Tiene 49 años aunque, por lo vivido, bien pudiera tenerlos todos. Todos son también los años que lleva vinculada a la caña de azúcar. Alfamir Castillo es hija de cortero de caña. Y esposa de cortero de caña. Y hermana de corteros de caña.Y el 90 por ciento del municipio donde vive (Pradera) depende de la caña. Y es la presidenta del comité Mujeres de Corteros de Caña. Y es que, la vida de Alfamir Castillo no se entendería sin la caña de azúcar. Antes de cruzar el océano por vez primera y visitar Newcastle (Inglaterra) invitada por el sindicato de la salud Unison, tiene tiempo para una conversación pausada en la que utiliza sus palabras como si fueran la única forma de descargar la intensidad de lo vivido, que incluye amenazas de muerte por la defensa de un hijo asesinado por militares (Operación Fénix), aunque en esta conversación se centra en el papel de las mujeres relacionadas con la caña de azúcar.
En Colombia se registra la tasa de desempleo más alta de América Latina. Llevamos catorce años consecutivos con tasas de desempleo de dos dígitos (en abril de 2010, según el Departamento Nacional de Estadística, DANE, el 13 por ciento). Es importante tener en cuenta este dato, ya que una de las banderas del presidente Uribe ha sido justamente la cohesión social. Ésta, que no se ve por ningún lado desde la óptica de los trabajadores, sí seguramente existe desde la de los empleadores.
Los movimientos revolucionarios de los años sesenta, setenta y ochenta se han convertido ahora en partidos políticos y, en la mayoría de los casos, "politiqueros" partidarios y "electoreros". Esto se ha llevado a cabo usurpando incluso siglas históricas, construidas a sangre y fuego.
El Salvador de posguerra heredó (contrariamente a lo que debió ocurrir) un pueblo trabajador con muy bajo nivel de organización sindical. La finalización del conflicto armado y la firma del acuerdo de paz llevaron a la dirigencia del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) a considerar “inconveniente” la continuación de la lucha de calle y a orientar, con y desde sus bases, el manejo de un lenguaje y de unas acciones conciliadoras. Esto dio ventajas a las derechas que, sin perder tiempo, “vendieron la imagen del presidente de la paz”, que introdujo en el país las políticas económicas neoliberales: privatizaciones del patrimonio del Estado, despidos masivos, apertura casi total a las ofertas de un mercado sin restricciones (mano de obra barata, sin pago de aranceles, etc.) y fortalecimiento de la cultura antisindical. Políticas que convirtieron a El Salvador en país de maquila y de ensamble.
Vivimos tiempos de cambio, instalados sobre unas posibilidades tecnológicas nuevas, sobre un agresivo discurso que procede de quienes tienen el poder, el dinero y la capacidad de decisión, sobre una pasividad preocupante por parte del sindicalismo oficial y sobre una resignación que se extiende por el conjunto social. Vivimos en una sociedad cada día más rica y cada día con un mayor número de pobres. Una sociedad desigual, injusta, autoritaria y, la mayoría de las veces, irracional.
No considero que la globalización haya modificado la naturaleza del sindicalismo como organización de intereses, pero sí creo que ha incorporado nuevos elementos en la acción sindical nacional y en la interrelación entre los sindicalismos nacionales y supranacionales. Y ha matizado los términos del concepto sindical de solidaridad internacionalista. Por ello me parece particularmente oportuna y positiva la formulación de la Confederación Sindical Internacional (CSI) de “nuevo internacionalismo sindical”, aunque quizás no tanto, aún, su práctica.