La ministra de Desarrollo Social de Brasil, Tereza Campello, ha afirmado recientemente que ya no se discute quien está a favor o en contra del Programa Bolsa Familia (PBF) del Gobierno Federal. Aunque ignore las persistentes críticas desde la derecha o la izquierda, la afirmación refleja con claridad el debate político alrededor del mayor proyecto de transferencia de renta del mundo: gobierno y oposición no avanzan en la discusión sobre las necesarias mejoras del Bolsa Familia, sino que empeñan sus energías en disputar la autoría de este programa, que cumplió diez años en octubre, para capitalizar políticamente sus innegables logros sociales.
Cosificadas, infantilizadas y desposeídas de cualquier toma de decisión, el cuerpo de las mujeres ha sido el campo de la batalla[1] a dominar por los distintos intereses patriarcales de la esfera pública y privada. Históricamente nos hemos visto sometidas a toda clase de imposiciones legislativas, maritales, religiosas, sociales, éticas y estéticas que nos han relegado a un segundo plano, cuando no al “exilio”, en el control sobre nuestros cuerpos.
Ocuparon 17 días la hidroeléctrica de Belo Monte, expulsaron de sus tierras a investigadores involucrados en la construcción de centrales en el río Tapajós y prometieron resistir, hasta las ultimas consecuencias, para impedir el avance de las políticas desarrollistas en la Amazonia.
El aumento en el precio del transporte fue la brecha por la que se coló el profundo descontento que vive la sociedad brasileña. En apenas dos semanas las movilizaciones se multiplicaron: de 5 mil los primeros días a más de un millón en cien ciudades. La desigualdad, la falta de participación y la represión son los grandes temas.
Ai, que vadia (Ay, qué perra), un cortometraje presentado en mayo en Brasilia para convocar una de las muchas “marchas de las perras” realizadas en Brasil en 2012, incide en el menosprecio que la sociedad dedica a las mujeres que son dueñas de su propia nariz. Exhibiendo una serie de comentarios hechos por hombres y mujeres en las situaciones más cotidianas, este vídeo de producción alternativa muestra que las brasileñas pueden ser llamadas “perras” porque están en las calles o porque están en casa, porque se visten de una manera o se comportan de otra, porque practican sexo en la primera cita o porque no lo hacen cuando los hombres quieren.