Tres escenarios. Tres contextos interesantes en doce meses. Uganda, la “Perla de África”, como bautizó Churchill al país cuando todavía era colonia británica; una 'gracieta del político que se granjeaba licores fuertes para prevenir la malaria en tierras que no eran suyas. Allí, Yoweri Museveni revalidó a comienzos del año 2016 sus 30 años en el sillón presidencial con acusaciones de fraude por parte de la oposición. En agosto el turno fue para Zambia. Edgar Lungu, candidato del Frente Patriótico, el partido gobernante, se impuso en las que resultaron unas controvertidas elecciones. Hubo protestas en unos comicios que se vieron amenazados después de 25 años de tradición pacífica.
Desde Marruecos y bajando por la cornisa atlántica hasta Ciudad del Cabo (Sudáfrica) o, tal vez, desde las costas mozambicanas hasta las somalíes. Desde Mombasa (Kenia) hasta algún lugar aislado de la República Democrática del Congo. Una de las apreciaciones de cualquier persona que viaja por el continente africano es que, cuando cae la luz del sol, la penumbra es más bien generalizada. Linternas de fabricación china, lámparas de queroseno o móviles sirven de alumbrado público, sobre todo en las zonas rurales, aunque ahora, también, multitud de placas solares pueblan los techos de chapa de muchas aldeas aisladas.
Sahel significa frontera y esta franja al sur del Sahara lo es para los tuareg y la música árabe. Desde Sudán al Atlántico y su costa meridional se conforma la llamada África Occidental (otrora francesa). Entre los ríos Níger y Senegal florecieron reinos medievales; el más importante fue el Imperio Mandinga que resistió sucesivas invasiones árabes aunque acabó abrazando el islamismo. Las ciudades de Tombuctú y Sanné extendían su influencia sobre toda la zona, y es así que una tradición común ha unido a pueblos como los soninké, bambara o malinké durante un largo período de su historia.