Has donado ropa, comida y dinero. Ahora tienes que donar tu tiempo, mostrar tu rabia, tu ilusión, tu pena, tu compromiso… tu solidaridad. Hazlo por ellas pero, sobre todo, hazlo por ti. Gernika, 2017. Contra la guerra, por el derecho de las personas migrantes y refugiadas.
Los consecutivos informes de ACNUR sobre desplazamientos de población provocados por las guerras, los conflictos y la persecución demuestran un imparable ascenso de personas que huyen de sus hogares. El último de ellos arroja la terrorífica cifra de 65,3 millones de personas refugiadas y desplazadas, casi seis millones más que doce meses antes. En el último lustro, más de 4 millones de sirios y sirias han abandonado su país a territorios limítrofes como Egipto, Irak, Jordania, Líbano y Turquía, sin olvidar las más de 6,6 millones de personas desplazadas internamente. Pero no es el único pueblo con un éxodo masivo de habitantes: Afganistán, Irak, Pakistán, Eritrea, Somalia, Sudán, Malí, Nigeria... La lista es larga.
Dicen que la música es un lenguaje universal, pero cada día parece que tenemos peores músicos porque ni la música nos ayuda a entendernos. O quizá es que nos ha fallado la dirección que debía guiar a cada músico para conseguir la armonía de toda la orquesta. La realidad es que hoy el mundo suena mal. Está lleno de malas vibraciones, de disonancias, de cadencias imperfectas, de tonos menores, de inversiones,… y de ruido. Las personas estamos ensordecidas con tanto ruido y tan poca música.
La mañana del 2 de septiembre de 2015 el mundo amanecía y veía cómo las portadas de diarios e informativos repetían sin cesar la imagen del cuerpo del pequeño Aylan Kurdi, de tres años, en la orilla de una playa turca.
Las políticas migratorias de la Unión Europea (UE) y de sus diferentes Estados miembros responden principalmente a motivos económicos y el Estado español no es una excepción. Actualmente y desde hace algunos años, debido a la crisis económica que planea sobre la UE, la consigna aparentemente ha sido cerrar a cal y canto las fronteras exteriores de la fortaleza europea para que el otro, la diferente, el extraño, la desconocida, la desechable y, últimamente, el bárbaro, no consiga entrar en nuestros países. Esto no siempre ha sido así, ya que cuando hemos necesitado mano de obra barata, como por ejemplo en el boom del ladrillo español, el control de las fronteras y de la estancia de las personas migrantes ha sido mucho más laxo y se han fomentado desde los Estados del “club Schengen” situaciones de ilegalidad y explotación para no frenar el crecimiento económico.