“Aprendimos un montón de tareas y adquirimos muchas habilidades que no hubiésemos desarrollado sólo obedeciendo”, dice Ernesto González, trabajador fundador de la cooperativa gráfica Chilavert. Corría el año 2002. Aún golpeaban en el rostro de las clases medias y bajas de la Argentina las esquirlas del estallido de la Convertibilidad, modelo económico instaurado a comienzos de los noventa bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos internacionales de crédito, que estalló el 19 y 20 de diciembre con millones de personas en las calles, 38 personas asesinados por la represión policial, la declaración del Estado de sitio y la huida en helicóptero del presidente Fernando De la Rúa.
Son muchas las activistas que en estos momentos (da igual cuándo leas esto) están poniendo el cuerpo y arriesgando el pellejo en su lucha contra la precariedad generalizada para cimentar las bases de lo que Judith Butler denomina “un mundo sostenido y sostenible”[1], un mundo diverso donde quepan muchos mundos.
¿Cuáles son las materias primas de la economía industrial? Desde el punto de vista energético, los combustibles fósiles, y, desde el material, una pléyade de elementos que abarcan casi toda la tabla periódica. Sin embargo, la disponibilidad a corto plazo va a ser decreciente y, en el caso de la energía, cada vez habrá que invertir más para conseguir cantidades menguantes. Se impone, por tanto, alcanzar una economía circular, que utilice pocos recursos, genere residuos que se integren en el medio y funcione de manera lenta, adaptándose a los ritmos ecosistémicos.
Al inicio de la década de los ochenta se abrió un período de reconversiones industriales en respuesta a la crisis económica de los setenta. Algunas personas dicen que tardó en llegar, pero lo cierto es que hoy alguna de aquellas empresas continúan en la cuerda floja y otras cayeron justo antes de esta última crisis, que reventó en 2008 y en la que mucha gente sigue atrapada. Más de 81.000 empleos directos del sector industrial (algunas fuentes multiplican por cuatro la incidencia total con el empleo indirecto) se perdieron entre los ochenta y los inicios de los noventa del siglo pasado en el ámbito vasco. Se calcula que el coste económico de la reconversión hasta los primeros años de los noventa en el Estado español superó los 7.500 millones de euros. Aunque hubo mucho dinero y se dijo que se reindustrializaría, aquellas zonas asoladas hoy son las que más problemas padecen porque la herida no se cerró, sigue en carne viva.
Se bautizó “Reconversión”, pero lo cierto es que el cierre continuado de industrias desde 1980 en el Estado español, el abandono de naves y la creación de polígonos fantasmales, la deslocalización todavía creciente o la turistificación exagerada de algunas zonas no coincide con la definición propuesta por RAE: “Proceso técnico de modernización de industrias”.
La montaña de Abu Ghnaim está en Belén, en Palestina. Los propietarios de este terreno, de unos 2.580 dunums (unas 258 hectáreas), son de Belén, de Beit Sahour y de los pueblos de Um Tuba y Sur Baher. Fue ocupado por Israel después de 1967 bajo el paraguas de la Línea Verde y los Esquemas de Planificación Urbana para restringir la construcción palestina en Jerusalén Este e impedir la expansión de las comunidades palestinas de alrededor. Israel construyó un asentamiento en Abu Ghnaim llamado “Har Homa”. Levantó más 6.500 viviendas y carreteras, escuelas, tiendas, hotel y zona industrial con el fin de acoger entre treinta y cuarenta mil colonas y colonos judíos.[1]