El sueño de muchas y muchos periodistas es informar desde zonas de conflicto. Pero con Palestina casi nadie sueña, ya no… Oriente Medio da otros titulares de, con suerte, consumo máximo en 24 horas en los últimos años. Solo si hay muerte, bombardeos o apuñalamientos habrá, como mucho, 60 segundos de telediario entre la cartelera de cine y la sección de breves de noticias internacionales. La misma lógica puede aplicarse a casi cualquier otro conflicto o situación de vulneración de Derechos Humanos que ocurra a más de 1.000 kilómetros de distancia de nuestro hogar. La distancia inmuniza al ser humano ante la desgracia que cree ajena.
En los últimos años hemos comenzado a discutir sobre instrumentos que, bajo la engañosa idea de modernidad, representan una nueva ofensiva por asegurar cada vez más la presencia del mercado en todas las esferas de la vida de las personas y limitar el espacio soberano para las políticas públicas en favor de las mayorías sociales. El objetivo es el blindaje de los esquemas de acumulación de las empresas transnacionales (ETN).
Volkswagen ha trucado los motores de sus coches. Once millones de automóviles. La noticia corrió como la pólvora, a rebufo de los medios tradicionales y las redes sociales. Poco después nuevas firmas automovilísticas añadieron su nombre a la lista de tramposos. ¿Qué implican los engaños de la, hasta entonces, reputada industria alemana?, ¿a quién perjudican?, ¿qué hay detrás?