Cuál es la perspectiva para el futuro?

 

No lo sé, soy una persona muy realista, no pienso acerca del futuro. Creo que el futuro está aquí. Con amigos y amigas intentamos crear experiencias diarias significativas y de esta manera crear el tipo de sociedad en la que quiero vivir. Soy flexible y soy consciente de que cuando ocurran cambios, yo cambiaré también para seguir siendo relevante, así es como veo el futuro. No me comprometo, vivo el momento.

 

Si soy realista creo que el futuro será peor que ahora: más violencia, más guerra, más gente pobre, menos movilidad… No es un futuro brillante. Más queers serán acosados en las calles, nos comeremos la mierda que estamos creando. La nueva generación quiere vestir como quiere vestir, y quiere decir lo que quiere decir y tendremos que lidiar con eso. Así que no diremos a la gente que se vista de una manera y que no exprese su sexualidad, pero tendremos que ver cómo manejarlo. Así que el futuro, lo veo más violento que bueno. Pero no quiere decir que sea todo malo, es el impacto de algo, una nueva era.


Beatriz Plaza (@BeaPlazaE) es investigadora del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) – Paz con Dignidad


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