La información internacional sobre el continente se enfrenta a una encrucijada. Por un lado, se encuentra inmersa en la crisis del sector de los medios derivada, entre otras cosas, de una falta de financiación. Por otro, asiste al movimiento de ONG y organizaciones filantrópicas que deciden apostar por la comunicación como una fuente de inversión segura para sus propios intereses.
Entre la llegada al puerto de Valencia del barco Aquarius con más de 600 personas rescatadas en el mar y el supuesto uso de cal viva en un salto a la valla de Ceuta, pasó apenas un mes. Tiempo que bastó para que el incipiente debate sobre un posible cambio en la política migratoria quedara aplastado por los mensajes del miedo que predominan en torno a ella. Un enfoque que las élites políticas y económicas han necesitado siempre y al que recurren de nuevo para mantenernos en shock, en un silencio cómplice ante la implementación de controles cada vez más férreos, con vallas, cámaras y sofisticados dispositivos de costes millonarios y consecuencias mortíferas, desarrollados por la industria armamentística.
Allá por el año 1980, la publicación de la UNESCO Un solo mundo, voces múltiples, más conocida como Informe McBride, que pretendió generar alternativas a las desigualdades comunicativas globales para promover así una cultura de paz, ya alertó sobre el hecho de que los medios de comunicación funcionaban de facto como instrumentos de poder claves para perpetuar la desigualdad económica global. La estandarización de contenidos y fuentes de información sería imparable si no se articulaban medidas de protección que garantizasen el acceso a canales informativos múltiples. Asimismo, se consideraba urgente impulsar la elaboración de un código de ética periodística mundial.
Los discursos de las ONGD contribuyen a construir imaginarios colectivos. Muchas conciben la comunicación como una herramienta para la transformación social, pero urge sortear trampas como el complejo de salvadores, la revictimización y el uso de una jerga tecnificada y abstrusa
A las elecciones legislativas nacionales de Brasil, marcadas para octubre, llegarán con fuerza candidatos y candidatas de fuera de los partidos políticos para intentar sacar votos a nombres históricos, que ocupan desde hace décadas cargos en la Cámara Federal y en los estados.
El cambio de gobierno en Ecuador a partir de la victoria del presidente Lenín Moreno ha traído novedades a un país que se había caracterizado por la reducción de homicidios y los episodios de violencia común en los últimos años.