Cuando fue admitido para estudiar física en la Universidad de São Paulo (USP), José Alves escuchó una pregunta incómoda de su madre: ¿cómo iba a pagar el transporte para ir y volver de allí todos los días?
A las elecciones legislativas nacionales de Brasil, marcadas para octubre, llegarán con fuerza candidatos y candidatas de fuera de los partidos políticos para intentar sacar votos a nombres históricos, que ocupan desde hace décadas cargos en la Cámara Federal y en los estados.
Brasil vive días turbulentos. Ánimos a flor de piel, tensión palpable. Mucha incertidumbre acerca de lo que está por venir. Las informaciones nuevas cada momento cumplen el ambiguo papel de esclarecer pero a la vez sumar nuevos puñados de dudas, cada vez más densas y profundas. Cada paso es un salto hacia la oscuridad. Lo que queda es el sabor de la certeza de un futuro oscuro para los próximos años, marcado, posiblemente, por retrocesos democráticos sin antecedentes.
Hay claros indicios de que estamos frente al agotamiento de un ciclo político en América Latina, y en el tránsito hacia otra fase que nos enfrenta a una serie de amenazas de diferentes grados para los pueblos de la región. Es importante destacar que los diversos procesos de lucha social latinoamericanos suelen estar, en buena medida, atravesados por el carácter cíclico de nuestras economías, que influye poderosamente en las movilizaciones sociales, en la legitimidad del sistema político, en la relación entre el poder constituido y el poder constituyente, y en la composición política del Estado en un momento determinado. Esto evidentemente ha marcado las dinámicas de transformación de los últimos años, y marcará las que vendrán en el futuro.
La ministra de Desarrollo Social de Brasil, Tereza Campello, ha afirmado recientemente que ya no se discute quien está a favor o en contra del Programa Bolsa Familia (PBF) del Gobierno Federal. Aunque ignore las persistentes críticas desde la derecha o la izquierda, la afirmación refleja con claridad el debate político alrededor del mayor proyecto de transferencia de renta del mundo: gobierno y oposición no avanzan en la discusión sobre las necesarias mejoras del Bolsa Familia, sino que empeñan sus energías en disputar la autoría de este programa, que cumplió diez años en octubre, para capitalizar políticamente sus innegables logros sociales.
La profunda crisis sufrida por Argentina a finales de 2001 conmocionó el sistema mundial. El gobierno de Fernando de la Rúa fue derribado por una revuelta y el país vivió un periodo de convulsión: cayó la producción, se produjo un crecimiento acelerado del desempleo y de la pobreza, un aumento de la fuga de capitales, de depósitos en el sistema financiero y un impago a parte de sus acreedores externos. La situación es muy distinta en 2007. En los últimos cuatro años, el crecimiento del PIB da cuenta de la recuperación con tasas que se encuentran en un promedio del nueve por ciento acumulativo. Este cambio se observa tanto en la capacidad de consumo del sector público y las franjas de altos y medianos-altos ingresos como en la inversión y el saldo positivo del comercio internacional.