Las violencias machistas son múltiples y nos afectan a todas las mujeres a lo largo de nuestras vidas. El feminicidio es la forma más extrema del continuum de las violencias machistas y es seguramente su expresión más visible, pero a veces el foco que ponen los medios de comunicación o las instituciones en esta cuestión en concreto hace que perdamos una visión más global y compleja de la violencia contra las mujeres. Aunque no nos gustaría contribuir desde Mugarik Gabe a esa pérdida de perspectiva, creemos que es necesario detenernos en los feminicidios, precisamente porque a pesar de su carácter extremo no se están tomando las medidas adecuadas para su prevención. La sociedad y las instituciones parecen aceptarlos, como si se tratara de un desastre natural ante el cual poco se puede hacer.
Nada tiene que ver este artículo con la película dirigida por Agustín Díaz Yanes en 1995, pero resulta sugerente tomar prestado el título para explicar precisamente cómo hablan los medios de comunicación sobre las mujeres asesinadas por violencia machista.
La propuesta del partido conservador Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) para elevar las penas relacionadas con la interrupción del embarazo ha posicionado en la agenda pública el debate sobre la penalización del aborto en uno de los países con la legislación más restrictiva del mundo. Desde el movimiento feminista, pero también desde otras organizaciones de derechos humanos, se intenta que la propuesta de ARENA permita un debate profundo que nunca se dio en El Salvador y que implicaría hablar de la violencia de carácter estructural que sufren las mujeres en el país centroamericano.
El análisis feminista de la etapa de la transición del feudalismo al capitalismo y del trabajo reproductivo no asalariado como sostén del sistema capitalista han convertido a Silvia Federici, escritora, activista y profesora de la Universidad de Hofstra de Nueva York, en un referente para comprender la interconexión entre la crisis sistémica del capital y el incremento de las diferentes formas de violencias hacia las mujeres. Su paso por Ecuador para participar en diferentes encuentros con la academia y movimientos feministas durante el pasado mes de mayo, permitió una conversación en la que de manera crítica analiza la actualización directa e indirecta de la caza de brujas y las consecuencias de las políticas extractivistas sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres en América Latina.
En España, desde 1999, más de un millar de mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Casi la mitad de los asesinatos de mujeres en el mundo son feminicidios –asesinatos por razón de género–, con una cifra estimada de unos 65.000 anuales según la ONU. Y ante esta realidad, ¿qué papel juega el cine? ¿Representa este verdaderamente la realidad o también la crea?
La llegada de gobiernos progresistas en América Latina en la última década ha permitido reducir la brecha y la desigualdad social que existía en estos países como consecuencia de la implementación de los programas de ajuste estructural. La eliminación del analfabetismo, la reducción de la pobreza y el acceso a la educación y a la salud, son algunos de los logros que han permitido la mejora de las condiciones de vida de las mujeres que, en países como Venezuela y Bolivia, cuentan con una gran participación en apoyo a los procesos transformadores. Sin embargo, aunque las políticas sociales han tenido un impacto positivo en la lucha por la igualdad, los gobiernos progresistas de la región -a excepción de Uruguay- siguen oponiéndose al reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos.